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Leyenda de la Campana de Huesca


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ADOLFO PÉREZ

Corría la primera mitad del siglo XII en la España cristiana medieval, tiempo en que en Aragón reinaron Alfonso I el Batallador, su hermano Ramiro II el Monje y la hija de éste, Petronila. Mientras, la España musulmana hacía cien años que se había disgregado en numerosos reinos de taifas. Lo mismo que sucedía en los demás reinos cristianos, los reyes de Aragón tuvieron que pugnar con una nobleza rebelde y levantisca, poco menos que independiente, lo que suponía un verdadero dolor de cabeza para los monarcas. En ese ambiente indómito de la nobleza le tocó reinar a Ramiro II el Monje, protagonista de la leyenda de la campana de Huesca, el título de hoy.

El rey Alfonso I el Batallador (1104 – 1134), también rey de Pamplona, heredó el reino de Aragón de su hermano Pedro I (1094 – 1104). Su única esposa fue doña Urraca, reina de Castilla y León, mujer inteligente y enérgica, voluble y egoísta, frívola y caprichosa, con la que tuvo muchas desavenencias, incapaz de secundar los planes de su marido. Alfonso I intervino activamente en los asuntos de Castilla y León, pero tropezó con serias dificultades que le hicieron desistir. La situación se le complicó cuando Roma declaró nulo su matrimonio con doña Urraca por el parentesco entre ambos, junto con el cansancio que le producían las liviandades de ella (amancebada con un conde y con hijos fuera del matrimonio), hicieron que el rey se enajenara de Castilla y León (1114) y se marchara a Aragón sin que volviera a pisar el reino de su mujer.

A partir de entonces se dedicó a la Reconquista, que con él marcó uno de sus momentos culminantes. Intentó liberar a los mozárabes oprimidos en Andalucía para lo que llevó a cabo una osada expedición al corazón de los dominios musulmanes (1125 – 1126). Partió de Zaragoza y por el levante peninsular, pasó por Lorca, Vera, valle del Almanzora, llegó hasta Lucena (aquí obtuvo un gran triunfo) y Córdoba desde donde regresó con más de diez mil mozárabes para repoblar tierras conquistadas. Derrotado en el sitio de Fraga (1134), murió días después en una tienda de campaña. Alfonso I el Batallador engrandeció y organizó el reino de Aragón. Como no dejó herederos legó sus reinos a las órdenes militares de los templarios y hospitalarios de San Juan de Dios, testamento que, por absurdo, no se cumplió. A su muerte se separaron Aragón y Pamplona.

Al no cumplirse el descabellado testamento de Alfonso I, la asamblea de Jaca eligió como rey a Ramiro II el Monje (1134 – 1137), hermano del monarca fallecido, que era monje benedictino y obispo de Pamplona y de Roda de Isábana; mientras que los navarros eligieron a García Ramírez, lo que ocasionó la guerra entre ambos. Dado el estado clerical de Ramiro, con órdenes religiosas, el papa lo dispensó para que se casara con Inés de Poitiers de la que tuvo su única hija, Petronila, a la que con menos de dos años desposó con Ramón Berenguer IV, conde Barcelona, que rozaba los treinta y cinco años, el cual tomó el nombre de príncipe de Aragón (1137). La boda se celebró trece años después y tuvieron cinco hijos. Entonces Ramiro II renunció al trono en favor de su hija, aunque conservó el título de rey, y se retiró al monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca.

De su reinado es la leyenda de la campana de Huesca, la cual dice que debido a la necesidad que tenía el rey de someter a los nobles levantiscos y afianzar la autoridad real, envió un emisario a su antiguo maestro del monasterio para pedirle consejo, el cual llevó al emisario al huerto y cortó las cabezas de las coles más sobresalientes, y le indicó al mensajero que dijera a su señor lo que había visto. Entonces el rey, con el pretexto de construir una campana cuyo sonido se oyera en todo el reino, reunió en su palacio de Huesca a los nobles rebeldes y decapitó a los doce más levantiscos, los demás salieron huyendo.



Como ha quedado escrito, a Ramiro II le sucedió su hija Petronila (1137 – 1162), casada con Ramón Berenguer IV, que gobernó en nombre de su mujer con el título de príncipe de Aragón. Con esta boda se unieron el reino de Aragón y el condado de Barcelona, quedando así constituida la Corona de Aragón.