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Relato de un cautivo de la División Azul en Rusia


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ADOLFO PÉREZ

Como se recordará hace poco tiempo publiqué en este periódico un artículo titulado: La División Azul. Ya saben, se trata de un artículo sobre el origen y naturaleza de la unidad de soldados voluntarios españoles que se alistaron en 1941 para luchar junto con los alemanes en la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) contra el comunismo en Rusia. Hoy les traigo el relato de un cautivo de aquella guerra.

En síntesis los hechos ocurrieron así: En la Guerra Civil de España (1936 – 1939) el Gobierno de la República recibió ayuda material de la Rusia soviética y los ‘nacionales’ del general Franco la recibieron de la Alemania nazi y la Italia fascista. El 1º de septiembre de 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi de Adolfo Hitler, guerra que se extendió por Europa y otros lugares. Catorce meses después, el 23 de octubre de 1940, Adolfo Hitler y Francisco Franco se entrevistaron en un tren en Hendaya (Francia). Según se sabe Hitler pretendió que Franco tomara parte en la guerra para lo que le ofreció Gibraltar, dominios en África y alimentos para paliar la escasez que se padecía en la España de la postguerra. La entrevista acabó sin acuerdo y ambos gobernantes decepcionados, pero España se libró de entrar en aquella guerra.

Y se llegó al 22 de junio de 1941 cuando Adolfo Hitler atacó por sorpresa a la Unión Soviética en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El ataque y la subsiguiente campaña bélica dieron lugar a que Franco considerara que era el momento de ayudar a los alemanes y luchar contra el comunismo soviético que tanta aversión le producía al régimen franquista, de modo que el 23 de junio de 1941 el Gobierno español aprobó reclutar un contingente de voluntarios para ir al frente ruso. La iniciativa fue bien acogida, en poco tiempo se reclutó la llamada División Española de Voluntarios, la conocida División Azul por la camisa azul que llevaban con el uniforme militar.

De inmediato marcharon a Alemania y seguidamente al frente ruso donde permanecieron hasta finales de 1943. Según datos fiables publicados el número de voluntarios de la División Azul fue de 45.482, habiéndose saldado la campaña con 4.954 muertos en el frente, 8.700 heridos, 2.137 mutilados, 372 hechos prisioneros por el Ejército Rojo y 7.800 que enfermaron. Los prisioneros de guerra de la División Azul fueron llevados a campos de trabajo de Rusia donde estuvieron once años en situación penosa. Allí murieron 98 divisionarios. La muerte de Stalin en 1953 aclaró la situación de los cautivos. Fue la Cruz Roja Internacional la que negoció la repatriación de 248 voluntarios de la guerra de los que 219 eran de la División Azul.

No cabe duda que para hacerse una pequeña idea de cómo lo pasó la División Azul en la guerra y los que quedaron cautivos en Rusia, lo mejor es que lo cuente uno de ellos. Como ya escribí en mi artículo, entre los 219 repatriados de la División Azul se encontraba mi paisano de Cantoria, Pedro Teruel López, ya fallecido, del que disponemos su testimonio escrito por él, que me ha facilitado mi amigo Andrés Carrillo, director de la revista cantoriana, ‘Piedra Yllora’, que lo tiene publicado. Se trata de un relato que merece la pena leerse por los episodios que vivió, tanto en la guerra como en el cautiverio, y cuyo texto original dice así:

TESTIMONIO ESCRITO DE PEDRO TERUEL LÓPEZ

”Mi amigo Andrés y mi sobrino Lázaro me han pedido si no tenía inconveniente en relatar algo de mi vida en la 2ª Guerra Mundial. He aquí los hechos:

Vine al mundo en una familia acomodada, pues mi padre era del Cuerpo de Carabineros, oriundos toda la familia de Cantoria (Almería) muy conocida hasta hoy mismo como Los Venteros. Aunque por circunstancias yo nací en el pueblo de Huercal-Overa, pues mi padre estaba allí destinado, siempre me he considerado hijo de Cantoria.

En el año 1939, al morir mi madre después de la guerra, ingresé voluntario en el cuerpo de Regulares de Ceuta num. 3, al mando del Coronel D. Luis Oliver y me destinaron a la Compañía del teniente D. Jesús Ibáñez que mandaba la sección de ametralladoras, por aquel entonces la OQUI.

A principios de 1.941 pase a Regulares num. 8 en la ciudad de Xaugüen (Marruecos) donde estuve hasta que me fui a la División Azul.

El 24 de junio de 1941, al mando del General Muñoz Grande se pasó la frontera por San Sebastián y fuimos directos al campamento alemán de Grafenwöhr, en Babiera, donde, con uniforme alemán, estuvimos unos tres meses de maniobras y prácticas de guerra.

