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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Ante la imposibilidad de que las autoridades políticas cubran las necesidades de seguridad de los ciudadanos, estos, en su deseo de una mayor tranquilidad en sus barrios y viviendas, han decidido en Roquetas de Mar, montar unas patrullas contra los okupas. Con todo, los políticos que nos gobiernan, o que alegan que hablan en nuestro nombre, aunque solo puedan presumir de derrota tras derrota, dirán que la ocupación con K no existe, que es un invento de la derecha facha.
Las patrullas no son un invento de estos días. En la provincia se ha vivido momentos en los que hubo que crear patrullas para que cuidaran de las cosechas, único sustento de aquellas familias, y que eran, y siguen siendo asaltadas, robadas y vendidas en mercadillos, a veces a pocos kilómetros de donde fueron sustraídas. Hoy escribimos sobre las creadas en Roquetas, pero se han dado conatos de otros municipios, y no por la ocupación de casas o fincas, pero sí por las oleadas de robos que venían sufriendo los vecinos, y a los que nadie les ponía remedio.
El sino del ministro Marlaska, con K, como los okupas, que han hecho saltar las alarmas en Roquetas, es que va a ser de nuevo el que haga recuperar una figura perdida en el tiempo: la patrulla vecinal. Escopeta de caza al hombro, vara de almendro en la mano y a defender lo que estos políticos del tres al cuarto no son capaces de hacer. A veces pienso que lo que ocurre es que no quieren, les vienen bien los miedos de la gente a perder sus casas, sus cosechas, la seguridad de sus barrios, y son más dóciles, más siervos ante lo que mandan ellos. Si de verdad quisieran, si estuvieran por la tranquilidad y la paz de los ciudadanos, lo tienen fácil, más números de policías en las calles cuidando de la gente. ¿Que no tienen dinero? Unos cuantos miles de políticos al paro, que para lo que hacen, y con ese dinero, seguridad en las calles, en los barrios, en los pueblos, en las ciudades. Las patrullas de Roquetas contra la ocupación lo que vienen a demostrar es el fracaso de José María Martín al frente de la seguridad de Almería. Dirá el hombre, y se esconderá, que es lo único que saben hacer, en que las políticas las marca el gobierno central. Ese gobierno central que lo tiene a él como vocero de las políticas que están arruinando el campo, que roban a los ciudadanos con alevosía en sus propias casas, que se llevan parte de las ganancias de sus cosechas, y que a la primera de cambio te okupan la vivienda en cuanto un fin de semana digas de salir a casa de un familiar.
Las patrullas de Roquetas es un mal precedente, como lo fueron en su día las organizadas, y que dieron más de un quebradero de cabeza a las autoridades de entonces, con el agravante para las de hoy, que la tranquilidad reina cada vez menos entre nosotros, y que en barras de bares de los pueblos olvidados, dejados, abandonados por la Guardia Civil (de los políticos mejor que nos olvidemos) ya se hablaba de formarlas. Quiera o no quiera el señor Martín, patrullas como las actuales vienen a darle la razón al presidente de la diputación. Están ustedes desmantelando la seguridad de Almería y de los almerienses. Pero no parece importarles mucho.
Las patrullas no son un invento de estos días. En la provincia se ha vivido momentos en los que hubo que crear patrullas para que cuidaran de las cosechas, único sustento de aquellas familias, y que eran, y siguen siendo asaltadas, robadas y vendidas en mercadillos, a veces a pocos kilómetros de donde fueron sustraídas. Hoy escribimos sobre las creadas en Roquetas, pero se han dado conatos de otros municipios, y no por la ocupación de casas o fincas, pero sí por las oleadas de robos que venían sufriendo los vecinos, y a los que nadie les ponía remedio.
El sino del ministro Marlaska, con K, como los okupas, que han hecho saltar las alarmas en Roquetas, es que va a ser de nuevo el que haga recuperar una figura perdida en el tiempo: la patrulla vecinal. Escopeta de caza al hombro, vara de almendro en la mano y a defender lo que estos políticos del tres al cuarto no son capaces de hacer. A veces pienso que lo que ocurre es que no quieren, les vienen bien los miedos de la gente a perder sus casas, sus cosechas, la seguridad de sus barrios, y son más dóciles, más siervos ante lo que mandan ellos. Si de verdad quisieran, si estuvieran por la tranquilidad y la paz de los ciudadanos, lo tienen fácil, más números de policías en las calles cuidando de la gente. ¿Que no tienen dinero? Unos cuantos miles de políticos al paro, que para lo que hacen, y con ese dinero, seguridad en las calles, en los barrios, en los pueblos, en las ciudades. Las patrullas de Roquetas contra la ocupación lo que vienen a demostrar es el fracaso de José María Martín al frente de la seguridad de Almería. Dirá el hombre, y se esconderá, que es lo único que saben hacer, en que las políticas las marca el gobierno central. Ese gobierno central que lo tiene a él como vocero de las políticas que están arruinando el campo, que roban a los ciudadanos con alevosía en sus propias casas, que se llevan parte de las ganancias de sus cosechas, y que a la primera de cambio te okupan la vivienda en cuanto un fin de semana digas de salir a casa de un familiar.
Las patrullas de Roquetas es un mal precedente, como lo fueron en su día las organizadas, y que dieron más de un quebradero de cabeza a las autoridades de entonces, con el agravante para las de hoy, que la tranquilidad reina cada vez menos entre nosotros, y que en barras de bares de los pueblos olvidados, dejados, abandonados por la Guardia Civil (de los políticos mejor que nos olvidemos) ya se hablaba de formarlas. Quiera o no quiera el señor Martín, patrullas como las actuales vienen a darle la razón al presidente de la diputación. Están ustedes desmantelando la seguridad de Almería y de los almerienses. Pero no parece importarles mucho.


