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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
En lo que se puede entender como primer acto de la campaña de Moreno Bonilla en Almería de cara a las elecciones de junio, aparte de inauguraciones de colegios, el presi nos habló de quince millones para el hospital de Torrecárdenas. Sabemos la caña que la oposición le está dando al Pp con el tema sanitario. Parte de ese dinero para 700 camas nuevas. En medio de la polémica que se viene produciendo en estos días entre el sector médico y la ministra, con huelgas, protestas y manifestaciones, el presidente andaluz viene con unos millones de euros para cambiar viejas camas. Está bien.
Anécdotas aparte surgidas, y que pueden llenar un libro, como la que le ocurrió hace unos días a una cuñada, creo que todos somos conscientes de que el servicio médico-sanitario que tenemos en España es de primera calidad. Si de algo nos quejamos los usuarios no es del personal que nos cuida, que nos parece inmejorable, tampoco de las camas que hemos probado por obligación, que suben y bajan con alegría, como en aquella famosa película de Mario Moreno “Cantinflas”. Tampoco es para quejarse demasiado de la comida que te ofrecen. Pierdes unos kilos durante tu estancia en Torrecóndenas o similar, pero eso se le viene de perlas al cuerpo serrano que se nos queda tras tu paso por el citado centro hospitalario.
¿De qué se queja entonces, vamos, dígalo de una vez?
Qué prisa tiene usted. De entrada, me uno, reivindico y apoyo todo lo que piden los médicos. Las guardias de 24 horas me parecen una barbaridad. Los sueldos no parecen los justos ante la responsabilidad que tienen en la salud de nuestra sociedad. No me pidan una solución, no conozco a fondo el problema, pero imagino que algún técnico deberá tener la ministra que le diga lo que de verdad ocurre en el sector. Estoy con ellos, los hombres y mujeres que cuidan y protegen nuestra salud, con una vocación indudable, que es lo que tenemos que valorar y agradecer.
Vamos a la protesta.
Del servicio que nos ofrecen el SAS solo me quejo de las habitaciones. Lo hice hace algún tiempo, y se lo recordaré siempre que me dé la oportunidad la visita del presidente y su consejero, a contarnos alegrías sobre hospitales, en este caso nos hablaban de camas, setecientas más, nuevas, y sin que les suenen los muelles. ¿Y de las habitaciones qué? Un presidente, mentiroso como casi todos los que han pasado hasta ahora, prometió, ¡embustero hasta las trancas! que si ganaba habría una cama en cada habitación de hospital en Andalucía. Ganó aquellas elecciones, y las siguientes, pero se olvidó lo de una cama en cada habitación. A Moreno Bonilla no se lo he oído todavía, por lo que no espero ver cumplida esa aspiración.
En esas pequeñas habitaciones de hospital, dos camas, dos enfermos, dos sillones, dos visitantes, cuatro ronquidos en la noche, no deja de ser una vergüenza, se ponga como se ponga el político de turno.
Así qué, menos políticos viviendo a costa de nuestros impuestos, menos subvenciones a tantas ongs que no salen de sus despachos, a sindicatos y patronales, y más habitaciones en los hospitales. Queremos una cama por habitación. Exigimos una cama por habitación, y vamos a ir quitando sueldos vitalicios a tantos expresidentes de los reinos de taifas que hemos creado desde el 78.
Ya está, ya me he quejao.
El cuerpo se me ha quedao más tranquilo, pero no servirá de nada. Seguirá aumentando el número de políticos y sus sueldos y en las habitaciones seguirán dos camas para los ciudadanos, eso sí, siempre que no sean políticos, para ellos ya les buscará el director puesto a dedo un apaño. ¡Piratas!
Anécdotas aparte surgidas, y que pueden llenar un libro, como la que le ocurrió hace unos días a una cuñada, creo que todos somos conscientes de que el servicio médico-sanitario que tenemos en España es de primera calidad. Si de algo nos quejamos los usuarios no es del personal que nos cuida, que nos parece inmejorable, tampoco de las camas que hemos probado por obligación, que suben y bajan con alegría, como en aquella famosa película de Mario Moreno “Cantinflas”. Tampoco es para quejarse demasiado de la comida que te ofrecen. Pierdes unos kilos durante tu estancia en Torrecóndenas o similar, pero eso se le viene de perlas al cuerpo serrano que se nos queda tras tu paso por el citado centro hospitalario.
¿De qué se queja entonces, vamos, dígalo de una vez?
Qué prisa tiene usted. De entrada, me uno, reivindico y apoyo todo lo que piden los médicos. Las guardias de 24 horas me parecen una barbaridad. Los sueldos no parecen los justos ante la responsabilidad que tienen en la salud de nuestra sociedad. No me pidan una solución, no conozco a fondo el problema, pero imagino que algún técnico deberá tener la ministra que le diga lo que de verdad ocurre en el sector. Estoy con ellos, los hombres y mujeres que cuidan y protegen nuestra salud, con una vocación indudable, que es lo que tenemos que valorar y agradecer.
Vamos a la protesta.
Del servicio que nos ofrecen el SAS solo me quejo de las habitaciones. Lo hice hace algún tiempo, y se lo recordaré siempre que me dé la oportunidad la visita del presidente y su consejero, a contarnos alegrías sobre hospitales, en este caso nos hablaban de camas, setecientas más, nuevas, y sin que les suenen los muelles. ¿Y de las habitaciones qué? Un presidente, mentiroso como casi todos los que han pasado hasta ahora, prometió, ¡embustero hasta las trancas! que si ganaba habría una cama en cada habitación de hospital en Andalucía. Ganó aquellas elecciones, y las siguientes, pero se olvidó lo de una cama en cada habitación. A Moreno Bonilla no se lo he oído todavía, por lo que no espero ver cumplida esa aspiración.
En esas pequeñas habitaciones de hospital, dos camas, dos enfermos, dos sillones, dos visitantes, cuatro ronquidos en la noche, no deja de ser una vergüenza, se ponga como se ponga el político de turno.
Así qué, menos políticos viviendo a costa de nuestros impuestos, menos subvenciones a tantas ongs que no salen de sus despachos, a sindicatos y patronales, y más habitaciones en los hospitales. Queremos una cama por habitación. Exigimos una cama por habitación, y vamos a ir quitando sueldos vitalicios a tantos expresidentes de los reinos de taifas que hemos creado desde el 78.
Ya está, ya me he quejao.
El cuerpo se me ha quedao más tranquilo, pero no servirá de nada. Seguirá aumentando el número de políticos y sus sueldos y en las habitaciones seguirán dos camas para los ciudadanos, eso sí, siempre que no sean políticos, para ellos ya les buscará el director puesto a dedo un apaño. ¡Piratas!

