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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Llegó un poco tarde a Almería el guapo presidente; se tomó cuatro días antes de aparecer el enamorado por la tierra quemada de nuestra provincia, pero no se olvide que por amor se cogió cinco de vacaciones; puso cara compungida, como de ser las once de la mañana y no haber desayunado, ni un café oiga, ni siquiera un churro en el Coímbra, y nos deja caer la excusa de que el riesgo y la tragedia vivida en Almería es culpa, como siempre, del cambio climático. En los montes de Toledo y Avila la foto nos llegó con más prontitud. Alguien le debió recomendar que dejara de escribir cartas de amor, y subiera al frente del fuego.
La gota fría de Valencia, hoy llamada Dana, fue culpa del cambio climático.
¿El accidente del Ave en Aldamuz se lo podemos achacar también al mismo culpable?
Las inundaciones de hace unos meses en Andalucía, esas sí, se pueden añadir al cambio. El incendio de Los Gallardos, y los que en estos días asolan a Castilla.
Está claro que tienen la perfecta excusa con el cambio climático ante cualquier tragedia que asole las tierras donde manda los políticos actuales.
Ahora entiende uno que se caigan los postes eléctricos. El cambio climático hizo que se cayera el de Los Gallardos. Entre el poste y el cambio ya tenemos a los culpables. Si los ciudadanos, ustedes, se lo quieren creer, bien, si no, también. Nos van a dar por el mismo lado pensemos lo que nos de la gana. Ellos tienen el poder, y pagados a los medios para que les sigan la corriente. Su discurso será al final el que gane la batalla. Y el cambio climático se alza como el gran culpable de la tragedia de Los Gallardos, de Madrid, Toledo y Avila, la de los caballeros. En nuestro caso, el pirómano es un poste de la luz que se rompió ante el calor de ese cambio, el de ellos el incendio de un coche, y hasta el pirómano que imagino querrá poner placas solares en los terrenos quemados.
El que no se limpien los montes en invierno, como dicen los técnicos que habría que hacer, no sirve para evitar los incendios. No me sea más tonto de lo que parece. Ya está usted otra vez con lo de limpiar los montes. Es el cambio y el poste que se partió y cayó sobre el arcén de la carretera los únicos culpables de lo ocurrido.
Tiene razón, señor presidente. Usted siempre tiene razón.
La gran mayoría de los pueblos del interior no tienen planes de emergencias, ¿y para qué les hace falta? Si es el cambio dichoso y la caída de los cables de la luz, los que van a marcar su futuro aquí, en el cementerio o en el hospital sevillano de grandes quemados cuando llegue el caso. Y que quede claro, muy claro para el futuro. Palabra de presidente de gobierno.
Eso sí, las caritas de los políticos ante la tragedia eran como un poema dramático de los de León y Quiroga, aquellos que hacían llorar a nuestras madres en los años sesenta y setenta. Años de folclóricas, que es lo que más les gusta a nuestros políticos. ¡Pobres míos! Qué caritas de apesadumbrados ponen ante las circunstancias que ellos no pueden evitar.
¿Cómo van a poder luchar contra las gotas frías, hoy llamadas Danas?
¿Cómo van a poder evitar que se quemen los montes?
¿Cómo lograr que los postes de la luz se mantengan enhiestos sobre la tierra?
¿Cómo evitar que las vías de los trenes no sean mordidas por depredadores que solo buscan la caída del gobierno de turno?
Queremos cargar sobre las espaldas de nuestros dirigentes políticos, frágiles y cansadas de trabajar por los ciudadanos, todo lo que ocurre en el país. Y no somos justos. No vemos lo mucho que se preocupan tras las tragedias, no nos fijamos en sus rostros cuando llegan a decirle a las familias lo mucho que lamentan lo ocurrido. No tenemos corazón, cuando no le damos a los políticos, nuestros eternos cuidadores, las gracias por lo mucho que hacen por nosotros.
