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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
El gobierno social-comunista de Pedro Sánchez les ha comunicado a sus chicos en las provincias que preparen refugios climáticos para quien los necesite. Y el que por él da la cara en Almería desde el palacio de la calle Arapiles, se ha puesto manos a la obra. Tres, como las hijas de Elena, son los refugios que se han dispuesto en distintos organismos de la administración central en Almería. Por ahora, ya veremos mañana, solo en la capital, es lo que han comunicado desde el gabinete de prensa. Debe pensar el señor Martín, que, en Garrucha, Vélez Rubio o en Bentarique, por poner tres villas almerienses, como las hijas de Elena, no hacen falta los tan importantes refugios climáticos. A estos y otros pueblos de Almería no les ha llegado el cambio climático deben pensar en la calle Arapiles, y por lo tanto nada de refugios contra el calor. Lo mismo los abren para el invierno.
No estarían nada mal. Unas estuficas de leña, unos brasericos con picón, y a pasar el invierno en compañía de los políticos. Menudo panorama, y que nos vayan contando, ante las brasas de unos buenos leños, las travesuras que hacen con nuestro dinero. ¿Se lo llevan a sus bolsillos, o no se lo llevan? Qué preguntas, madre. Dejemos eso para otro día. Lo sorprendente es el horario de esos refugios. Ojito con el mismo. A las dos y media de la tarde, con la que cae a esa hora, con Lorenzo cabreado contra el mundo, como nosotros contra los políticos en estos días de fuego en nuestros montes, te ponen de patitas en la calle. A tomar viento fresco, en este tiempo de calor y de cambio climático, con el enfadado a esa hora en la que el sol clama en el desierto de nuestras calles y plazas, no sé muy bien donde va a encontrar ese viento fresco al que les manda el señor Martín, vocero de Pedro en Almería.
Sin compasión, sin la mínima caridad cristiana, cierra los refugios a las 14,30 pasado el meridiano, y los ciudadanos a la puta calle. Hablando de caridad cristiana ¿no creen ustedes que la Catedral sería un gran refugio climático? Ya veo a don Antonio Cantero, obispo para más señas, ofreciendo ese recinto para que los ciudadanos se refugien ante el insoportable calor que sufren los ciudadanos. Ya ofreció el viejo seminario para otros menesteres, lo recuerdan. Por qué no hacerlo con la Catedral para luchar contra el calor que padecen los hijos de Dios.
Pero la idea ha partido de los políticos, y debemos reconocer que dan una de cal y otra de arena. Tres “refugios funcionarios” creados, abiertos a las ocho y media de la mañana. Por Dios, señor Martín, que a esa hora Lorenzo aún no ha demostrado su enfado con el mundo, guardese un poco. Pero a las dos y media, es que son ustedes listos, listos, listos, cierran las puertas del refugio y el personal a la rue. ¡Hala, a los brazos del cambio y sin refugio! Pero solo en la capital, ojo, a los de los pueblos les dejamos que se den unas cuantas vueltas a la parrilla como San Lorenzo, para que se pongan morenos. Pobres míos. Hay que ver lo listos que son nuestros políticos.
No estarían nada mal. Unas estuficas de leña, unos brasericos con picón, y a pasar el invierno en compañía de los políticos. Menudo panorama, y que nos vayan contando, ante las brasas de unos buenos leños, las travesuras que hacen con nuestro dinero. ¿Se lo llevan a sus bolsillos, o no se lo llevan? Qué preguntas, madre. Dejemos eso para otro día. Lo sorprendente es el horario de esos refugios. Ojito con el mismo. A las dos y media de la tarde, con la que cae a esa hora, con Lorenzo cabreado contra el mundo, como nosotros contra los políticos en estos días de fuego en nuestros montes, te ponen de patitas en la calle. A tomar viento fresco, en este tiempo de calor y de cambio climático, con el enfadado a esa hora en la que el sol clama en el desierto de nuestras calles y plazas, no sé muy bien donde va a encontrar ese viento fresco al que les manda el señor Martín, vocero de Pedro en Almería.
Sin compasión, sin la mínima caridad cristiana, cierra los refugios a las 14,30 pasado el meridiano, y los ciudadanos a la puta calle. Hablando de caridad cristiana ¿no creen ustedes que la Catedral sería un gran refugio climático? Ya veo a don Antonio Cantero, obispo para más señas, ofreciendo ese recinto para que los ciudadanos se refugien ante el insoportable calor que sufren los ciudadanos. Ya ofreció el viejo seminario para otros menesteres, lo recuerdan. Por qué no hacerlo con la Catedral para luchar contra el calor que padecen los hijos de Dios.
Pero la idea ha partido de los políticos, y debemos reconocer que dan una de cal y otra de arena. Tres “refugios funcionarios” creados, abiertos a las ocho y media de la mañana. Por Dios, señor Martín, que a esa hora Lorenzo aún no ha demostrado su enfado con el mundo, guardese un poco. Pero a las dos y media, es que son ustedes listos, listos, listos, cierran las puertas del refugio y el personal a la rue. ¡Hala, a los brazos del cambio y sin refugio! Pero solo en la capital, ojo, a los de los pueblos les dejamos que se den unas cuantas vueltas a la parrilla como San Lorenzo, para que se pongan morenos. Pobres míos. Hay que ver lo listos que son nuestros políticos.

