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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
No anda nuestra provincia muy allá en lo de la esperanza de vida de sus habitantes. Por la parte de abajo, a la que nunca nos gustaría pertenecer, pero en esas andamos, solo nos gana Melilla, la ciudad a la que en días claros podemos ver desde nuestra costa. ¿Será por la cercanía el que andemos las dos en el pelotón de los últimos, nunca en el de los torpes por Dios, que nada tiene que ver la torpeza con la esperanza de vida? Del resto de las provincias, hasta Huelva tiene mayor esperanza que Almería. ¿Qué nos pasa?
Se decía hace años que Almería era “madre de la vida padre”. Y no digo que no lo fuera, pero más corta, por lo que parece, que el resto de los vecinos de Andalucía y de España. Si se dice que tenemos el mejor clima, si el sol se viene a vivir con nosotros en los fríos días de invierno ¿qué falla? ¿Qué es lo que hace que la vida de los ciudadanos almerienses sea más corta que las del resto de los vecinos? Tenemos las mejores verduras, el pescado no falta en las mesas de los mercados, hoy día un poco más caro, bastante habría que apuntar, dicen que disfrutamos de una sanidad de primera, ¿qué ocurre entonces?
Somos un pueblo que se lanza a la calle a disfrutar de sus bares, de sus amigos, de sus largas conversaciones, incluso de sus hermosas discusiones, siempre que sean hermosas y no entren en la sombría política, que allí se estrellan los talentos. Hablamos alto, a veces demasiado, pero dicen los especialistas que eso nos hace que saquemos los demonios que llevamos dentro, y que se calme nuestra alma, que las ansiedades se queden sobre el terreno. El fútbol nos da alegrías, alguna tristeza, cierto, pero al lado de estas últimas, el grito en las gradas, a veces hasta el insulto, nos hace evaporar malos humores. Si somos gente que sabe desahogarse, y que lo hacemos, ¿qué falla para que tengamos menos esperanza de vida que le resto de los mortales que viven en esta parte de la península ibérica que llamamos España? Estamos en lo que al paro se refiere, según los datos de la ministra Yolanda Díaz, mejor que nunca. Almería ha logrado situarse laboralmente en tiempos de antes de la pandemia, lo que no deja de ser un éxito, si la Uso lo avalara, claro. Habrá que preguntarle a esta central, que, sin mucha vida oficial y subvención del gobierno, es la única que nos dice de verdad sobre los datos del paro que sufrimos en el país. Si aceptamos los de la ministra, y Almería disfruta de trabajo para satisfacción y tranquilidad de todos sus vecinos, ¿qué falla para que la esperanza de vida no esté en primera división?
Melilla 81,6. Almería, 81,7. Huelva, 82,4. Y sigue subiendo en las demás. Comprenderán que los que andamos cerca de los ochenta, estemos pensando que lo mismo habría que cambiar de ciudad, Burgos, Pamplona, Soria, Cuenca, tienen mejores datos. Pero hace un frío. Me quedo en la cueva de Terque, esperando que lleguen los 81,7 y se lo pueda contar a ustedes.
Se decía hace años que Almería era “madre de la vida padre”. Y no digo que no lo fuera, pero más corta, por lo que parece, que el resto de los vecinos de Andalucía y de España. Si se dice que tenemos el mejor clima, si el sol se viene a vivir con nosotros en los fríos días de invierno ¿qué falla? ¿Qué es lo que hace que la vida de los ciudadanos almerienses sea más corta que las del resto de los vecinos? Tenemos las mejores verduras, el pescado no falta en las mesas de los mercados, hoy día un poco más caro, bastante habría que apuntar, dicen que disfrutamos de una sanidad de primera, ¿qué ocurre entonces?
Somos un pueblo que se lanza a la calle a disfrutar de sus bares, de sus amigos, de sus largas conversaciones, incluso de sus hermosas discusiones, siempre que sean hermosas y no entren en la sombría política, que allí se estrellan los talentos. Hablamos alto, a veces demasiado, pero dicen los especialistas que eso nos hace que saquemos los demonios que llevamos dentro, y que se calme nuestra alma, que las ansiedades se queden sobre el terreno. El fútbol nos da alegrías, alguna tristeza, cierto, pero al lado de estas últimas, el grito en las gradas, a veces hasta el insulto, nos hace evaporar malos humores. Si somos gente que sabe desahogarse, y que lo hacemos, ¿qué falla para que tengamos menos esperanza de vida que le resto de los mortales que viven en esta parte de la península ibérica que llamamos España? Estamos en lo que al paro se refiere, según los datos de la ministra Yolanda Díaz, mejor que nunca. Almería ha logrado situarse laboralmente en tiempos de antes de la pandemia, lo que no deja de ser un éxito, si la Uso lo avalara, claro. Habrá que preguntarle a esta central, que, sin mucha vida oficial y subvención del gobierno, es la única que nos dice de verdad sobre los datos del paro que sufrimos en el país. Si aceptamos los de la ministra, y Almería disfruta de trabajo para satisfacción y tranquilidad de todos sus vecinos, ¿qué falla para que la esperanza de vida no esté en primera división?
Melilla 81,6. Almería, 81,7. Huelva, 82,4. Y sigue subiendo en las demás. Comprenderán que los que andamos cerca de los ochenta, estemos pensando que lo mismo habría que cambiar de ciudad, Burgos, Pamplona, Soria, Cuenca, tienen mejores datos. Pero hace un frío. Me quedo en la cueva de Terque, esperando que lleguen los 81,7 y se lo pueda contar a ustedes.