En ese mismo año emprendimos la marcha toda la División andando a través de Polonia para llegar al final al frente de Nowgorod. En esta hermosa ciudad todo estaba destruido pues ya la habían bombardeado los alemanes e italianos y hasta los mismos rusos destrozaban lo poco que quedaba. Cual no sería mi sorpresa que en este frente, en la via Moscú-Leningrado me encontré con uno de los hijos del médico de Cantoria que estaba cuando yo vivía allí de niño que se llamaba Segundo y al padre se le conocía como D. Antonio el Artillero, y que por desgracia semanas después vino su otro hermano que no recuerdo el nombre para decirme que su hermano Segundo había muerto en combate; y los dos fuimos a su entierro en el cementerio que había y estará todavía en las paredes de la Catedral, donde los alemanes hicieron un sitio en los jardines para acondicionarlo de Cementerio español y alemán.

En el mes de Julio del 42 nos trasladaron de Nowgorod al frente de Leningrado (San Petersburgo) ni que decir que esta marcha fue a través de bosques y pantanos que si te descuidabas te tragaba como desaparecieron muchos compañeros. La travesía duró casi un mes hasta que llegamos al pueblo de Kolpino, donde estaba el mando de nuestro batallón perteneciente al 262 Regimiento del Coronel Pimentel. La compañía la mandaba el Capitán Macho, que nada más llegar fue herido, entonces tomó el mando el Capitán D. Eduardo Marqués de Zuya, que duró poco pues también fue herido y trasladado y ocupó su puesto el Capitán D. Teodoro Palacios Cueto, que al final alcanzó el Generalato. En este frente unas veces estuvimos unas veces tranquilos y otras las mas con escaramuzas a las que eran muy aficionadas las tropas rusas que estaban compuestos por tropas mongoles, tártaros y uzbecos, aunque los mandos eran rusos.

El día 9 de febrero de 1943 casi sin previo aviso empezó el bombardeo de artillería rusa contra las posiciones españolas que estábamos a corta distancia de Leningrado, y éramos la compañía del Capitán Palacios y el Batallón conocido por el nombre de la Tía Bernarda, que ocupaba la vía paredón Moscú-Leningrado. En este combate, aunque parezca exagerado, atacaron tres divisiones rusas, como dije antes, compuestas por tártaros, mongoles y uzbecos, completamente borrachos y sin control de sus mandos. Murieron a montones pues teníamos las ametralladoras más modernas que disparaban 1000 disparos por minuto. Se dio el caso de un compañero que con la máquina apoyada al cuerpo murió matando hasta el final que cayó. Se llamaba Ángel y era de Oviedo.

Al día siguiente, 10 de febrero del 43 a las 14 horas rodeados por todas partes y después de haber casi desaparecido la Compañía el Capitán dio órdenes de entregarnos pues de 120 hombres quedábamos unos 15 hombres, entre ellos el Capitán Palacios, el Sargento Salamanca, el Sargento Oliva, el Alférez Castillo, Gullón, Camba, Benete, yo y no recuerdo más.

Una vez hechos prisioneros nos juntaron con alemanes y franceses y todos los que habían caído prisioneros, nos llevaron en marcha a la Ciudad guardados por perros y soldados con el dedo en el gatillo; el que estaba herido y no podía lo sacaban a la cuneta y allí lo mataban de un disparo y un compañero estaba herido en el cuello, como no podía, lo sacaron a la cuneta y lo remataron. Se llamaba Sastre Martínez, natural de Piedralaves (Avila). Como anécdota su hermana Felisa era mi madrina de guerra en el frente y vivían en Madrid en la Calle Padilla.

Una vez en la Ciudad, nos llevaron a una casa Cuartel donde nos desnudaron y nos hicieron bañarnos con un frío de 15 o 20 grados bajo cero en agua casi helada. Después vino la sorpresa, nos metieron en una habitación donde cuatro mujeres con navajas de afeitar nos afeitaron todo el bello del cuerpo, axilas, pechos, espaldas y partes más guardadas; después de esto nos dieron una cena compuesta de Kas, parecido a las gachas de España, y nos acostamos encima de las literas tapadas con nuestra propia ropa. En aquella casa estuvimos una semana hasta que nos montaron en tren de vagones de animales, con literas de madera donde cabíamos unos 50 hombres, con un agujero en el suelo del vagón para hacer nuestras necesidades. El viaje duró unos 15 días y nos daban una sardina para 5 personas y doscientos gramos de pan negro de cáscara de patata. Cada cierto tiempo paraba el tren, abrían las puertas y rodeados de guardias y perros te sacaban al campo para que hicieses tus necesidades más gordas y a todo esto jaleados por el personal del pueblo. De esta forma llegamos a nuestro destino que era el campamento de prisioneros en Boborosqui, donde decían que era de paso y concentración, pero sin embargo estuvimos cinco años trabajando en el campo segando hierbas, en trabajos del ferrocarril y sobre todo en el río sacando palos del agua congelada para llevarlos a las fábricas, y finalmente estuvimos en la construcción haciendo viviendas para los rusos.

La comida consistía por la mañana a las siete en una sopa de remolacha con ortigas y harina, y a las ocho al trabajo hasta las siete de la tarde que regresábamos trayendo cada un palo al hombre para la calefacción de la barraca que éramos unos tres mil hombres sin ropa y sin nada. Cada uno se tapaba con su propio abrigo y poníamos las botas de cabecera para que no nos la quitaran y de cena una comida llamada kass y 200 gramos de pan.

