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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
28 de febrero. Día de Andalucía. Momento cumbre para hablar de las “lenguas y hablas” andaluzas.
¿Y por qué no de las almerienses? Eso, eso, de las almerienses, Chiqui, de las almerienses.
Alejandro Rojas Marcos, de gran recuerdo en el andalucismo granadino de hace algunos años, ya convenció al presidente Moreno Bonilla de que hay que hacer una ley sobre el “habla” andaluza. Y el hombre se puso a ello. Siempre hay algunos compañeros a los que se les puede dar un puesto de trabajo en ese estudio y posterior ley, se diría el presidente andaluz, que, al haber nacido en Cataluña, tiene muy claro la que se puede liar con un idioma propio, en este caso con un “habla” singular como la nuestra, a la hora de crear puestos de trabajo. Hasta ahora, cada vez que una comunidad política española ha reivindicado su forma de expresarse, hemos visto crecer el interés de unos cuantos políticos y amigos de estos por esos puestos a crear y manipular.
Como por la vieja Andalucía estamos a pocos meses de unas elecciones, la todavía ministra de hacienda, nuestra muy querida Chiqui Montero, acaba de anunciar que, si gana la presidencia del convento sevillano, si la hacemos abadesa del mismo, sacará una ley sobre las lenguas andaluzas, imagino que se debe referir a las distintas “hablas” andaluzas, la única lengua que hablamos, es el castellano o español. No me he equivocado en el plural. Si Rojas Marcos y el actual prior del convento reivindican el “habla”, ella, la Montero, las lenguas. Las “hablas”, Chiqui, que se registran desde nuestra Almería y hasta la lejana Huelva.
Se ríen de ella, pobre mía. Unos cientos de millones de seres que hablan castellano o español se rompen la caja estos días ante la salida de la ministra. ¡Dios, en qué manos estamos!
Ese grupo de Almerienses que viene defendiendo las cosicas de esta tierra, empezando por la forma de vestir a lo largo de la historia, y al que tenemos que agradecer que sean los únicos, y con pasión, que lo hagan, le veo exigiendo que se haga lo mismo con las lenguas almerienses, estaría mejor dicho “hablas”, y estarán en su derecho. No es lo mismo la de Adra, que la de Carboneras, la de Antas o la de Dalías, la de Albox con la de Roquetas. ¿Cuántas “hablas” o acentos se pueden estudiar en Andalucía? Cientos y cientos. ¿Cuántos puestos de trabajo va a crear la Chiqui si llega a abadesa? Miles, y miles. Acaba con el paro en dos días. Los andaluces dejamos la agricultura, la pesca, la ganadería, y nos dedicamos a estudiar las lenguas, “hablas” Chiqui, “hablas”, lengua solo hay una, de la región, a montar centros donde se estudien y aprendan.
No se me ha ocurrido a mí la gran idea de las “hablas” andaluzas y los puestos de laboreo que se pueden crear, por eso no soy político y ando de plumilla jubilao. No se rían, que no es para tomárselo a broma. Son seres de luz, políticos de lustre, los que nos ofrecen la oportunidad de aprender las diferentes lenguas, y dale con las lenguas, “hablas” andaluzas que discurren por la hermosa tierra que habitamos y que nos van a abrir las puertas de un nuevo y mejor pagado empleo. Ya no hace falta aprender inglés, para qué el francés, y menos el ruso, el italiano casi lo entendemos. Ahora tenemos que aprender las “lenguas o hablas” andaluzas, ah, y el chino, que estos vienen pisando fuerte.
Pd. Enséñenme la lengua.
¿Para qué?
Estamos haciendo un estudio, previo a una ley, para saber cómo tienen la lengua los andaluces.
Vale.
Usted la tiene geográfica, su señora fisurada y su hijo vellosa. Pero tienen los diecisiete músculos. Y no padecen candidiasis. En su familia tienen la lengua perfecta.
¿Y por qué no de las almerienses? Eso, eso, de las almerienses, Chiqui, de las almerienses.
Alejandro Rojas Marcos, de gran recuerdo en el andalucismo granadino de hace algunos años, ya convenció al presidente Moreno Bonilla de que hay que hacer una ley sobre el “habla” andaluza. Y el hombre se puso a ello. Siempre hay algunos compañeros a los que se les puede dar un puesto de trabajo en ese estudio y posterior ley, se diría el presidente andaluz, que, al haber nacido en Cataluña, tiene muy claro la que se puede liar con un idioma propio, en este caso con un “habla” singular como la nuestra, a la hora de crear puestos de trabajo. Hasta ahora, cada vez que una comunidad política española ha reivindicado su forma de expresarse, hemos visto crecer el interés de unos cuantos políticos y amigos de estos por esos puestos a crear y manipular.
Como por la vieja Andalucía estamos a pocos meses de unas elecciones, la todavía ministra de hacienda, nuestra muy querida Chiqui Montero, acaba de anunciar que, si gana la presidencia del convento sevillano, si la hacemos abadesa del mismo, sacará una ley sobre las lenguas andaluzas, imagino que se debe referir a las distintas “hablas” andaluzas, la única lengua que hablamos, es el castellano o español. No me he equivocado en el plural. Si Rojas Marcos y el actual prior del convento reivindican el “habla”, ella, la Montero, las lenguas. Las “hablas”, Chiqui, que se registran desde nuestra Almería y hasta la lejana Huelva.
Se ríen de ella, pobre mía. Unos cientos de millones de seres que hablan castellano o español se rompen la caja estos días ante la salida de la ministra. ¡Dios, en qué manos estamos!
Ese grupo de Almerienses que viene defendiendo las cosicas de esta tierra, empezando por la forma de vestir a lo largo de la historia, y al que tenemos que agradecer que sean los únicos, y con pasión, que lo hagan, le veo exigiendo que se haga lo mismo con las lenguas almerienses, estaría mejor dicho “hablas”, y estarán en su derecho. No es lo mismo la de Adra, que la de Carboneras, la de Antas o la de Dalías, la de Albox con la de Roquetas. ¿Cuántas “hablas” o acentos se pueden estudiar en Andalucía? Cientos y cientos. ¿Cuántos puestos de trabajo va a crear la Chiqui si llega a abadesa? Miles, y miles. Acaba con el paro en dos días. Los andaluces dejamos la agricultura, la pesca, la ganadería, y nos dedicamos a estudiar las lenguas, “hablas” Chiqui, “hablas”, lengua solo hay una, de la región, a montar centros donde se estudien y aprendan.
No se me ha ocurrido a mí la gran idea de las “hablas” andaluzas y los puestos de laboreo que se pueden crear, por eso no soy político y ando de plumilla jubilao. No se rían, que no es para tomárselo a broma. Son seres de luz, políticos de lustre, los que nos ofrecen la oportunidad de aprender las diferentes lenguas, y dale con las lenguas, “hablas” andaluzas que discurren por la hermosa tierra que habitamos y que nos van a abrir las puertas de un nuevo y mejor pagado empleo. Ya no hace falta aprender inglés, para qué el francés, y menos el ruso, el italiano casi lo entendemos. Ahora tenemos que aprender las “lenguas o hablas” andaluzas, ah, y el chino, que estos vienen pisando fuerte.
Pd. Enséñenme la lengua.
¿Para qué?
Estamos haciendo un estudio, previo a una ley, para saber cómo tienen la lengua los andaluces.
Vale.
Usted la tiene geográfica, su señora fisurada y su hijo vellosa. Pero tienen los diecisiete músculos. Y no padecen candidiasis. En su familia tienen la lengua perfecta.


