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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
“La política trata mal a las buenas personas” Fue una frase pronunciada por el presidente con la que intentaba defender a Montse Mínguez tras su dimisión. ¡Qué pena! Los malos ganan siempre, los buenos pierden hasta en la política. Y la señora Mínguez, la que estaba en contra de los que usan la vivienda para especular, que tenía 30 viviendas con su marido, novio o amante, con las que especulaba, más dos sociedades en Panamá, y cinco años sin pagar impuestos, más los beneficios que le otorgó en su día, cuando era la responsable de urbanismo en un ayuntamiento catalán, es esa buena persona a la que la política trata mal.
Otra buena persona a la que la política trata fatal: Zapatero. La política lo está hundiendo, con lo buena persona que es, lo gran socialista que se siente, teniendo poco y dando mucho, que digo mucho, dándolo todo. Ábalos, otra gran persona a la que la política lo ha tratado de pena. Empezando por sus compañeros, que lo dejaron solo, abandonado a su suerte, y que anda en estos días comiendo rancho que le pagamos todos los españoles.
¿Seguimos con gente buena a la que la política los ha tratado mal?
Lo triste para el ciudadano, el que paga los impuestos y no vive de la política, el que se levanta a las seis o las siete de la mañana para ir a trabajar, es que no caen todos los que la hacen. Que los errores de unos y de otros, del Psoe y del Pp, no siempre los pagan ellos. Que son muy pocos a los que la justicia les investiga sus tejemanejes, sus trampas y sus comisiones. Sus subvenciones y sus adjudicaciones.
Hasta ahora lo que hemos visto los ciudadanos es lo bien que la política trata a todos los que se agarran a su ubre. Se han comprado en poco tiempo coches, pisos, casoplones, casas en la playa. En medio de esa hecatombe del buen vivir por parte del político, aparecen algunos, normal que para ellos sean más buenos que el pan, a los que la Uco, la Udef o algún periodista los investiga y aparecen sus buenas obras, sus amores a los demás, la entrega al trabajo en paraísos, y no de los que recomienda la palabra de Dios, sino de los que hablan los economistas, con el fin de ayudar (que buenos son) a las pobres familias de esas islas que están en manos de unos deleznables políticos que las gobiernan.
Dicen que en torno a ciento treinta nombres de políticos están en estos momentos entre los papeles de la Uco y otros estamentos esperando informes sobre sus especiales trabajos. Pero no lo olviden ustedes, son unos santos, se merecen un altar por estar dando respuestas para la mejor vida del ciudadano. ¿Tendrá razón el presidente cuando dice? La política trata mal a las buenas personas. Y se lo creen, oiga.
Sería interesante saber, viendo la foto en la que un grupo de socialistas apoyaban a los acampados en su día en la pl. Circular, cuantas viviendas tienen cada uno de ellos. Un tema a investigar.
Otra buena persona a la que la política trata fatal: Zapatero. La política lo está hundiendo, con lo buena persona que es, lo gran socialista que se siente, teniendo poco y dando mucho, que digo mucho, dándolo todo. Ábalos, otra gran persona a la que la política lo ha tratado de pena. Empezando por sus compañeros, que lo dejaron solo, abandonado a su suerte, y que anda en estos días comiendo rancho que le pagamos todos los españoles.
¿Seguimos con gente buena a la que la política los ha tratado mal?
Lo triste para el ciudadano, el que paga los impuestos y no vive de la política, el que se levanta a las seis o las siete de la mañana para ir a trabajar, es que no caen todos los que la hacen. Que los errores de unos y de otros, del Psoe y del Pp, no siempre los pagan ellos. Que son muy pocos a los que la justicia les investiga sus tejemanejes, sus trampas y sus comisiones. Sus subvenciones y sus adjudicaciones.
Hasta ahora lo que hemos visto los ciudadanos es lo bien que la política trata a todos los que se agarran a su ubre. Se han comprado en poco tiempo coches, pisos, casoplones, casas en la playa. En medio de esa hecatombe del buen vivir por parte del político, aparecen algunos, normal que para ellos sean más buenos que el pan, a los que la Uco, la Udef o algún periodista los investiga y aparecen sus buenas obras, sus amores a los demás, la entrega al trabajo en paraísos, y no de los que recomienda la palabra de Dios, sino de los que hablan los economistas, con el fin de ayudar (que buenos son) a las pobres familias de esas islas que están en manos de unos deleznables políticos que las gobiernan.
Dicen que en torno a ciento treinta nombres de políticos están en estos momentos entre los papeles de la Uco y otros estamentos esperando informes sobre sus especiales trabajos. Pero no lo olviden ustedes, son unos santos, se merecen un altar por estar dando respuestas para la mejor vida del ciudadano. ¿Tendrá razón el presidente cuando dice? La política trata mal a las buenas personas. Y se lo creen, oiga.
Sería interesante saber, viendo la foto en la que un grupo de socialistas apoyaban a los acampados en su día en la pl. Circular, cuantas viviendas tienen cada uno de ellos. Un tema a investigar.

