¿De quién es el agua?


Juan Torrijos Una izquierda fresca y nueva
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PASEO ABAJO/Juan Torrijos

Acabó la feria de Madrid, y ha vuelto la realidad en las voces de nuestros agricultores: ¡Agua! Nos falta agua para nuestros campos. De quién es el agua en España es la pregunta nos venimos haciendo desde la llegada de la democracia, allá por la lejana década de los setenta del siglo pasado. Lo que ha llovido desde entonces, y no parece que haya sido para bien, cuando hasta una mujer de izquierdas como Manuela Carmena, la que fuera alcaldesa de Madrid, reconociera que en lo tocante a la vivienda la dictadura franquista lo había hecho mucho mejor que lo que nos ha ofrecido la democracia nacida en el 78 a lo largo de estos años. En el apartado del agua hubo un momento con la puesta en marcha del PHN en el que parecía que la tan necesaria para la vida seguía siendo de todos y cada uno de los españoles. Porca miseria la nuestra.

Triste sino el de las ilusiones de los regantes cuando Zapatero, por orden de los catalanes del Psc, sus socios secesionistas en Cataluña, manifestaron que el agua del Ebro era suya, solo suya, y que ni una gota para regar los campos alicantinos, murcianos o almerienses. Los españoles, gracias a un socialista como Zp, de los que tienen poco y dan mucho (sinvergüenza) comprobamos que el agua dejaba de ser patrimonio de todos para convertirse en moneda de cambio política entre los partidos y sus necesidades.

Viene a cuento de la última posición del alcalde de Banamaurel, Juan Francisco Torregrosa Martínez, también del Psoe, en la que se ha posicionado en contra de que el agua del Negratín llegue a estas tierras. De trasvase ni hablar. Lo mismo que dijeron los catalanes, lo mismo. El agua del Negra es nuestra, lo dice este andaluz, ¡anda, si resulta que es andaluz! que no es catalán: del agua del Negra, ni una gota para Almería. Con un par, sí señor.

Uno puede entender a un alcalde, y si es del Psoe y le han dicho en Sevilla o en Madrid que para Almería que es del Pp, ni una gota de agua. Pero eso nos lleva a la pregunta del millón y que se anuncia en el título.

¿De quién coño (perdón) es el agua? ¿De quién los pozos, ríos, pantanos?

Antiguamente, si en la tierra de uno abría un pozo y la encontraba, bendiciones, era suya. Hoy los pozos los tiene controlados el gobierno de turno, con el agravante de que esos gobiernos los manejan los partidos, y ahí entran los politiqueos de unos señores que solo quieren mantener el poder a costa de lo que sea, y si hablamos de agua, se hace lo necesario, ventana de Oberton puesta en marcha para que el vecino se conciencie de que el agua no sale de su pozo, río o pantano camino del vecino, por muy bien que nos llevemos con él.

Lo han logrado. Hoy los ciudadanos, en lo tocante al agua, estamos divididos, y no solo por ideologías, han conseguido que nos enfrentemos por el agua, por la vivienda, por la memoria, por Ceuta, por las comunidades y hasta por las provincias, los pueblos y los anejos. Hoy, hasta los cuñados son mal vistos en la cena de navidad como no sea de nuestra forma de pensar. Mañana ¿qué será?

Y del agua ¿qué? Eso es lo que nos preguntamos. ¿Qué va a pasar con ella?