Javier Aureliano calla


Juan Torrijos Una izquierda fresca y nueva
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PASEO ABAJO/Juan Torrijos

A nadie le gusta sentarse en el banquillo ante un juez. Solo una vez lo tuve que hacer, acusado por un director de Rne de escribir los artículos de prensa, según él, en horas en las que debía dedicar a la emisora. No tuve problemas, nada había que demostrar, aunque algún compañero fue a confirmar lo que decía aquel dilecto director, para el que me había convertido en su némesis. No es agradable, y entiendo que en estos días los investigados por las mascarillas de la diputación provincial sientan las piernas cuando se le pregunta en la sala de la ciega justicia.

Javier Aureliano García, el que fuera presidente de la institución solo quiso contestar a las preguntas de su abogado. Uno puede entender estas cuestiones, pero no se trata de un ciudadano cualquiera, y de una denuncia particular. Estamos hablando de un político, que era presidente por partida doble, en el Partido Popular y en la Diputación. Habría estado bien que contestara a todas las preguntas que, desde la defensa, la acusación y el juez pusiera sobre el tapete. Se dirime si se hizo un correcto uso del dinero público.

Cierto que nuestra justicia es muy garante, cosa que nos parece bien ya que beneficia a los acusados que gestionaron dinero de los impuestos que pagamos por obligación los ciudadanos. Luego nos acusan de que tenemos mala, muy mala opinión de los políticos, que los juzgamos a todos por el mismo rasero, pero es que los abundantes ejemplos que salen en el panorama político español nos enseñan ejemplos múltiples de llevárselo crudo. Sean del Psoe, del Pp o de cualquier otro partido que se precie.

Y vamos viendo que cuando la justicia los sienta en el banquillo usan su derecho a no declarar. Tiene bemoles. No quieren contestar. Es una vergüenza política que toleramos con resignación. Tenemos la impresión de que nadie se hace responsable de nada, nadie tiene culpa de nada, todos son inocentes. Y nosotros con cara de tontos nos quedamos. Imagino que alguna vez seremos capaces de no votar a un partido que permite que sus dirigentes roben, y que encima vemos como los defienden en mítines y reuniones.

No sienten ustedes un poco de vergüenza ante el país en el que nos está obligando a vivir la clase política.