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Buscando árboles centenarios


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RAFAEL MONTES*

Hay que ser muy atrevido, bueno realmente muy inconsciente, para que un concejal de un pueblo que lucha contra la despoblación intente su minuto de gloria en medios de comunicación lanzando las campanas al vuelo contra una empresa porque ha talado unos árboles. Árboles de su finca recién adquirida para preparar ese terreno de cara a arrancar su producción después de más de 20 años abandonada.

Ni es mi intención defender a la empresa ni tampoco generar animadversión alguna frente a quienes han intentado parar las obras, pero sí es interesante utilizar este ejemplo para poner sobre la mesa que no todo vale en política, y que una cosa es sentarse en un escaño del Parlamento Europeo y otra muy distinta en la modesta silla de un salón de plenos de un pueblo.

Quienes estamos más cerca de los ciudadanos tenemos la obligación de ser conscientes de las reacciones que pueden suscitar nuestras acciones, de las consecuencias, porque de pequeños gestos pueden derivarse enormes movimientos.

En Fiñana se denunciaba la tala de árboles supuestamente centenarios por parte de un señor que quiere construir unos invernaderos. Pero claro, denuncia un concejal del mismo partido (PP) que ya ha anunciado que va a arrancar de raíz los árboles de la plaza del Ayuntamiento de la ciudad de Almería ¿De locos? Yo creo que sí.

Verán, en Fiñana tenemos un proyecto de polígono industrial, digamos que estamos en proceso de espera porque sencillamente no hay empresas a la vista que se quieran instalar en esas parcelas. Vamos que si llegan tres que dicen que vienen y crean unos poquitos puestos de trabajo, cojo yo mismo un pico y una pala y me pongo a urbanizar la zona aunque sea tirando de voluntarios. Eso no quiere decir que arrojemos la toalla, solamente digo que la casa no la podemos empezar por el tejado.

Tal es así que, para que se hagan una idea, hemos reconvertido el viejo mercado de abastos en el que ya no había carnicerías, pescaderías ni puestos de productos de la huerta, para instalar a jóvenes emprendedores que han apostado por su pueblo con una peluquería o cualquier otro pequeño comercio. De hecho, la experiencia ha sido tan positiva que los puestos que quedan libres los vamos a poner en circulación en el mismo régimen de alquiler. Barato, muy barato, pero no tan caro como tener ese espacio cerrado a cal y canto.

Si una empresa quiere instalar invernaderos en Fiñana no le vamos a poner alfombras rojas porque posiblemente ese dinero lo necesitemos para mejorar alguna instalación deportiva, pero obviamente lo que no vamos a hacer es ponerle piedras en el camino cuando nos vienen como agua de mayo esos tres o cinco puestos de trabajo que pueda generar en el pueblo.

Los políticos municipales de pueblos que estamos amenazados por el virus de la despoblación no tenemos otro remedio que convertirnos en comerciales de nuestro pueblo, promotores de emprendedores y animadores de cualquier actividad, porque entre otros muchos motivos ésa es la única manera que tenemos de que la gente vuelva a confiar en el modelo político y en quienes dedicamos a ello nuestro tiempo y esfuerzo.

Pido coherencia, cordura y que no se meta el dedo en las narices de los pueblos, cuando no hay valor suficiente para hacer lo mismo en cualquier capital. Es decir, cordura y saber donde se está, si en Fiñana o en Bruselas capital.

*Rafael Montes es alcalde de Fiñana