![]() |
.. |
PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Estos de Europa son unos buenos chicos. Ante la queja de los pescadores de Garrucha por la captura de la gamba, que podía llevar a algunas familias a tener problemas para llegar a final de mes, los hombre buenos de Bruselas deciden, con un gesto de dioses, dar un poco más de vida a estas familias otorgando que puedan pescar unos kilos más de gambas frente a la costa de Garrucha o Carboneras. Alabados sean estos frutas que deciden sobre la vida y la muerte de los seres humanos. Y hoy ha tocado vida. Pero hace unos meses estos mismos dioses a los que les gusta y mucho la fruta decidieron que lo que había que repartir era muerte, y durante meses han tenido al sector y sus familias ante la espada y la pared, asustados ante la decisión que unos señores, con los fruteros llenos de frutas fresca, de que tocaba cerrar aún más el grifo de los alistaos de la costa almerienses.
A estos comedores de las grandes frutas de Europa les debían hacer lo mismo que hacen ellos todos los años con los sectores económicos extractivos, que no han dejado de ser los más perjudicados desde que ellos, allá en el norte, se ha dedicado a ser los dioses que deciden por la vida de la gente. Se merecen pasarlas canutas tal y como ellos vienen haciendo con el resto del personal. Pero ellos tienen asegurados trece mil euros al mes durante los años que dure su mandato, una jubilación especial por haber sido comedor de la fruta europea, y acabar en un lobby con el que seguirán logrando que se pueden dedicar a no dejar de ser ese hijo de las grandes frutas que cuelgan en los árboles de la Europa del sur.
Estos hijos de Odín se vienen creyendo desde hace algunos años con el poder de su padre para decidir las gambas que pueden o no pescar nuestros barcos. Y si hace unos meses llenaron de miedo y angustias a las familias, parecen arrepentidos, cosa que me cuesta trabajo de creer, y una de estas mañanas debieron levantarse con el corazón atribulado y decidieron que era el momento de levantar la espada que pesaba sobre las cabezas de los pescaores almerienses y permitir la captura de cuarenta y seis toneladas más de gambas rojas. No sé si la cifra es la correcta, si es la necesaria para estas familias, si con ella se cumple el que puedan llegar a final de mes, pero parece ser la que hará que los pescaores sigan dependiendo de ellos y de sus decisiones. Nos quieren pobres, o casi, estos hijos fruteros del norte, siempre con la ayuda de alguno del sur que luego viene a darse golpes de pecho como si él no tuviera culpa de nada, ya se sabe aquello de que Odín los cría y ellos se juntan en Bruselas, y para ello sueltan un poco el collar que tienen sobre el cuello de los hombres del mar, del campo y de otros sectores. Son unos auténticos hijos de… Odín.
A estos comedores de las grandes frutas de Europa les debían hacer lo mismo que hacen ellos todos los años con los sectores económicos extractivos, que no han dejado de ser los más perjudicados desde que ellos, allá en el norte, se ha dedicado a ser los dioses que deciden por la vida de la gente. Se merecen pasarlas canutas tal y como ellos vienen haciendo con el resto del personal. Pero ellos tienen asegurados trece mil euros al mes durante los años que dure su mandato, una jubilación especial por haber sido comedor de la fruta europea, y acabar en un lobby con el que seguirán logrando que se pueden dedicar a no dejar de ser ese hijo de las grandes frutas que cuelgan en los árboles de la Europa del sur.
Estos hijos de Odín se vienen creyendo desde hace algunos años con el poder de su padre para decidir las gambas que pueden o no pescar nuestros barcos. Y si hace unos meses llenaron de miedo y angustias a las familias, parecen arrepentidos, cosa que me cuesta trabajo de creer, y una de estas mañanas debieron levantarse con el corazón atribulado y decidieron que era el momento de levantar la espada que pesaba sobre las cabezas de los pescaores almerienses y permitir la captura de cuarenta y seis toneladas más de gambas rojas. No sé si la cifra es la correcta, si es la necesaria para estas familias, si con ella se cumple el que puedan llegar a final de mes, pero parece ser la que hará que los pescaores sigan dependiendo de ellos y de sus decisiones. Nos quieren pobres, o casi, estos hijos fruteros del norte, siempre con la ayuda de alguno del sur que luego viene a darse golpes de pecho como si él no tuviera culpa de nada, ya se sabe aquello de que Odín los cría y ellos se juntan en Bruselas, y para ello sueltan un poco el collar que tienen sobre el cuello de los hombres del mar, del campo y de otros sectores. Son unos auténticos hijos de… Odín.