En el año 1948 un grupo de los 400 prisioneros nos negamos a trabajar pues queríamos escribir a España como lo hacían los demás presos. He dicho unos pocos porque muchos de ellos no fueron a la huelga porque no querían dejar de comer, y era hermoso ver en la puerta de la barraca día por día cientos de cubos de comida, agua y pan. Así estuvimos 8 días sin comer nada, a los tres días empezábamos a beber te, nada mas hasta que a los ochos días entraron los soldados y nos sacaron de la barraca y nos llevaron al hospital; a consecuencia de esto este grupo que nos habíamos sublevado nos metieron en grupos de siete u ocho y nos trasladaron de campo a mi me tocó por suerte junto con Poqueti, Julio Canitrop, Enrique y yo mismo a la ciudad de Odessa a trabajar en una fábrica de Tractores y piezas para tanques. En esa ciudad lo pasábamos muy bien pues teníamos solamente de escolta un teniente y tres soldados, nos permitían ir a ver el fútbol en la ciudad y también nos llevaron a ver la ópera de Carmen en Gran Teatro de Odessa, todo esto porque los españoles le dábamos al teniente rublos para que compraran Bonka (Podca) y el hombre nos sacaba del campo y nos llevaba donde queríamos ir.

En Odessa, en la fábrica, conocimos a algunos niños españoles de los que trajeron en la Guerra Civil. Nosotros intentábamos hablar con ellos pero les daba miedo y prueba de ello que un chico de Bilbao le llevamos los españoles ropa y dinero pues estaba muy mal, al día siguiente había desaparecido, pues no les permitían hablar con nosotros.

En aquel campo se rumoreó que el llevarnos a Odessa era porque el General De Gol había intentado traernos a España, pero luego resultó que en vez de repatriarnos los rusos nos mandaron a Siberia, concretamente a la ciudad de Svierloaqui, en las minas de carbón de Carganda. En este campamento estuvimos dos años y en parte felices pues trabajábamos en las minas a 2.200 metros de profundidad. La entrada se hacía por montacargas donde cabían 150 personas o bajábamos por las vías del tren que recorría 5 km para poder llegar al final donde estaban las betas del carbón y el trabajo y allí mismo se cargaban los vagones.

En el año 52 murió (el Padrecito) José Stalin, y desde ese mismo momento nos cambió la vida pues fuimos a otro campo donde ya nos dieron para dormir un colchón para dos y sábanas y mantas. En el año 53 ya no nos obligaban a trabajar. En el campo se jugaba al fútbol, al ajedrez, y el que quería a tomar el sol.

En enero de 1954 nos volvieron a llevar a Odessa pero esta vez si era verdad que volvíamos a España, aunque no nos lo creíamos hasta que nos vimos en el Barco llamado el Semiramis, en el canal de Bosforo. En un puerto nos visitaron unos señores que eran sefarditas, familias de los judíos de origen que fueron expulsados de España, nos dieron ropa de vestir y paquetes de dulces, fueron atentos y cariñosos con todos los prisioneros que veníamos que éramos 286.

El día 3 de abril de 1954 llegó el barco al puerto de Barcelona, donde nos esperaba nuestro General Muñoz Grande que nos saludó personalmente a todos. A mí, como sabía que mi padre había muerto, me esperaba mi primo Pedro y mi cuñado Indalecio, esposo de mi hermana María. Al día siguiente, 5 de abril nos montaron en varios autocares y nos trajeron cada uno a su correspondiente provincia, a Almería vinimos Alfredo Calvache, Manuel Hernández, Francisco Jiménez, Francisco Mateo, José Martín Ventejo, Rafael Martínez, Antonio Pérez, Antonio Suárez, Joaquín Benete, Felipe Salvador, Juan Salvador, José Antonio Fernández, Pedro Teruel, Antonio Jiménez Quevedo. Por desgracia desde esa fecha hasta hoy han muerto todos menos el que suscribe.

Una vez en Almería nos llevaron a la Iglesia Virgen del Mar donde nos hicieron un homenaje ante la virgen, después nos fuimos a la sede de la Falange donde por el Exmo. Ayuntamiento nos concedieron la medalla de Plata de la Ciudad de Almería y el título de Hijo Adoptivo de la misma y en la Exma. Diputación nos dieron una invitación y nos concedieron el título de Hijo Predilecto de la provincia. Y en el Gobierno Militar me dieron los certificados de que me habían concedido la medalla de Sufrimiento por la Patria, medalla de la Cruz Roja al Mérito Militar, medalla contra el Comunismo y medalla conmemorativa de Rusia.

Y eso es todo lo que puedo contar de mis doce años de cautiverio.”

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El 10 de abril de 1954, sobre las 18: 15 horas, Pedro Teruel fue recibido con todos los honores por el pueblo de Cantoria, con actos muy emotivos, dándose la circunstancia de que el alcalde de entonces, Antonio Castro Balazote, que también era voluntario de la División Azul, de los repatriados en 1943. Con casi mis quince años no me perdí ninguno de aquellos emocionantes actos.

Pedro Teruel López nació en 1923 y falleció en Almería en 2012, contaba 89 años de edad.