Setecientas razones para no huir: lo que protegían los dos detenidos en el incendio de Los Gallardos


La granja ante la lengua de fuego (Foto D.R.P.)

ALMERÍA HOY / 12·07·2026

La imagen es de las que encogen el corazón y explican, sin necesidad de palabras, lo que a veces resulta incomprensible sobre el papel. Una lengua de fuego, voraz e implacable, apunta por completo a una granja de cabras en El Marchal de Lubrín. Frente a esa amenaza, dos hombres se resisten a mirar hacia otro lado. El viernes 10 de julio, alrededor de las diez y media de la noche, la Guardia Civil detuvo al propietario de la explotación y a su empleado por desatender la orden de evacuación y negarse a abandonar las instalaciones cuando las llamas se acercaban velozmente.

En situaciones límite, la prioridad absoluta de las fuerzas de seguridad es, indiscutiblemente, salvaguardar las vidas humanas, un principio ante el cual no cabe discusión ni polémica. Sin embargo, detrás del rigor de los protocolos existe una realidad profundamente humana que, en este caso, se sustenta sobre la base de la experiencia y la previsión. Para estos dos hombres, la decisión de quedarse no fue un acto de rebeldía vacía ni un arrebato irracional, sino la ejecución serena de un plan de contingencia por parte de profesionales que conocen a la perfección el terreno que pisan.

Lejos de actuar por un impulso insensato, su resistencia se apoyó en la solidez de una infraestructura y unos conocimientos preparados para la adversidad. La granja no era una ratonera, sino un auténtico refugio dotado con doscientos mil litros de agua almacenados y numerosos puntos de toma dispuestos para el abastecimiento de los bomberos. Además, por la propia actividad de la explotación, el perímetro de seguridad se encontraba absolutamente limpio de vegetación, lo que eliminaba el riesgo de propagación inmediata. Ninguno de los dos se expusieron de manera temeraria, sino que concentraron sus esfuerzos en mojar el único punto más cercano al almacén de forraje y el propio alimento del ganado para evitar que las pavesas iniciaran un foco interno.

La explotación alberga setecientas cabras lecheras, animales que no están destinados al sacrificio, sino que han sido criados desde su nacimiento en un entorno natural y tranquilo. Son el motor económico de sus vidas, pero también seres vivos con los que existe un vínculo diario de cuidado y apego.

Gracias a las condiciones de seguridad y aislamiento del propio refugio, el ganado apenas sufrió estrés por el fuego exterior. La legislación actual suele poner el foco en la protección de los animales de compañía más comunes, como perros o gatos, pero el desvelo y el afecto por los animales de granja responde a la misma condición humana de defensa de la vida, una defensa que este hombre conoce bien, pues es propietario de otra explotación y ambas ya se vieron afectadas por los incendios de 2025. En aquella ocasión, su negativa a evacuar y su conocimiento del manejo de maquinaria adecuada permitieron trazar cortafuegos que salvaron no solo sus dos mil quinientas cabras, sino también varios cortijos, numerosas hectáreas de terreno y explotaciones apícolas de la zona, demostrando que los productores locales pueden ser un apoyo vital para los medios de extinción.

Este impulso por proteger el entorno cobra aún más sentido ante la devastación general que provocan estos desastres, donde lamentablemente han podido desaparecer incontables animales silvestres y domésticos, como tortugas, conejos y aves, devorados por la fuerza del fuego.

“La narrativa mediática suele reducir estas acciones a un acto impulsivo de salvamento, una etiqueta que puede resultar equivalente a la insensatez cuando se carece de preparación”, como muy bien explica este ganadero. Sin embargo, el suceso de El Marchal de Lubrín deja tras de sí el testimonio de dos profesionales que conciliaban la urgencia del momento con la serenidad, la experiencia y la disposición de medios autónomos. Desde su perspectiva, la decisión de permanecer en el lugar no fue una temeridad, sino una actitud sensata y calculada para salvar la naturaleza y lo que da sentido a su día a día.