ALMERÍA HOY / 11·02·2026
En esta ocasión, descubrimos los tesoros de un municipio almeriense emblemático: Sorbas. Hablamos con su alcalde, Juan Francisco González, sobre los proyectos actuales para revitalizar el casco antiguo y cómo este se complementa con su famoso patrimonio natural y artesano.
–Están trabajando ustedes precisamente para conseguir esa puesta en valor del centro histórico. ¿En qué fase se encuentra este proceso y qué actuaciones se están llevando a cabo?
–Pues bien, de la mano de la Mancomunidad de Municipios del Levante Almeriense, estamos trabajando en varios proyectos para potenciar el centro histórico de Sorbas. Si bien tenemos muchos atractivos turísticos, esta última campaña se centra en el casco antiguo: nuestra iglesia de Santa María, el entorno de la plaza de la Constitución con la casa del Duque de Alba y los diferentes miradores.
En definitiva, queremos invitar a disfrutar del placer de pasear por las calles de origen árabe de nuestro municipio, que se asienta sobre esa roca que asoma al barranco del río Aguas, en un antiguo meandro que en Sorbas llamamos "el Afa".
–Una belleza única. ¿Ha comenzado ya alguna fase concreta de este proyecto?
–Sí, estamos trabajando en un proyecto de información turística y digitalización de nuestra oficina de turismo. También en la preparación de un dosier donde explicamos al público cómo irán encontrando paso a paso nuestro centro histórico.
Acompañado a ello, tenemos ya elaborado un vídeo promocional centrado en el casco antiguo que íbamos a presentar en Fitur. Sin embargo, como se suspendió la agenda institucional por la desgracia del accidente de tren, muchas cosas se quedaron en el camino.
–Es verdad, se quedaron muchas cosas en el camino por ese accidente. Porque, claro, cuando uno menciona Sorbas, inmediatamente recuerda sus cuevas y su karst en yesos. ¿Faltaba quizás este otro complemento, el realzar la belleza del centro histórico, para que ambas oportunidades sean un atractivo para la localidad?
–Van de la mano. De hecho, nada más entrar al centro histórico nos encontramos el centro de visitantes de los Yesares, donde se da buena cuenta de lo que luego podremos encontrar en nuestro entorno natural. Hay una explicación muy didáctica de cómo se ha formado nuestro paraje. Nuestro karst, para que se hagan una idea, es como un enorme queso de Gruyère con muchísimas entradas; hay cerca de 2.000 entradas a las diferentes galerías y cuevas.
–Fíjese que, aunque no tiene que ver con el tema, el otro día comentábamos las inundaciones en Grazalema y salía a relucir el nombre de Sorbas. ¿Si hay demasiada agua, también se pasearía ese agua subterránea por los fondos de Sorbas con el peligro que eso conlleva, siendo como un queso de Gruyère por debajo?
–Exactamente. Sorbas, no en sí el núcleo urbano porque está aguas arriba del paraje del karst en yesos, pero sí en nuestros 12 kilómetros cuadrados de paraje natural, cuando llueve el agua prácticamente se pierde. No hay una rambla que recoja todo ese agua y que podamos ver por algún sitio por dónde sale, más allá de lo que pueda llegar hasta el río Aguas.
Ese agua se va infiltrando por el terreno y poco a poco va haciendo su recorrido hasta que finalmente sale por las diferentes surgencias que tienen su punto de salida en el punto más bajo del karst, que es precisamente en los Molinos del río de Aguas, donde desemboca directamente al propio río.
–Es fascinante cómo la geología determina tanto la superficie como el subsuelo de Sorbas. Volviendo a esa apuesta por el turismo más allá de las cuevas, ¿qué respuesta están recibiendo de los visitantes que ya empiezan a descubrir ese centro histórico?
–La respuesta es muy positiva. Los visitantes se sorprenden al descubrir que, además del impresionante mundo subterráneo, tenemos un pueblo con una fisonomía única, colgado sobre el barranco. La gente valora mucho ese contraste entre la naturaleza salvaje del karst y la historia que respiran nuestras calles árabes.
–Además, Sorbas tiene una tradición artesana muy potente, especialmente con la alfarería. ¿Cómo se integra esto en la experiencia del turista?
–La alfarería es el alma de Sorbas. Dentro de este plan de dinamización, queremos que los alfares sean puntos de obligada visita. No se trata solo de comprar una pieza, sino de ver al artesano trabajar, de entender que esa tradición es lo que nos ha dado identidad durante siglos. Es una parte esencial de nuestro patrimonio cultural que queremos proteger y mostrar con orgullo.
–Para terminar, alcalde, ¿cuál sería su invitación para alguien que aún no conoce Sorbas o que solo ha pasado de largo?
–Le diría que se detenga y que se dé el gusto de pasear por nuestras calles, que asome a los miradores y que disfrute de nuestra gastronomía y nuestra gente. Sorbas es un lugar para descubrir con los cinco sentidos, desde lo más profundo de sus cuevas hasta la paz de su casco histórico.
