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Las órdenes de caballería españolas en la Edad Media


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ADOLFO PÉREZ

Las grandes órdenes militares de la caballería española, Calatrava, Santiago, Alcántara y Montesa, son fundaciones poco conocidas. Su carácter, entre religioso y guerrero, cercano a las comunidades de monjes – soldados, nacieron en Palestina con las cruzadas para proteger Tierra Santa, en gran parte a cargo de los europeos. Las cruzadas fueron numerosas, entre 1096 y 1291. La regla común de las órdenes militares está inspirada en la del Císter, rama de la orden de los benedictinos, fundada en 1098 para restaurar la observancia de la regla de San Benito.

La Orden de Caballería de Calatrava. Primera orden militar de la península. Como resultado de la actuación eficaz de los caballeros templarios (Orden del Temple) en nuestra península los reyes la premiaron con grandes donaciones territoriales. Alfonso VII (1126 – 1157) la premió cediéndoles la fortaleza de Calatrava (Ciudad Real), que era una avanzada en el camino de Andalucía, junto al río Guadiana. Pero a la muerte de este monarca la situación de la frontera era tan precaria que en 1158 los templarios la devolvieron declarándose incapaces de defenderla de los almohades. Ningún magnate del reino quiso hacerse cargo de la fortaleza. Entonces un grupo de monjes cistercienses se ofreció al rey de Castilla Sancho III el Deseado (1157 – 1158) a mantener el castillo. En ésta, como en tantas empresas, los monjes - sobrios, abnegados y disciplinados - triunfaron donde los caballeros habían fracasado. A raíz de la victoria, en 1158 se instituyó la Orden de Calatrava, que llegó a ser muy poderosa. Esta orden elitista se dividía en dos grupos: los monjes y los caballeros, estos últimos pernoctaban siempre ataviados con la incómoda armadura y el hábito blanco con la cruz griega de flor de lis adosada. La Orden de Calatrava ha dejado un importante legado con su nombre, así como el extenso Campo de Calatrava.

La Orden de Caballería de Santiago. Fundada en Cáceres en 1170. Fue una de las fuerzas más eficaces de Castilla en la baja Edad Media; de humildes y confusos principios que se remontan, según la leyenda, a Ramiro I (842 – 850). Debe su nombre al Apóstol Santiago. Era una institución militar y religiosa formada para ayudar y proteger a los peregrinos que, por el Camino de Santiago, acudían a rezar ante la tumba del Apóstol, y además ayudar en la expulsión de los musulmanes. Una alianza entre el rey de León, Fernando II (1157 – 1188) y los almohades dio a los leoneses el control de la localidad de Cáceres. Entonces el rey leonés, el 1º de agosto de 1170, se la asignó para su defensa a trece caballeros aventureros conocidos como “los Fratres o Caballeros de Cáceres”. Se trataba de la naciente Orden de Caballería, llamada “de la Espada” por la cruz roja que sus miembros llevaban adosada al manto blanco, desde entonces los caballeros de Santiago se llamaron los “freires de Cáceres”, los cuales tuvieron que abandonar la ciudad al ser conquistada por los almohades en 1174. La orden adoptó la regla de San Agustín. Participó activamente durante la Reconquista tomando parte en casi todos los hechos de armas contra los musulmanes.

La Orden de Caballería de Alcántara. Fundada en 1156. El monasterio de San Julián ubicado en un lugar aislado, acorde con la vida religiosa, ajeno a la guerra, pero al estar situado en la frontera con los musulmanes se convirtió en una fortaleza, de modo que en el reinado de Fernando II de León un grupo de caballeros de Salamanca lucharon por la fortaleza monacal. Y llevados por su devoción al santo en 1093 fundaron la Orden de San Julián del Pereiro (por ello figura en sus armas un peral silvestre). Tras arrebatarles Alcántara (Cáceres) a los musulmanes la defensa de la plaza se encargó a la Orden de Calatrava en 1214, pero cuatro años más tarde renunciaron a ella por su lejanía a Calatrava, de modo que el rey Alfonso IX de León (1188 – 1230) confió en 1218 su defensa a la naciente Orden de Caballeros de San Julián Pereiro, que a modo de filial se vinculó a la de Calatrava que le cedió varias posesiones, siendo Alcántara su sede. Con el tiempo el nombre de San Julián fue perdiéndose hasta que en 1253 sus miembros la llamaban Orden de Alcántara, la cual adoptó la regla del Císter. Los caballeros vestían túnica de lana blanca y capa negra; su cruz distintiva en el pecho es igual a la de Calatrava pero de color verde. En el siglo XVI sustituyeron el voto de castidad por el de la defensa de la Virgen Inmaculada.

La Orden de Caballería de Montesa. Creada mediante bula papal el año 1317. En ese tiempo la monarquía catalanoaragonesa tuvo su orden militar propia similar a las de Calatrava, Santiago y Alcántara, que tan altos servicios prestaron a Castilla en la Reconquista. Tras la disolución papal del Temple Jaime II de Aragón (1291 – 1327) gestionó ante el Papado fundar una nueva orden militar que no se aceptó. Realmente lo que pretendía el monarca era evitar el excesivo crecimiento de la orden hospitalaria dentro de su reino si se le donaban los bienes de los templarios, pero no consiguió que el papa lo apoyara. Tras la muerte del pontífice, el 10 de junio de 1317 su sucesor, el papa Juan XXII (1316 – 1334), promulgó la bula “Pia matris eclesia” por medio de la cual se creaba una nueva orden a instancias del rey Jaime II. La nueva orden recibió los bienes de los templarios y hospitalarios en el reino de Valencia y sede en el castillo de Montesa, enclavado en la villa de Montesa (Valencia). La Orden de Santa María de Montesa, última de las órdenes de caballería que se crearon, la única propia de Valencia. Adoptó la regla del Cister Era el momento para combatir a los islamitas en sus correrías por las costas valencianas.

En el desierto de Alfama, cerca del delta del Ebro, se originó la Orden de San Jorge de Alfama fundada en 1201 por el rey Pedro II de Aragón (1196 - 1213), cuyo emblema era la cruz roja de San Jorge. Esta orden duró casi dos siglos pues en 1399 se fusionó con la Orden de Montesa a la que donó la cruz de su emblema, que la de Montesa lleva en el centro del suyo. A partir de entonces ambas órdenes se unificaron bajo el título: Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama.

Las órdenes militares batallaron en la Reconquista. Su participación fue notable en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) y después en la conquista de Sevilla (1248) en el reinado de Fernando III el Santo (1217 - 1252). Las otras órdenes, las religiosas, actuaron impulsando la economía, alentando la fe y asesorando la buena política. A lo largo del tiempo las Órdenes de Caballería han soportado muchas vicisitudes. La primera República las disolvió en 1873 y restauradas por Alfonso XII, hasta la segunda República que las suprimió en 1931. En 1946 el régimen de Franco las refrendó y con la Monarquía actual han entrado en época de normalidad con sus 250 caballeros. Hoy son instituciones nobiliarias de carácter honorífico.