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Origen de las Fiestas de San Cleofás en Vera

¿Por qué este santo de nombre singular es el patrón de Vera? La respuesta se encuentra en el rico pasado histórico de esta antigua ciudad


Don Juan de Austria. Detalle del óleo de Juan Pantoja de la Cruz

PEDRO LÓPEZ SOLER*
ALMERÍA HOY / 22·09·2019

¿Por qué este santo de nombre singular es el patrón de Vera? La respuesta se encuentra en el rico pasado histórico de esta antigua ciudad, cuyo origen se remonta a la Baria fenicia, cartaginesa y romana, que tuvo su primer asentamiento en la actual Villaricos, y que a mediados del siglo IX, ya en la época musulmana, se trasladó al Cerro del Espíritu Santo, viviendo una etapa de desarrollo y esplendor como baluarte fronterizo nazarí frente a los cristianos del reino de Castilla, asentados en la ciudad de Lorca.

Fueron 250 años de relaciones fronterizas, entre nazaríes y castellanos, alternándose periodos de paz y de guerra, hasta que el 10 de junio de 1488, en el marco de la ofensiva final de los Reyes Católicos contra el sultanato de la Alhambra, a través de las Capitulaciones con el rey Fernando de Aragón, Vera y su Tierra pasan a depender de la Corona de Castilla, determinándose que sería ciudad de realengo ocupada por tropas y repobladores cristianos, siendo desalojados los habitantes musulmanes, que pasaron a formar un nuevo núcleo de población, en lo que hoy se conoce como la localidad de Antas.

Sin embargo la rendición de Boabdil el 2 de enero de 1492 y la entrega de Granada a los Reyes Católicos, no supuso el punto final del Islam en el solar hispano, pues las Capitulaciones acordadas con las distintas villas y ciudades nazaríes a lo largo de los diez años de guerra sostenida (de 1482 hasta 1492), garantizaba la supervivencia de las costumbres, cultura y religión islámica según el modelo de tolerancia y convivencia entre cristianos y mudéjares, que rigió en los distintos territorios peninsulares durante la Baja Edad Media.

El cumplimiento de las Capitulaciones, en apenas 8 años se demostró imposible por el latente antagonismo entre las dos comunidades, y en el año 1501, tras sofocar el levantamiento de los mudéjares del Albaicín, los Reyes Católicos impusieron la conversión forzosa al cristianismo para aquéllos que no quisieran emigrar, adquiriendo la población musulmana la condición de “moriscos”, que viene a significar “cristianos nuevos de moros”, consecuencia indudable de las nuevas disposiciones de la Corona castellana.

A pesar de esos acontecimientos, entre 1500 y 1566, el oro y la plata moriscos consiguieron que la Monarquía Católica aplazara todas las medidas de asimilación cultural en cuanto a vestimentas, zambras, lengua y práctica secreta del Islam, y de esta manera, la importante población musulmana del antiguo emirato nazarí (en torno a unas 150.000 personas), que poblaba amplias zonas rurales de las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, siendo mayoritarios en muchos lugares y territorios, como era el caso de la comarca de Vera, logró conservar su identidad cultural y religiosa dedicada principalmente al cultivo de los campos, a la artesanía y al comercio.

Pero a finales de la década de 1560, la situación cambiaría radicalmente, pues la tolerancia de la Monarquía Católica llegó a su fin influida por el notable incremento de la amenaza del Imperio Turco en el Mediterráneo Occidental, apoyado por sus correligionarios berberiscos del Norte de África, cuyas actividades piráticas constituían un azote y amenaza permanente en las costas andaluzas; por todo ello, Felipe II adoptó la severa Pragmática de 1566, que acabó de un plumazo con cualquier vestigio o recuerdo de la cultura y la religión islámica, prohibiendo todas sus manifestaciones (vestidos, fiestas, costumbres...), otorgando un plazo de tres años (que finalizaba en diciembre de 1568) para que tales medidas asimiladoras se llevasen a puro y debido cumplimiento.

NAVIDADES DE SANGRE

El rechazo de las alegaciones formuladas por los notables moriscos granadinos (Núñez Muley) originó la violenta rebelión de las poblaciones moriscas, dando lugar a las llamadas “navidades de sangre” de diciembre de 1568, con el inicio de la llamada “Guerra de las Alpujarras”, lideradas por el carismático caudillo D. Hernando de Válor, más conocido por su nombre islamizado Abén Humeya, que logró incendiar a lo largo de poco más de dos años de guerra, todas las serranías de Andalucía Oriental desde Ronda hasta los Filabres y Valle del Almanzora, consiguiendo mantener en vilo al entonces ejército más poderoso del mundo que, finalmente, tuvo que poner en escena, ante esa rebelión de animosos campesinos, a los famosos Tercios Viejos de Nápoles capitaneados por el hermanastro de Felipe II, Don Juan de Austria.

