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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
A don Pedro Llamas ¿de qué me suena este apellido? Le pueden caer cuatro años de cárcel, y no sé cuántos de inhabilitación. Esta segunda parte le debe traer al pairo, no creo que el hombre ande con ganas de volver a la política ¿o sí? Nunca se sabe de lo que son capaces los seres humanos, esos que tropezamos no sé las veces, pero unas cuantas en la misma piedra. Tengo que confesarles que, en un principio, cuando se habló del Palacio de Almanzora, y de la compra por parte del ayuntamiento de Cantoria del monumento, nos pareció una buena labor del primer edil. No entendí la denuncia, cuando daba la impresión de que lo que único que se buscaba era que el castillo entrara a formar parte del patrimonio municipal.
Después se nos dijo que el alcalde, don Pedro Llamas, no había llevado la compra como manda la ley, que había hecho contrato privado con los dueños del mismo, que los pagos adelantados no contaban con los votos del pleno. Vamos, que el caballero estaba llevando la compra como si fuera entre trileros de mercadillo. Pedías alguna explicación, y te decían que la ley era tan exigente en estas cuestiones, y estaba por medio un ayuntamiento sin posibilidades económicas, que, si no se hacía así, el castillo nunca sería municipal.
Te quedabas pensando. Es posible que las leyes no estén hechas para pequeños municipios con economía modesta, y se convierte y obliga a los alcaldes a ser equilibristas y estar siempre sobre el alambre, y sin red que lo defienda de una caída. Con la vista esperando la sentencia, una noticia ensombrece el panorama de Llamas. No se hizo escritura alguna a nombre del municipio, es lo que se comenta. Y los contratos ¿se hicieron a nombre del ayuntamiento? Si así se hicieron, está claro que Llamas no se quería quedar con la propiedad del palacio, por lo que de lo único que le podemos acusar es de haber burlado la ley para beneficiar a su pueblo. Y eso es un delito, evidentemente que lo es, es la ley y las sentencias están para ser cumplidas. Especialmente para que las cumplan los tontos de por aquí abajo, los del norte pueden hacer con ellas pajaritas de papel, o barquitos con los que juegan los niños vascos y catalanes en los patios de los colegios.
Pero es lo que hay. Debe ser que los jueces catalanes y vascos no son como los nuestros, o los políticos, o las fuerzas de seguridad. Me parece bien que Pedro Llamas pague por su burla a la ley, si la hubo, y me encantaría que fueran todos medidos por el mismo rasero, pero espero y deseo que El Palacio del Almanzora está en manos de los vecinos, como quería e intentaba su alcalde, Pedro Llamas, que estos sean sus dueños, que es al final lo único importante.
Después se nos dijo que el alcalde, don Pedro Llamas, no había llevado la compra como manda la ley, que había hecho contrato privado con los dueños del mismo, que los pagos adelantados no contaban con los votos del pleno. Vamos, que el caballero estaba llevando la compra como si fuera entre trileros de mercadillo. Pedías alguna explicación, y te decían que la ley era tan exigente en estas cuestiones, y estaba por medio un ayuntamiento sin posibilidades económicas, que, si no se hacía así, el castillo nunca sería municipal.
Te quedabas pensando. Es posible que las leyes no estén hechas para pequeños municipios con economía modesta, y se convierte y obliga a los alcaldes a ser equilibristas y estar siempre sobre el alambre, y sin red que lo defienda de una caída. Con la vista esperando la sentencia, una noticia ensombrece el panorama de Llamas. No se hizo escritura alguna a nombre del municipio, es lo que se comenta. Y los contratos ¿se hicieron a nombre del ayuntamiento? Si así se hicieron, está claro que Llamas no se quería quedar con la propiedad del palacio, por lo que de lo único que le podemos acusar es de haber burlado la ley para beneficiar a su pueblo. Y eso es un delito, evidentemente que lo es, es la ley y las sentencias están para ser cumplidas. Especialmente para que las cumplan los tontos de por aquí abajo, los del norte pueden hacer con ellas pajaritas de papel, o barquitos con los que juegan los niños vascos y catalanes en los patios de los colegios.
Pero es lo que hay. Debe ser que los jueces catalanes y vascos no son como los nuestros, o los políticos, o las fuerzas de seguridad. Me parece bien que Pedro Llamas pague por su burla a la ley, si la hubo, y me encantaría que fueran todos medidos por el mismo rasero, pero espero y deseo que El Palacio del Almanzora está en manos de los vecinos, como quería e intentaba su alcalde, Pedro Llamas, que estos sean sus dueños, que es al final lo único importante.

