¿Qué mecanismo mental puede llevar a un negro, a votar a alguien que menosprecia a los negros? ¿Qué justificación puede tener que una mujer vote a alguien que ningunea a las mujeres?
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MARIO SANZ CRUZ
Hace unos días, hemos añadido un nuevo agente peligroso a nuestro, ya complicado, Mundo. Parece ser que no teníamos bastante con que Rusia la gobierne un elemento dictatorial como Putin, que los Estados Unidos estén dirigidos por un enfermo mental, que Venezuela este desgobernada por un chalao, que Turquía esté secuestrada por otro dictadorcillo, que varios países de la Unión Europea estén cayendo en manos de ultraderechistas y populistas, etc., etc., todos ellos elegidos democráticamente. Así que, para no perder la línea, los brasileños han sido igual de listos que los demás, y han acabado eligiendo a Bolsonaro, un tipo más que peligroso, que no hay por dónde coger.
¿Qué mecanismo mental puede llevar a un negro, a votar a alguien que menosprecia a los negros? ¿Qué justificación puede tener que una mujer vote a alguien que ningunea a las mujeres? ¿Qué pasará por la cabeza de un descendiente de emigrantes para votar a alguien que desprecia a los emigrantes? ¿Qué persona,en su sano juicio, puede votar a un personaje que predica la violencia, la discriminación, que tiene como objetivo hacer desaparecer los beneficios sociales, que fomenta la diferencia de clases, que deja el campo libre al capital más salvaje y no quiere saber nada de derechos laborales ni derechos humanos?
Teóricamente no hay quién lo entienda, pero eso sucede todos los días, en Brasil, en otros muchos países del mundo y, también, en España. No lo entendemos pero acabamos votándoles mayoritariamente y siendo culpables del problema.
Parece que no nos acordamos de lo que ha pasado a través de la historia, ni de los clarificadores versos de Martin Niemöller, que muchas veces han sido atribuidos a Bertolt Brecht:
Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar.
Ahora podrían quedar así:
Cuando despreciaron a los pobres,
yo les voté y eso que era pobre.
Cuando despreciaron a los negros,
yo les voté, y eso que era negro.
Cuando despreciaron a las mujeres,
yo les voté, y eso que era mujer.
Cuando despreciaron a los emigrantes,
yo les voté, y eso que era hijo de emigrantes.
Cuando hablaron de represaliar a los que no pensaban como ellos,
yo les voté.
Cuando ganaron las elecciones vinieron a por todos nosotros,
y eso que éramos los que les habíamos votado.
Estaba en nuestro programa, dijeron.
Y tenían razón.
¿Qué mecanismo mental puede llevar a un negro, a votar a alguien que menosprecia a los negros? ¿Qué justificación puede tener que una mujer vote a alguien que ningunea a las mujeres? ¿Qué pasará por la cabeza de un descendiente de emigrantes para votar a alguien que desprecia a los emigrantes? ¿Qué persona,en su sano juicio, puede votar a un personaje que predica la violencia, la discriminación, que tiene como objetivo hacer desaparecer los beneficios sociales, que fomenta la diferencia de clases, que deja el campo libre al capital más salvaje y no quiere saber nada de derechos laborales ni derechos humanos?
Teóricamente no hay quién lo entienda, pero eso sucede todos los días, en Brasil, en otros muchos países del mundo y, también, en España. No lo entendemos pero acabamos votándoles mayoritariamente y siendo culpables del problema.
Parece que no nos acordamos de lo que ha pasado a través de la historia, ni de los clarificadores versos de Martin Niemöller, que muchas veces han sido atribuidos a Bertolt Brecht:
Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar.
Ahora podrían quedar así:
Cuando despreciaron a los pobres,
yo les voté y eso que era pobre.
Cuando despreciaron a los negros,
yo les voté, y eso que era negro.
Cuando despreciaron a las mujeres,
yo les voté, y eso que era mujer.
Cuando despreciaron a los emigrantes,
yo les voté, y eso que era hijo de emigrantes.
Cuando hablaron de represaliar a los que no pensaban como ellos,
yo les voté.
Cuando ganaron las elecciones vinieron a por todos nosotros,
y eso que éramos los que les habíamos votado.
Estaba en nuestro programa, dijeron.
Y tenían razón.

