CARMENES, el cazaplanetas de Calar Alto detecta por primera vez el campo magnético de un exoplaneta


Representación artística de la interacción estrella (GJ 436) - exoplaneta (GJ 436 b). Créditos: IAA-CSIC/LampScience

ALMERÍA HOY / 26·06·2026

Los campos magnéticos desempeñan un papel fundamental en la habitabilidad de los planetas. En la Tierra, el campo magnético actúa como un escudo frente al viento solar y contribuye a la evolución de su atmósfera, una condición clave para la existencia de vida. Sin embargo, detectar y medir estos campos magnéticos en planetas situados fuera del sistema solar sigue siendo uno de los grandes retos de la astronomía.

Ahora, un estudio publicado en la revista Science y liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) demuestra, por primera vez de manera concluyente, que un planeta puede influir directamente en el comportamiento de su estrella. Este hallazgo aporta la evidencia más sólida hasta la fecha de la existencia de un campo magnético en un exoplaneta.

“En particular, hemos observado que GJ 436 b, un exoplaneta similar a Neptuno que orbita muy cerca de su estrella, provoca cambios regulares en el brillo y la energía que emite la estrella en ciertas longitudes de onda”, explica Daniel Revilla, investigador del IAA-CSIC que lidera el estudio en el marco de su tesis doctoral.

Además, al analizar cómo y cuándo se producen estas variaciones en la estrella, el equipo ha logrado estimar por primera vez la intensidad del campo magnético de un planeta de este tipo, abriendo una nueva vía para estudiar las propiedades y la habitabilidad de mundos más allá del sistema solar.

CAMPOS MAGNÉTICOS MÁS ALLÁ DEL SISTEMA SOLAR

La presencia de un campo magnético puede influir en la evolución de un planeta, ya que, al modular la interacción entre el viento estelar y la atmósfera planetaria, condiciona procesos relacionados con su habitabilidad. La Tierra es un ejemplo de ello. Marte, por el contrario, perdió hace miles de millones de años su intenso campo magnético global, lo que contribuyó a la pérdida progresiva de su atmósfera y, con ella, de gran parte del agua que albergaba en el pasado. Conocer si los exoplanetas poseen campos magnéticos, por tanto, es una cuestión clave para evaluar su potencial habitabilidad.

En este contexto, el estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) ha analizado dieciséis años de observaciones espectroscópicas de alta resolución del sistema GJ 436, una estrella de baja masa alrededor de la cual orbita GJ 436 b, un planeta similar a Neptuno que orbita muy cerca de su estrella. Los resultados aportan nuevas claves sobre la presencia de campos magnéticos en mundos situados más allá del sistema solar.

“Hasta hace poco se pensaba que era principalmente la estrella la que influía en el planeta, pero nuestros resultados aportan la evidencia más clara hasta la fecha de algo que ya se venía sospechando: que también puede ocurrir lo contrario y que un planeta cercano puede alterar el entorno de su estrella”, señala Rafael Luque, investigador del IAA-CSIC que participa en el estudio.

Los resultados muestran que, aunque las estrellas suelen dominar la relación con sus planetas a través de su gravedad, radiación y campo magnético, un planeta que orbita muy cerca de su estrella también puede influir en ella. En el caso de GJ 436 b, esta interacción deja señales observables que han permitido inferir la existencia y la intensidad de su campo magnético.

Representación artística de la alteración de la actividad magnética detectada en la estrella GJ 436 en un fenómeno similar al que originan las auroras. Créditos: IAA-CSIC/LampScience


Las observaciones, obtenidas con los espectrógrafos CARMENES en Calar Alto y HARPS en Canarias, revelan que el campo magnético de GJ 436 b interactúa con el de su estrella e inyecta energía en la cromosfera, una de las capas altas de su atmósfera, aumentando su actividad. Este proceso genera un fenómeno comparable al de las auroras terrestres, pero a escala estelar.

UN PERIODO CLAVE

La interacción entre el planeta y la estrella no se observa de forma continua. El fenómeno solo se ha detectado en 2008, 2016 y 2024, tres episodios separados por intervalos de ocho años. Esta periodicidad coincide con el ciclo de actividad magnética de GJ 436, lo que sugiere que la interacción se vuelve especialmente intensa —o más fácil de detectar— cuando la estrella atraviesa determinadas fases de su ciclo magnético.

La comparación de estas observaciones con modelos teóricos ha permitido al equipo estimar una propiedad extremadamente difícil de medir en un exoplaneta: la intensidad de su campo magnético. “A pesar de su menor tamaño, GJ 436 b tendría un campo magnético entre 2,33 y 27 veces más intenso que el de Júpiter”, señala Pedro J. Amado, coautor del trabajo e investigador del IAA-CSIC.

Este resultado abre una oportunidad única para estudiar los campos magnéticos de planetas situados fuera del sistema solar. Su análisis permite conocer mejor cómo conservan sus atmósferas, cómo es su estructura interna y cómo evolucionan a lo largo del tiempo.

“Hasta ahora medir el campo magnético de un exoplaneta era extremadamente difícil. Esta propiedad es clave para saber si un planeta puede proteger su atmósfera y, en última instancia, si podría llegar a albergar vida”, concluye Daniel Revilla.