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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
No es una acampada por la vivienda la que se vive en la Plaza Circular de la capital, y lo saben los que allí pasan los días y las noches entre cervezas, calimochos y otros placeres. Es lograr lo que dijo en su día el hombre de las joyas, el que le robó a los almerienses, murcianos y alicantinos la llegada de agua del Ebro a sus campos a un periodista: Necesitamos ruido, movidas en la calle. El ínclito Zapatero, hoy sumido, junto a su familia, en el berenjenal de la justicia por lo pasos andados.
El hermano de aquel periodista, fraile en algún momento de su vida, y con algún suceso que quisiera olvidar, hoy es el defensor del sanchismo, al igual que Tezanos, y ha llevado hasta el constitucional de otro sanchista (son como la bicha, está en todas las aguas), de nombre Pumpido, la decisión cautelar del supremo de comprobar parte de esos nietos que quieren colar por el puente de la hermana del ministro Puente. Si decide usted lanzarse al mar, seguro que el tiburón que le espera tiene carnet del sanchismo.
El señor Martín, el gobernador civil de la provincia donde vivimos, tiene claro que el “movimiento” de la represión y del miedo no se encuentra en estas movidas de los ocupas de las viviendas, los locales y las plazas públicas mandadas por el socialismo, o defendidas por él. Pero si usted y yo decidimos mañana, en aras de nuestra libertad, esa que ellos proclaman para los de la P. Circular, ocupar la calle Arapiles nos manda a sus secuaces de uniforme a levantar las tiendas, nos quitan las cervezas, el calimocho y otros placeres. Nos llevamos si nos oponemos algunos golpes de sus porras, (porras, no porros) y volvemos a casa con moratones en las costillas.
Eso no les va a suceder a los del actual campamento por mucho que se queje la alcaldesa, que apunta incluso en llegar a la justicia. Ellos son para el señor Martín el paradigma de la libertad, la honestidad y la democracia. Bien entendida esa democracia si a ellos, a los del sanchismo les beneficia, si no es así, es facherío que viene a quitar libertades. Don José María, algunas, como la de la ocupación de casas o vías públicas, gastarse el dinero público en putas y coca, colocar en las empresas del estado a queridas y sobrinas con derecho a roce, es de esperar que algún día, mediante el voto de los ciudadanos desaparezcan. Me parece que no están de acuerdo con estas medidas. ¿Por qué será? No espere alcaldesa que la justicia le de la razón, no parece que tengamos por estas tierras una Biedma que ponga el derecho de todos los ciudadanos por encima de unos cuantos que solo están cumpliendo la orden dada en su día desde Moncloa de allanar y violentar las calles con sus tiendas, su suciedad y su hipocresía ante el tema de la vivienda durante la precampaña, y si es posible, llegar a la campaña.
Con todas las viviendas que prometió a lo largo de los años que lleva en el gobierno ¿cuántas ha construido Pedro en estos ocho años en nuestra provincia? Pero no se molesten, la acampada seguirá contra la oposición, los buitres y grandes tenedores, como es el caso de la familia de la socialista Montse Mínguez y cía. Tranquilos, no se les caerá la cara de vergüenza.
El hermano de aquel periodista, fraile en algún momento de su vida, y con algún suceso que quisiera olvidar, hoy es el defensor del sanchismo, al igual que Tezanos, y ha llevado hasta el constitucional de otro sanchista (son como la bicha, está en todas las aguas), de nombre Pumpido, la decisión cautelar del supremo de comprobar parte de esos nietos que quieren colar por el puente de la hermana del ministro Puente. Si decide usted lanzarse al mar, seguro que el tiburón que le espera tiene carnet del sanchismo.
El señor Martín, el gobernador civil de la provincia donde vivimos, tiene claro que el “movimiento” de la represión y del miedo no se encuentra en estas movidas de los ocupas de las viviendas, los locales y las plazas públicas mandadas por el socialismo, o defendidas por él. Pero si usted y yo decidimos mañana, en aras de nuestra libertad, esa que ellos proclaman para los de la P. Circular, ocupar la calle Arapiles nos manda a sus secuaces de uniforme a levantar las tiendas, nos quitan las cervezas, el calimocho y otros placeres. Nos llevamos si nos oponemos algunos golpes de sus porras, (porras, no porros) y volvemos a casa con moratones en las costillas.
Eso no les va a suceder a los del actual campamento por mucho que se queje la alcaldesa, que apunta incluso en llegar a la justicia. Ellos son para el señor Martín el paradigma de la libertad, la honestidad y la democracia. Bien entendida esa democracia si a ellos, a los del sanchismo les beneficia, si no es así, es facherío que viene a quitar libertades. Don José María, algunas, como la de la ocupación de casas o vías públicas, gastarse el dinero público en putas y coca, colocar en las empresas del estado a queridas y sobrinas con derecho a roce, es de esperar que algún día, mediante el voto de los ciudadanos desaparezcan. Me parece que no están de acuerdo con estas medidas. ¿Por qué será? No espere alcaldesa que la justicia le de la razón, no parece que tengamos por estas tierras una Biedma que ponga el derecho de todos los ciudadanos por encima de unos cuantos que solo están cumpliendo la orden dada en su día desde Moncloa de allanar y violentar las calles con sus tiendas, su suciedad y su hipocresía ante el tema de la vivienda durante la precampaña, y si es posible, llegar a la campaña.
Con todas las viviendas que prometió a lo largo de los años que lleva en el gobierno ¿cuántas ha construido Pedro en estos ocho años en nuestra provincia? Pero no se molesten, la acampada seguirá contra la oposición, los buitres y grandes tenedores, como es el caso de la familia de la socialista Montse Mínguez y cía. Tranquilos, no se les caerá la cara de vergüenza.

