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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Reconozco que no tengo ni idea de lo que es un “metro ligero”, que viene recomendando doña Fátima Amate, candidata a las primarias del Psoe a celebrar el 26 de este mes. Si se nos quiere comparar ese ligero con un tranvía, piensa uno que existen sus diferencias. Pero no entremos en las mismas. Un tranvía tiene algo de romanticismo ante los ojos de algunos ciudadanos, por lo menos en los míos. Ese deambular despacio entre los vecinos llamaba la atención de los viandantes. Ya me lo imagino por las calles de Almería, con preciosas mujeres asomadas a sus ventanillas, con guapos jóvenes que las acompañan por el centro de la ciudad. La pena es que ese tranvía de sueños románticos, y si ustedes quieren con cierta dosis de glamour y erotismo, queridos míos, no podrán pasar por el centro de la ciudad.
¿Cómo es eso?
El tranvía no circulará, no lo permitirá nuestro excelso ayuntamiento. No lo va a permitir la alcaldesa, María del Mar, ni la mujer que manda en el urbanismo, y en la feria de la ciudad, Eloisa. Han invertido millones en el Paseo, han cerrado al tráfico la Rambla del Obispo, por lo que ya me dirán ustedes por donde nos deja ver su hermoso palmito ese futuro tranvía del que se habla.
¿Y el metro ligero? Lo primero que nos tendrían que decir las privilegiadas mentes políticas del gobierno y de la oposición es en qué consiste un metro ligero. Reconozco que no tengo ni idea. Mientras no lo hagan, uno piensa en los conocidos, subterráneos ellos, a oscuras y altas velocidades entre las cloacas de las ciudades. Por lo que no puedo entender ese metro ligero del que nos hablan. No creo que nos estén hablando de un metro de plástico comprado en China, o de uno tipo guadiana, un rato arriba, otro abajo. Podemos dejar que la mente se dedique a especular, y se nos ocurren cientos de salidas para ese metro ligero, pero van a pensar ustedes que ando por el camino de algunos de nuestros políticos. Soy favorable al tranvía, quizás por emoción, por romanticismo, por recuerdos de algunos vividos hace años en otras ciudades. Y lo que no entiendo es que se hable en estos tiempos de ese tranvía, cuando parecía que el metro le había quitado protagonismo. Si se trata de darle a la vida urbana cierta tranquilidad, si queremos viajar mirando y disfrutando del sol y de los paisajes y colores de nuestra ciudad, voto por el tranvía.
Solo me gustaría hacerle una pregunta a tanto político como tenemos asomando sus caras a los medios digitales: Ese metro ligero, podría un día de estos, quizás dentro de veinte o treinta años, cruzar soterrado nuestro Paseo, dejando que los ciudadanos del exterior tengan una parada en el corazón de la Puerta de Purchena. Si fuera así, aunque algunos no estaremos por entonces dando la coña a los dirigentes, sería lo mejor para ese centro de la ciudad que cada día se nos muere un poco más. ¿Lo harán? ¿Tendrán cabeza para pensar en la Almería del dos mil cincuenta, sesenta o setenta? Por ahora no se las ve, pero no perdamos la esperanza.
¿Cómo es eso?
El tranvía no circulará, no lo permitirá nuestro excelso ayuntamiento. No lo va a permitir la alcaldesa, María del Mar, ni la mujer que manda en el urbanismo, y en la feria de la ciudad, Eloisa. Han invertido millones en el Paseo, han cerrado al tráfico la Rambla del Obispo, por lo que ya me dirán ustedes por donde nos deja ver su hermoso palmito ese futuro tranvía del que se habla.
¿Y el metro ligero? Lo primero que nos tendrían que decir las privilegiadas mentes políticas del gobierno y de la oposición es en qué consiste un metro ligero. Reconozco que no tengo ni idea. Mientras no lo hagan, uno piensa en los conocidos, subterráneos ellos, a oscuras y altas velocidades entre las cloacas de las ciudades. Por lo que no puedo entender ese metro ligero del que nos hablan. No creo que nos estén hablando de un metro de plástico comprado en China, o de uno tipo guadiana, un rato arriba, otro abajo. Podemos dejar que la mente se dedique a especular, y se nos ocurren cientos de salidas para ese metro ligero, pero van a pensar ustedes que ando por el camino de algunos de nuestros políticos. Soy favorable al tranvía, quizás por emoción, por romanticismo, por recuerdos de algunos vividos hace años en otras ciudades. Y lo que no entiendo es que se hable en estos tiempos de ese tranvía, cuando parecía que el metro le había quitado protagonismo. Si se trata de darle a la vida urbana cierta tranquilidad, si queremos viajar mirando y disfrutando del sol y de los paisajes y colores de nuestra ciudad, voto por el tranvía.
Solo me gustaría hacerle una pregunta a tanto político como tenemos asomando sus caras a los medios digitales: Ese metro ligero, podría un día de estos, quizás dentro de veinte o treinta años, cruzar soterrado nuestro Paseo, dejando que los ciudadanos del exterior tengan una parada en el corazón de la Puerta de Purchena. Si fuera así, aunque algunos no estaremos por entonces dando la coña a los dirigentes, sería lo mejor para ese centro de la ciudad que cada día se nos muere un poco más. ¿Lo harán? ¿Tendrán cabeza para pensar en la Almería del dos mil cincuenta, sesenta o setenta? Por ahora no se las ve, pero no perdamos la esperanza.