Esta cruel guerra, tuvo unos efectos y un impacto especial en la ciudad de Vera, que ya era Vera la Nueva, en su asentamiento actual, pues la ciudad medieval del Cerro del Espíritu Santo había quedado totalmente arrasada por el terrible terremoto del 9 de noviembre de 1518.

En el verano de 1569, los moriscos alpujarreños eran dueños y señores de amplias franjas de territorio, en particular en la sierra de Los Filabres y Valle del Almanzora, constituyendo las ciudades de realengo de Mojácar y Vera auténticas “islas” cristianas en un proceloso y muy peligroso océano de moriscos, ante cuyas poblaciones se encontraban en una clara situación de inferioridad numérica, pese a contar a su favor con una mejor preparación del elemento militar.

Para el reyezuelo de Válor, la guerra estaba en su momento decisivo y, o bien conseguía la ansiada ayuda exterior de sus correligionarios islámicos de allende, o bien tendría la partida perdida ante la potencia militar del rey Felipe II; era imprescindible por tanto, abrir una vía marítima para que llegase la ayuda turca y berberisca: Vera y sus playas, era su opción más solvente de lograr.

Adoptada esta estratégica decisión, Abén Humeya consiguió reunir un importante contingente de combatientes moriscos en el Almanzora, decididos a todo para la toma de Vera la Nueva, a la que puso cerco el domingo 25 de septiembre de 1569, día de San Cleofás, a las 8 de la mañana, y se extendió a lo largo de 11 horas, hasta las 7 de la tarde.

Comenzó con la llegada de Abén Humeya al frente de más de 12.000 moros y equipado también con dos pequeñas piezas de artillería de bronce, que quedaron inutilizadas al reventar una y ser herido el artillero de la otra. Pero Vera, con unos 1.200 residentes, se encontraba apercibida y bien abastecida para resistir el asedio, habiendo acordado un sistema de alerta con la vecina ciudad de Lorca, resultando imprescindible destacar las figuras de los dos Alcaldes Mayores: Agustín Méndez Pardo por parte veratense, y Huerta Sarmiento por la lorquina, ambos con una acreditada experiencia militar.

El sitio veratense es conocido en Lorca por las ‘ahumadas’, siendo confirmado a las 12 con la llegada de un escudero veratense, Francisco Soler, procediendo el Alcaide lorquino a dar el rebato y formar el alarde con todas las milicias disponibles, que partieron hacia Vera (970 infantes y 80 caballos) sobre las tres de la tarde, llegando a las inmediaciones de la ciudad levantina al alba del lunes 26 de septiembre; si bien Vera, ante la posibilidad del auxilio murciano, había sido descercada por Abén Humeya la tarde anterior, tomando la vuelta del lugar de Las Cuevas, con el fin de levantar a los moriscos que la habitaban y hacer todo el daño posible a las huertas pertenecientes al señorío del Marqués de Los Vélez, D. Luis Fajardo, gran enemigo del adalid morisco, pues lo derrotó en las batallas de Berja y en su misma patria chica: Válor.

VERA VENCE A HUMEYA

La victoria sobre Abén Humeya y el levantamiento del asedio, fue muy celebrado por los veratenses, disponiendo el Cabildo correr el toro de la ciudad, hacer juegos de cañas y alcancías y la celebración de fiestas de Moros y Cristianos, y siendo el día 25 de septiembre, San Cleofás, proclamar al bendito varón como Patrón de la ciudad, pues su valiosa ayuda impidió la perdición y cautiverio de todos los veratenses, infundiendo coraje y fe en los sitiados para resistir el furioso ataque de las fuerzas de la Media Luna.

Desde entonces, desde aquel ya lejano año de 1569, los veratenses, cada 25 de septiembre, vienen honrando a su Santo Patrón, San Cleofás, uno de los caminantes de Emaús, según el relato de San Lucas y figura muy relevante en la doctrina cristiana, siendo uno de los pocos escogidos para el encuentro con el Resucitado, al que reconoció al partir el pan. También de alguna manera, los pobladores de la ciudad de Vera, volvieron de nuevo a nacer, con el levantamiento del cerco por parte de las huestes de los sublevados moriscos.

* Secretario Ayuntamiento de Vera y de la Asociación Moros y Cristianos de Vera.