![]() |
| Mujer actual de la tribu Jarawa haciendo uso de sus dientes para tensar el arco |
ALMERÍA HOY / 24·04·2026
Una investigación de la Universidad de Granada, cuyos hallazgos se detallan la revista Journal of Archaeological Science, ha transformado el yacimiento de Los Milanes, en Abla, en una pieza clave para entender la vida cotidiana de hace 5.000 años. Como indica EFE, el estudio de más de 1.400 piezas dentales revela que las comunidades del sureste peninsular utilizaban su boca como una herramienta de trabajo especializada, dejando cicatrices permanentes en el esmalte que hoy permiten reconstruir su organización social.
El equipo científico, en el que participan expertos como Marina Lozano y Sylvia A. Jiménez-Brobeil, identificó en los incisivos y caninos de los restos almerienses unos surcos profundos y un pulido del esmalte que no coinciden con los patrones de alimentación. Estas huellas son el resultado directo de usar la dentadura como una "tercera mano". Durante años, los individuos sujetaban y tensaban fibras de esparto, lino o cáñamo con los dientes mientras sus manos trenzaban los hilos, convirtiendo el gesto de tejer en una marca física imborrable.
La investigación destaca que esta práctica no era universal, sino que estaba ligada estrictamente al sexo. Mediante el análisis de la amelogenina, una proteína del esmalte que diferencia biológicamente a hombres y mujeres de forma más resistente que el propio ADN, se determinó que solo las mujeres presentaban este desgaste profesional. Este patrón se mantuvo constante desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce, lo que sugiere que la actividad textil en la Almería prehistórica era un rasgo de identidad femenina que se transmitía de generación en generación.
Este descubrimiento sitúa a la necrópolis de Los Milanes como un referente arqueológico fundamental. La excelente conservación de las piezas dentales en este enclave almeriense, junto con las del yacimiento de Panoría en Granada, ha permitido confirmar que el trabajo con fibras vegetales no era una tarea ocasional, sino una función socialmente asignada a las mujeres que definía su existencia y su posición dentro del grupo hace cinco milenios.
El equipo científico, en el que participan expertos como Marina Lozano y Sylvia A. Jiménez-Brobeil, identificó en los incisivos y caninos de los restos almerienses unos surcos profundos y un pulido del esmalte que no coinciden con los patrones de alimentación. Estas huellas son el resultado directo de usar la dentadura como una "tercera mano". Durante años, los individuos sujetaban y tensaban fibras de esparto, lino o cáñamo con los dientes mientras sus manos trenzaban los hilos, convirtiendo el gesto de tejer en una marca física imborrable.
La investigación destaca que esta práctica no era universal, sino que estaba ligada estrictamente al sexo. Mediante el análisis de la amelogenina, una proteína del esmalte que diferencia biológicamente a hombres y mujeres de forma más resistente que el propio ADN, se determinó que solo las mujeres presentaban este desgaste profesional. Este patrón se mantuvo constante desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce, lo que sugiere que la actividad textil en la Almería prehistórica era un rasgo de identidad femenina que se transmitía de generación en generación.
Este descubrimiento sitúa a la necrópolis de Los Milanes como un referente arqueológico fundamental. La excelente conservación de las piezas dentales en este enclave almeriense, junto con las del yacimiento de Panoría en Granada, ha permitido confirmar que el trabajo con fibras vegetales no era una tarea ocasional, sino una función socialmente asignada a las mujeres que definía su existencia y su posición dentro del grupo hace cinco milenios.

