Las farmacias


Juan Torrijos Una izquierda fresca y nueva
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PASEO ABAJO/Juan Torrijos

Desde hace seis años, más o menos, nos acercábamos a la polémica de las farmacias en los pequeños pueblos del interior de la provincia. ¿Ha cambiado en algo? Seguimos igual, y empeorando en algunos de ellos. La botica en los municipios pequeños de Almería está dejando de ser una forma de sacarse un sueldo con el que mantener una familia. El problema de los genéricos, unido a que cada día son menos los habitantes en los mismos, les está haciendo la vida imposible a muchos boticarios de estos pueblos. Nos alegra que en Benizalón estén de enhorabuena. Abrir una farmacia en un pueblo pequeño es ofrecerles cierta tranquilidad sanitaria a los vecinos. Los boticarios se vienen convirtiendo en los grandes sanitarios del pueblo.

Recordamos lo que en su día se estuvo hablando en la prensa de Alcudia, se contaba hace años, pero nadie decía nada de otros pueblos que estaban y están viviendo la misma situación. Los genéricos se inventaron para que los gobiernos ahorraran dinero en la factura farmacéutica, y lo lograron, pero a costa de los enfermos que no ven en los genéricos indios, chinos o coreanos los beneficios en su enfermedad sobre los que han venido tomando durante estos años.

Son tan baratos, tan baratos que a céntimos cuentan los beneficios en las farmacias. Menos mal que hay cientos de medicamentos que la Seguridad Social ha sacado del servicio gratuito y que durante el invierno supone un beneficio para la botica. Un respiro y poco más. En los pueblos se conocen y están hasta las narices de algunos de esos médicos militantes-políticos que desgraciadamente se han empeñado en que tomes genéricos, aunque no te sirvan para nada, o que no lleguen a cumplir lo que otros medicamentos con nombre propio. Todo por el euro que hay que pagar a tanto político gandul como tenemos que mantener en este país, y para ello qué menos que sacar una parte de los enfermos con los famosos genéricos.

El apartado del abandono de los municipios por parte de los vecinos es el gran drama de las farmacias. Me perdonan la dureza, pero en lo tocante a la botica de pueblo no se lleva eso de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Vecino que fallece no se repone y la farmacia ve como se pierde un cliente para siempre. Hay que dar vida a los pueblos, que no se queden dormidos, dicen los políticos, esos que nos condenan al genérico, y se inventan planes en diputación, la junta y el gobierno de Madrid que no llegan nunca o que cuando lo hacen no soluciona el real problema que padece la pequeña población. Tres millones de diputación para el ayuntamiento de Roquetas. Diputación, cuya realidad debe ser, debería ser el futuro de los pueblos pequeños. Si ellos no se los toman en serio… ¿quién se los va tomar?

Se cierran farmacias por la tarde, se buscan alternativas los farmacéuticos, al igual que se cerraron cuarteles de la Guardia Civil, entidades bancarias, los médicos dos horas el día que toca, el cura cada quince días y hasta una taberna abierta empieza a ser un milagro. Sí, en esta España nuestra hay pueblos que se quedan sin curas, sin civiles, y hasta sin bares para que los viejos, los pocos que van quedando, jueguen al truco con la jarrilla del vino delante. El boticario tiene la alternativa de buscar una salida en otro municipio. ¿Nos dicen los señores políticos dónde tienen esa alternativa los viejos que van quedando en los pueblos? Para ustedes, está claro lo que quieren: la cajica y al hoyo. Les dejaríamos más tranquilos. ¿Es lo que están esperando? No, pues da la impresión de que es así.