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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Debe ser el pueblo, su génesis, o un ADN especial. Pero Carboneras nos ofrece dentro de la política provincial a los especímenes más llamativos o pintorescos. Si creíamos que con Cristóbal se rompía el molde de los políticos con pedigrí, ha llegado Salvador para ponerle en riesgo el podio conseguido. Felipe, el de los caracoles, también tuvo su momento no crean. Le echó más caracoles al arroz de los que podía soportar, y si no ganó el premio político del mejor arroz con caracoles del municipio fue por culpa propia. No aguantó el último tirón, se vino abajo en el momento en el que la victoria parecía sonreírle. Se creyó que la meta la tenía a su alcance, casi la tocaba con los dedos de la mano derecha, pero le ocurrió como a Feijóo en el 23, que al final perdió la carrera. Son tres personajes de los que se puede escribir una novela, y éxito seguro.
Son capaces de gobernar solos el ayuntamiento, no necesitan a nadie, o hacerlo desde la discoteca de moda a altas horas de la madrugada. Desde una carrera de moluscos gasterópodos, o mientras les rapa las barbas a los vecinos por San Antonio. En estos momentos, y tras la que le ha caído al pueblico con el hotel y su larga historia de derribo, es de justicia reconocer que va ganando Salvador Hernández. (María Jesús, presumías de que en cinco meses ibas a derribar el hotel, ¿cuánto tiempo ha pasado? Veo que no se te cae la cara, si es que no tienes.
Salvador se queda solo en la gobernación del ayuntamiento. Con un par. No necesita a nadie. Se basta y se sobra. Todas las competencias bajo su mando. No me digan que no es un valiente. Le ha echado dos pares al asunto, no se ha asustado ante el riesgo, y sobre sus espaldas recae todo el trabajo del ayuntamiento. Convoca un pleno, y se queda solo ante el peligro. La culpa no es suya, es de los ediles que no asistieron a su fiesta infantil. Por Dios, Salva, si has dado más cambios en estos años que mentiras Pedro Sánchez. Pero ahí lo tienen solo, con la soga en el cuello y los demás intentando darle patadas al árbol. Si lo hace bien, y los carboneros nos lo irán contando, habrá que llegar a la conclusión de que el problema del ayuntamiento, como el de todos los demás, es el caudaloso número de ediles que se reparten el poder y el dinero municipal. Y así no se entienden, no se complementan, no trabajan unidos, cada uno va a lo suyo, y el ciudadano es el que sale perjudicado.
El gran Salvador de Carboneras nos puede dar la solución, ayuntamientos con un solo edil, y con mando único para hacer y deshacer a su antojo en la vida del pueblo, que parece es lo que le gusta y buscaba. ¿Y eso no sería estar en manos de un dictador? Lo es. ¿Pero, qué diferencia hay en estar en manos de uno, o de catorce o veintisiete que hacen lo que le da la gana a un alcalde o alcaldesa? Ahí tenemos a Pedro en el gobierno de la nación. Por lo menos con la historia de Salvador los vecinos se pueden ahorrar unos buenos euros (siempre que no pasen a engrosar las cuentas del alcalde, que puede decir que como asume las competencias de los demás, tiene derecho a los sueldos que ellos percibían). ¡Pillín, pillín!
Mientras esperamos las jugadas políticas de Cristóbal y Felipe, Salvador está ganando el partido, pero el árbitro no ha pitado el final. Y la democracia ¿ha tenido alguna vez Carboneras democracia? pierde la batalla. ¡Ánimo Salvador, no te dejes afeitar las barbas, tú puedes!
Son capaces de gobernar solos el ayuntamiento, no necesitan a nadie, o hacerlo desde la discoteca de moda a altas horas de la madrugada. Desde una carrera de moluscos gasterópodos, o mientras les rapa las barbas a los vecinos por San Antonio. En estos momentos, y tras la que le ha caído al pueblico con el hotel y su larga historia de derribo, es de justicia reconocer que va ganando Salvador Hernández. (María Jesús, presumías de que en cinco meses ibas a derribar el hotel, ¿cuánto tiempo ha pasado? Veo que no se te cae la cara, si es que no tienes.
Salvador se queda solo en la gobernación del ayuntamiento. Con un par. No necesita a nadie. Se basta y se sobra. Todas las competencias bajo su mando. No me digan que no es un valiente. Le ha echado dos pares al asunto, no se ha asustado ante el riesgo, y sobre sus espaldas recae todo el trabajo del ayuntamiento. Convoca un pleno, y se queda solo ante el peligro. La culpa no es suya, es de los ediles que no asistieron a su fiesta infantil. Por Dios, Salva, si has dado más cambios en estos años que mentiras Pedro Sánchez. Pero ahí lo tienen solo, con la soga en el cuello y los demás intentando darle patadas al árbol. Si lo hace bien, y los carboneros nos lo irán contando, habrá que llegar a la conclusión de que el problema del ayuntamiento, como el de todos los demás, es el caudaloso número de ediles que se reparten el poder y el dinero municipal. Y así no se entienden, no se complementan, no trabajan unidos, cada uno va a lo suyo, y el ciudadano es el que sale perjudicado.
El gran Salvador de Carboneras nos puede dar la solución, ayuntamientos con un solo edil, y con mando único para hacer y deshacer a su antojo en la vida del pueblo, que parece es lo que le gusta y buscaba. ¿Y eso no sería estar en manos de un dictador? Lo es. ¿Pero, qué diferencia hay en estar en manos de uno, o de catorce o veintisiete que hacen lo que le da la gana a un alcalde o alcaldesa? Ahí tenemos a Pedro en el gobierno de la nación. Por lo menos con la historia de Salvador los vecinos se pueden ahorrar unos buenos euros (siempre que no pasen a engrosar las cuentas del alcalde, que puede decir que como asume las competencias de los demás, tiene derecho a los sueldos que ellos percibían). ¡Pillín, pillín!
Mientras esperamos las jugadas políticas de Cristóbal y Felipe, Salvador está ganando el partido, pero el árbitro no ha pitado el final. Y la democracia ¿ha tenido alguna vez Carboneras democracia? pierde la batalla. ¡Ánimo Salvador, no te dejes afeitar las barbas, tú puedes!

