ALMERÍA HOY / 19·05·2026
Un nuevo estudio científico señala que la costa de Almería, junto con el golfo de Alicante y el litoral de Cataluña, constituye un refugio de vital importancia en el Mediterráneo occidental para garantizar la supervivencia de los tiburones. Estas especies se encuentran actualmente entre las más amenazadas del planeta, según las alertas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La investigación, de la que ha informado la agencia EFE, fue coordinada por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM) y el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), ambos pertenecientes al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
El trabajo se enmarca dentro del proyecto COTI, una iniciativa que persigue hacer compatibles las actividades pesqueras con la protección de los escualos pelágicos mediante la localización de sus hábitats esenciales. Para determinar estos enclaves, los expertos examinaron la costa mediterránea española en el tramo comprendido entre Blanes (Girona) y Cartagena (Murcia). La combinación del rastreo por satélite de ejemplares y el examen de muestras biológicas confirmó el alto valor ecológico que poseen la costa almeriense, las aguas alicantinas y los cañones submarinos de Cataluña para la nutrición, los flujos migratorios y la reproducción de estos depredadores.
Alianza con el sector pesquero y análisis científico
El desarrollo de la investigación de campo contó con la participación activa del sector pesquero, cuyo apoyo facilitó la captura, el marcaje satelital y la posterior liberación de los animales, además de la recogida de material biológico. El monitoreo mediante tecnología de satélite se centró en ejemplares de tintorera, un tiburón pelágico de amplios movimientos migratorios; de cañabota gris o bocadulce, que habita en zonas profundas; y de pez luna, uno de los peces óseos de mayor tamaño en el mundo. Asimismo, se recolectaron tejidos de tintoreras, marrajos y peces espada con el fin de realizar estudios genéticos.
De acuerdo con las declaraciones del investigador del MNCN-CSIC Sergi Taboada recogidas por EFE, estos análisis de laboratorio sirven para examinar el nivel de conectividad que existe entre las distintas poblaciones. Saber si los ejemplares integran una única comunidad o si pertenecen a grupos independientes resulta indispensable a la hora de diseñar planes de protección tanto en el ámbito regional como en el internacional.
La urgencia de proteger a los depredadores apicales
Los tiburones ejercen un rol de depredadores apicales en el océano, ocupando el eslabón superior de la red trófica, por lo que su subsistencia es clave para preservar la estabilidad de todo el ecosistema marino. Elena Fernández, investigadora del ICM-CSIC vinculada al proyecto, advierte que un gran número de estas poblaciones está sufriendo un declive demográfico grave, mientras que muchos componentes de su biología continúan siendo un misterio. Por este motivo, la científica recalca que obtener datos precisos sobre sus rutas de desplazamiento y la relación entre sus hábitats es un paso fundamental para implementar políticas de gestión que sean verdaderamente operativas.
El estudio ha contado con la financiación de la Fundación Biodiversidad y la cofinanciación de la Unión Europea. Los autores confían en que las conclusiones obtenidas impulsen futuros proyectos de investigación y sirvan de base para consolidar normativas de preservación fundamentadas en el conocimiento científico, promoviendo la colaboración entre las administraciones públicas, la comunidad científica y los agentes del sector marítimo.
El trabajo se enmarca dentro del proyecto COTI, una iniciativa que persigue hacer compatibles las actividades pesqueras con la protección de los escualos pelágicos mediante la localización de sus hábitats esenciales. Para determinar estos enclaves, los expertos examinaron la costa mediterránea española en el tramo comprendido entre Blanes (Girona) y Cartagena (Murcia). La combinación del rastreo por satélite de ejemplares y el examen de muestras biológicas confirmó el alto valor ecológico que poseen la costa almeriense, las aguas alicantinas y los cañones submarinos de Cataluña para la nutrición, los flujos migratorios y la reproducción de estos depredadores.
Alianza con el sector pesquero y análisis científico
El desarrollo de la investigación de campo contó con la participación activa del sector pesquero, cuyo apoyo facilitó la captura, el marcaje satelital y la posterior liberación de los animales, además de la recogida de material biológico. El monitoreo mediante tecnología de satélite se centró en ejemplares de tintorera, un tiburón pelágico de amplios movimientos migratorios; de cañabota gris o bocadulce, que habita en zonas profundas; y de pez luna, uno de los peces óseos de mayor tamaño en el mundo. Asimismo, se recolectaron tejidos de tintoreras, marrajos y peces espada con el fin de realizar estudios genéticos.
De acuerdo con las declaraciones del investigador del MNCN-CSIC Sergi Taboada recogidas por EFE, estos análisis de laboratorio sirven para examinar el nivel de conectividad que existe entre las distintas poblaciones. Saber si los ejemplares integran una única comunidad o si pertenecen a grupos independientes resulta indispensable a la hora de diseñar planes de protección tanto en el ámbito regional como en el internacional.
La urgencia de proteger a los depredadores apicales
Los tiburones ejercen un rol de depredadores apicales en el océano, ocupando el eslabón superior de la red trófica, por lo que su subsistencia es clave para preservar la estabilidad de todo el ecosistema marino. Elena Fernández, investigadora del ICM-CSIC vinculada al proyecto, advierte que un gran número de estas poblaciones está sufriendo un declive demográfico grave, mientras que muchos componentes de su biología continúan siendo un misterio. Por este motivo, la científica recalca que obtener datos precisos sobre sus rutas de desplazamiento y la relación entre sus hábitats es un paso fundamental para implementar políticas de gestión que sean verdaderamente operativas.
El estudio ha contado con la financiación de la Fundación Biodiversidad y la cofinanciación de la Unión Europea. Los autores confían en que las conclusiones obtenidas impulsen futuros proyectos de investigación y sirvan de base para consolidar normativas de preservación fundamentadas en el conocimiento científico, promoviendo la colaboración entre las administraciones públicas, la comunidad científica y los agentes del sector marítimo.

