![]() |
| .. |
PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Los resultados que han ofrecido las elecciones en Castilla-León han demostrado una cuestión, que en política se pierde cuando se abre una guerra, y Vox la tiene abierta desde hace unos meses entre ellos mismos. No es tiempo de mudanza cuando se está de campaña electoral, los de Vox no se amilanado, y se han dedicado en las últimas semanas a cortar cabezas entre su militancia. Y cabezas visibles, de las que te pueden hacer un roto, como se puede ver en los resultados obtenidos por este partido.
Gota a gota se llena el vaso, es cierto. Y a eso se agarran los pregoneros de Vox ante ese escaño sumado, pero las expectativas que se habían levantado tras Extremadura y Aragón han quedado algo rezagadas. Y en el Pp ya hablan de que han conseguido parar la subida, que le han demostrado a Vox el techo. En política todos los análisis tienen una parte de realidad. Los resultados del domingo dan pie a que todos se sientan felices. Sube el Pp, supe el Psoe, sube Vox. Los tres grandes partidos felices y contentos. Nadie ha perdido. Todos defienden los resultados obtenidos, pero, el Psoe no se acerca al poder en Castilla León, el Pp podrá decir que sigue fuerte y mandando en esta comunidad, y en Vox que ellos tienen la llave que da la mayoría a los populares. Se reparten la tarta, que no dejan de ser los sueldos del parlamento y demás alegrías, y todos satisfechos.
En Vox le pueden echar la culpa a las ardillas de Alvise, que con ese casi dos por ciento logrado, habrían llegado a ese tan esperado veinte por ciento, y que con esos votos le ha quitado en torno a dos o tres escaños que han ido a parar al Psoe. ¿Y por qué se dos por ciento para “Se acabó la fiesta”? Parece evidente que han sido votos que estaban cercanos a Vox, y que se han marchado por la guerra intestina que asola en estos días al partido de Abascal. Si algo se ha visto claramente en estos tiempos de campaña, es, como los grandes medios se han dedicado a magnificar lo que estaba ocurriendo en la guerra de Vox. Pero fueron ellos los que la iniciaron, y los que la han llevado hasta sus últimas consecuencias en medio de una campaña. La pregunta sería: ¿Van a continuar?
El Pp puede cantar milongas, pero no tiene la mayoría, y volverá a estar en manos de lo que decida Vox. Y es de esperar que los de Abascal se decidan de una vez a participar en la gobernación de las comunidades, que es lo que le están pidiendo los ciudadanos. Pero no es cuestión de que sea solo Vox el que se deje en esas negociaciones sus principios, el Pp debe pensar que en los acuerdos todos se tienen que dejar algo sobre la mesa. En las últimas horas hablan desde el Pp como si lo hubieran ganado todo, y que no se equivoquen, no han ganado la mayoría para gobernar, que es a lo que todo partido debe jugar cuando se presenta a unas elecciones.
En el Psoe dan la impresión de que han salvado los muebles. Y si analizan los resultados, ha tenido la suerte de los votos de Alvise en algunas provincias, y la desaparición de todo el panorama político de la llamada extrema izquierda, que ha preferido quedarse en el socialismo. Pero el domingo se fueron a dormir felices y satisfechos. Imagino que los de Vox, si queda alguno sensato en el sanedrín, intentará poner remedio ante la sangría que la guerra interna le está produciendo. Las guerras se pierden. Siempre.
Gota a gota se llena el vaso, es cierto. Y a eso se agarran los pregoneros de Vox ante ese escaño sumado, pero las expectativas que se habían levantado tras Extremadura y Aragón han quedado algo rezagadas. Y en el Pp ya hablan de que han conseguido parar la subida, que le han demostrado a Vox el techo. En política todos los análisis tienen una parte de realidad. Los resultados del domingo dan pie a que todos se sientan felices. Sube el Pp, supe el Psoe, sube Vox. Los tres grandes partidos felices y contentos. Nadie ha perdido. Todos defienden los resultados obtenidos, pero, el Psoe no se acerca al poder en Castilla León, el Pp podrá decir que sigue fuerte y mandando en esta comunidad, y en Vox que ellos tienen la llave que da la mayoría a los populares. Se reparten la tarta, que no dejan de ser los sueldos del parlamento y demás alegrías, y todos satisfechos.
En Vox le pueden echar la culpa a las ardillas de Alvise, que con ese casi dos por ciento logrado, habrían llegado a ese tan esperado veinte por ciento, y que con esos votos le ha quitado en torno a dos o tres escaños que han ido a parar al Psoe. ¿Y por qué se dos por ciento para “Se acabó la fiesta”? Parece evidente que han sido votos que estaban cercanos a Vox, y que se han marchado por la guerra intestina que asola en estos días al partido de Abascal. Si algo se ha visto claramente en estos tiempos de campaña, es, como los grandes medios se han dedicado a magnificar lo que estaba ocurriendo en la guerra de Vox. Pero fueron ellos los que la iniciaron, y los que la han llevado hasta sus últimas consecuencias en medio de una campaña. La pregunta sería: ¿Van a continuar?
El Pp puede cantar milongas, pero no tiene la mayoría, y volverá a estar en manos de lo que decida Vox. Y es de esperar que los de Abascal se decidan de una vez a participar en la gobernación de las comunidades, que es lo que le están pidiendo los ciudadanos. Pero no es cuestión de que sea solo Vox el que se deje en esas negociaciones sus principios, el Pp debe pensar que en los acuerdos todos se tienen que dejar algo sobre la mesa. En las últimas horas hablan desde el Pp como si lo hubieran ganado todo, y que no se equivoquen, no han ganado la mayoría para gobernar, que es a lo que todo partido debe jugar cuando se presenta a unas elecciones.
En el Psoe dan la impresión de que han salvado los muebles. Y si analizan los resultados, ha tenido la suerte de los votos de Alvise en algunas provincias, y la desaparición de todo el panorama político de la llamada extrema izquierda, que ha preferido quedarse en el socialismo. Pero el domingo se fueron a dormir felices y satisfechos. Imagino que los de Vox, si queda alguno sensato en el sanedrín, intentará poner remedio ante la sangría que la guerra interna le está produciendo. Las guerras se pierden. Siempre.

