ALMERÍA HOY / 28·10·2026
El pasado mes de julio, el devastador incendio que se originó en Los Gallardos y golpeó con especial crudeza a los municipios vecinos de Antas, Sorbas, Lubrín y, de trágica manera, Bédar —donde se registraron quince muertes, en su mayoría de residentes extranjeros—, dejó una de las páginas más dolorosas que se recuerdan en la zona. Entre las múltiples imágenes de aquella emergencia, una acaparó la atención: la de dos hombres que optaron por quedarse en su granja de El Marchal de Lubrín para proteger a sus animales frente al avance de las llamas, desobedeciendo inicialmente las órdenes de desalojo.
"La sensatez humana me llevó a hacer lo que hice, no solo por preparación sino por el derecho innato a la protección personal y material de mis bienes", comenta a este medio el empresario ganadero.
Aquella decisión, que en el calor del momento motivó la apertura de diligencias por un presunto delito de desobediencia, ha quedado ahora zanjada en los tribunales. El juzgado instructor ha decretado el sobreseimiento provisional y el archivo de la causa, al concluir que la actuación de los trabajadores no fue una temeridad ni una rebeldía irracional, sino una respuesta proporcionada ante una situación de absoluta necesidad.
El auto judicial avala la coherencia del testimonio del propietario, quien explicó que su única prioridad antes de marchar era regar el perímetro y el pajar para evitar que el forraje prendiera con las pavesas.
El magistrado ha valorado que la zona se encontraba limpia de vegetación forestal gracias al pastoreo y al cuidado propio del ganadero, y que el conocimiento experto del terreno permitió a los implicados actuar con control, sin que se acreditara riesgo real para la vida de los agentes ni de terceros.
Con esta resolución judicial se pone fin a un procedimiento que añadía sombra al sufrimiento colectivo provocado por el fuego. El archivo de la causa reconoce la sensatez de una decisión que buscaba preservar el fruto de años de trabajo y proteger a un ganado con el que existe un vínculo diario de cuidado y subsistencia.
"La sensatez humana me llevó a hacer lo que hice, no solo por preparación sino por el derecho innato a la protección personal y material de mis bienes", comenta a este medio el empresario ganadero.
Aquella decisión, que en el calor del momento motivó la apertura de diligencias por un presunto delito de desobediencia, ha quedado ahora zanjada en los tribunales. El juzgado instructor ha decretado el sobreseimiento provisional y el archivo de la causa, al concluir que la actuación de los trabajadores no fue una temeridad ni una rebeldía irracional, sino una respuesta proporcionada ante una situación de absoluta necesidad.
El auto judicial avala la coherencia del testimonio del propietario, quien explicó que su única prioridad antes de marchar era regar el perímetro y el pajar para evitar que el forraje prendiera con las pavesas.
El magistrado ha valorado que la zona se encontraba limpia de vegetación forestal gracias al pastoreo y al cuidado propio del ganadero, y que el conocimiento experto del terreno permitió a los implicados actuar con control, sin que se acreditara riesgo real para la vida de los agentes ni de terceros.
Con esta resolución judicial se pone fin a un procedimiento que añadía sombra al sufrimiento colectivo provocado por el fuego. El archivo de la causa reconoce la sensatez de una decisión que buscaba preservar el fruto de años de trabajo y proteger a un ganado con el que existe un vínculo diario de cuidado y subsistencia.