–Pues muchísimas gracias, Juan Francisco, por atendernos y por darnos a conocer un poco mejor los encantos de su municipio.
–Están trabajando ustedes precisamente para conseguir esa puesta en valor del centro histórico. ¿En qué fase se encuentra este proceso y qué actuaciones se están llevando a cabo?
–Pues bien, de la mano de la Mancomunidad de Municipios del Levante Almeriense, estamos trabajando en varios proyectos para potenciar el centro histórico de Sorbas. Si bien tenemos muchos atractivos turísticos, esta última campaña se centra en el casco antiguo: nuestra iglesia de Santa María, el entorno de la plaza de la Constitución con la casa del Duque de Alba y los diferentes miradores.
En definitiva, queremos invitar a disfrutar del placer de pasear por las calles de origen árabe de nuestro municipio, que se asienta sobre esa roca que asoma al barranco del río Aguas, en un antiguo meandro que en Sorbas llamamos "el Afa".
–Una belleza única. ¿Ha comenzado ya alguna fase concreta de este proyecto?
–Sí, estamos trabajando en un proyecto de información turística y digitalización de nuestra oficina de turismo. También en la preparación de un dosier donde explicamos al público cómo irán encontrando paso a paso nuestro centro histórico.
Acompañado a ello, tenemos ya elaborado un vídeo promocional centrado en el casco antiguo que íbamos a presentar en Fitur. Sin embargo, como se suspendió la agenda institucional por la desgracia del accidente de tren, muchas cosas se quedaron en el camino.
–Es verdad, se quedaron muchas cosas en el camino por ese accidente. Porque, claro, cuando uno menciona Sorbas, inmediatamente recuerda sus cuevas y su karst en yesos. ¿Faltaba quizás este otro complemento, el realzar la belleza del centro histórico, para que ambas oportunidades sean un atractivo para la localidad?
–Van de la mano. De hecho, nada más entrar al centro histórico nos encontramos el centro de visitantes de los Yesares, donde se da buena cuenta de lo que luego podremos encontrar en nuestro entorno natural. Hay una explicación muy didáctica de cómo se ha formado nuestro paraje. Nuestro karst, para que se hagan una idea, es como un enorme queso de Gruyère con muchísimas entradas; hay cerca de 2.000 entradas a las diferentes galerías y cuevas.
–Fíjese que, aunque no tiene que ver con el tema, el otro día comentábamos las inundaciones en Grazalema y salía a relucir el nombre de Sorbas. ¿Si hay demasiada agua, también se pasearía ese agua subterránea por los fondos de Sorbas con el peligro que eso conlleva, siendo como un queso de Gruyère por debajo?
–Exactamente. Sorbas, no en sí el núcleo urbano porque está aguas arriba del paraje del karst en yesos, pero sí en nuestros 12 kilómetros cuadrados de paraje natural, cuando llueve el agua prácticamente se pierde. No hay una rambla que recoja todo ese agua y que podamos ver por algún sitio por dónde sale, más allá de lo que pueda llegar hasta el río Aguas.
Ese agua se va infiltrando por el terreno y poco a poco va haciendo su recorrido hasta que finalmente sale por las diferentes surgencias que tienen su punto de salida en el punto más bajo del karst, que es precisamente en los Molinos del río de Aguas, donde desemboca directamente al propio río.
–Es fascinante cómo la geología determina tanto la superficie como el subsuelo de Sorbas. Volviendo a esa apuesta por el turismo más allá de las cuevas, ¿qué respuesta están recibiendo de los visitantes que ya empiezan a descubrir ese centro histórico?
–La respuesta es muy positiva. Los visitantes se sorprenden al descubrir que, además del impresionante mundo subterráneo, tenemos un pueblo con una fisonomía única, colgado sobre el barranco. La gente valora mucho ese contraste entre la naturaleza salvaje del karst y la historia que respiran nuestras calles árabes.
–Además, Sorbas tiene una tradición artesana muy potente, especialmente con la alfarería. ¿Cómo se integra esto en la experiencia del turista?
–La alfarería es el alma de Sorbas. Dentro de este plan de dinamización, queremos que los alfares sean puntos de obligada visita. No se trata solo de comprar una pieza, sino de ver al artesano trabajar, de entender que esa tradición es lo que nos ha dado identidad durante siglos. Es una parte esencial de nuestro patrimonio cultural que queremos proteger y mostrar con orgullo.
–Para terminar, alcalde, ¿cuál sería su invitación para alguien que aún no conoce Sorbas o que solo ha pasado de largo?
–Le diría que se detenga y que se dé el gusto de pasear por nuestras calles, que asome a los miradores y que disfrute de nuestra gastronomía y nuestra gente. Sorbas es un lugar para descubrir con los cinco sentidos, desde lo más profundo de sus cuevas hasta la paz de su casco histórico.
–Pues muchísimas gracias, Juan Francisco, por atendernos y por darnos a conocer un poco mejor los encantos de su municipio.