Gracias, Pedro. Gracias, Juanma. Gracias, Antonio. Reconocemos vuestro esfuerzo y pasión, y os lo agradecemos, pero el invierno que viene, dejaros de zarandajas y de hostias, y poneros manos a la obra, a limpiar los montes, los ríos y a hacer las obras hídricas que salvan vidas. Eso es lo que tenéis que hacer, y no tendremos que ver vuestras tristes caras en otros paisajes como el de Los Gallardos, Madrid, Toledo o Avila.
Pandilla de…
La gota fría de Valencia, hoy llamada Dana, fue culpa del cambio climático.
¿El accidente del Ave en Aldamuz se lo podemos achacar también al mismo culpable?
Las inundaciones de hace unos meses en Andalucía, esas sí, se pueden añadir al cambio. El incendio de Los Gallardos, y los que en estos días asolan a Castilla.
Está claro que tienen la perfecta excusa con el cambio climático ante cualquier tragedia que asole las tierras donde manda los políticos actuales.
Ahora entiende uno que se caigan los postes eléctricos. El cambio climático hizo que se cayera el de Los Gallardos. Entre el poste y el cambio ya tenemos a los culpables. Si los ciudadanos, ustedes, se lo quieren creer, bien, si no, también. Nos van a dar por el mismo lado pensemos lo que nos de la gana. Ellos tienen el poder, y pagados a los medios para que les sigan la corriente. Su discurso será al final el que gane la batalla. Y el cambio climático se alza como el gran culpable de la tragedia de Los Gallardos, de Madrid, Toledo y Avila, la de los caballeros. En nuestro caso, el pirómano es un poste de la luz que se rompió ante el calor de ese cambio, el de ellos el incendio de un coche, y hasta el pirómano que imagino querrá poner placas solares en los terrenos quemados.
El que no se limpien los montes en invierno, como dicen los técnicos que habría que hacer, no sirve para evitar los incendios. No me sea más tonto de lo que parece. Ya está usted otra vez con lo de limpiar los montes. Es el cambio y el poste que se partió y cayó sobre el arcén de la carretera los únicos culpables de lo ocurrido.
Tiene razón, señor presidente. Usted siempre tiene razón.
La gran mayoría de los pueblos del interior no tienen planes de emergencias, ¿y para qué les hace falta? Si es el cambio dichoso y la caída de los cables de la luz, los que van a marcar su futuro aquí, en el cementerio o en el hospital sevillano de grandes quemados cuando llegue el caso. Y que quede claro, muy claro para el futuro. Palabra de presidente de gobierno.
Eso sí, las caritas de los políticos ante la tragedia eran como un poema dramático de los de León y Quiroga, aquellos que hacían llorar a nuestras madres en los años sesenta y setenta. Años de folclóricas, que es lo que más les gusta a nuestros políticos. ¡Pobres míos! Qué caritas de apesadumbrados ponen ante las circunstancias que ellos no pueden evitar.
¿Cómo van a poder luchar contra las gotas frías, hoy llamadas Danas?
¿Cómo van a poder evitar que se quemen los montes?
¿Cómo lograr que los postes de la luz se mantengan enhiestos sobre la tierra?
¿Cómo evitar que las vías de los trenes no sean mordidas por depredadores que solo buscan la caída del gobierno de turno?
Queremos cargar sobre las espaldas de nuestros dirigentes políticos, frágiles y cansadas de trabajar por los ciudadanos, todo lo que ocurre en el país. Y no somos justos. No vemos lo mucho que se preocupan tras las tragedias, no nos fijamos en sus rostros cuando llegan a decirle a las familias lo mucho que lamentan lo ocurrido. No tenemos corazón, cuando no le damos a los políticos, nuestros eternos cuidadores, las gracias por lo mucho que hacen por nosotros.
Gracias, Pedro. Gracias, Juanma. Gracias, Antonio. Reconocemos vuestro esfuerzo y pasión, y os lo agradecemos, pero el invierno que viene, dejaros de zarandajas y de hostias, y poneros manos a la obra, a limpiar los montes, los ríos y a hacer las obras hídricas que salvan vidas. Eso es lo que tenéis que hacer, y no tendremos que ver vuestras tristes caras en otros paisajes como el de Los Gallardos, Madrid, Toledo o Avila.
Pandilla de…

