Queremos un beso de Pedro


Juan Torrijos Una izquierda fresca y nueva
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PASEO ABAJO/Juan Torrijos

La española cuando besa es que besa de verdad. Toma ya. Y eso hacía Begoña en ese beso que le daba al presidente del gobierno. Me encantan los besos, que la gente se quiera, se bese, se abrace, es tan emotivo, tan profundamente hermoso. No lo creo cursi, que quieren que les diga. Yo entendí el beso entre Pedro y Begoña. Lo mismo era un beso de despedida ante el futuro que la justicia le pueda dar a Begoña una vez que pase el 29 de noviembre. Porque eso sí, los jueces, tan valientes algunos, tan cobardes otros, están retrasando el juicio de la esposa del enamorado, es de imaginar que se persigue que pasen las elecciones.

Por mucho beso, por mucho “te quiero” que nos ofrezca la pareja de enamorados, la foto durante la pre y la campaña de Begoña sentada ante un jurado popular no la quiere ver el sanchismo, y se entiende que sea así. Yo les comprendo. Es muy duro ver a la enamorada sentada durante la campaña ante la justicia. Y con ella no pueden hacer lo mismo que con Montse Mínguez (a tu casa), ella es la enamorada de Pedro, el símbolo del amor eterno entre la militancia sanchista, que sonreía beatíficamente, algunas con lágrimas en sus ojos, ante la demostración de amor de sus señoritos.

A algún divino de los que habitan Moncloa en horas de trabajo, se le ocurrió buscar la emotividad, la sensibilidad del beso. Ese beso que la española, cuando besa, es que besa de verdad. Y así vimos a Begoña. Y ante esa imagen de amor y de entrega se nos partió el corazón. Era una declaración de amor en público tan hermosa, tan elocuente, ante una España que asistía atónita a la gran puesta en escena por la pareja, que cuesta estar en contra de ella. Reitero que me encantan los besos y los abrazos. No pasa un día sin que se lo diga a mi Isolina: Te quiero, y el beso de cada mañana al despertar, dando gracias por un día más de regalo, el de la tarde, y no puede faltar el último del día, cuando la oscuridad ha manchado las calles tras la ventana. Por eso entiendo y estoy con Pedro a la hora de besar a su Begoña, incluso en público, y haciendo llorar de envidia a las mujeres les rodeaban.

Pero... Lo que no me parece bien es que ese beso a la española surja en medio de una campaña, ante unos militantes con el corazón roto por la emoción y una nación a la que le gustaría que los besos de su presidente fueran para todos los ciudadanos. Todos. Por ejemplo, los de Ceuta, los de Paiporta, los de Canarias, sin olvidar a los que les pagamos las juergas a sus comilitones, el falcon, los viajes y los palacios en los que viven. Para estos no hubo, no hay besos, ni declaraciones de amor en público. Son las cinco, no he comido, y si quieren algo que lo pidan. ¡Que nos bese, que nos bese! ¡Pedro, queremos un beso tuyo!