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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
No se trata de que se dediquen los políticos a dar consejos abiertos a los ciudadanos, aunque este verano hemos visto al presidente y a algunos ministros aconsejando qué libros deberíamos leer durante las vacaciones. El españolito que las tuvo, porque hasta la prensa del régimen ha destacado lo bien que se estaba en casa con la nueva moda, de no salir de la ciudad, sin viajar a otros lugares, disfrutando de las calles y plazas de nuestro entorno diario. Pero el presidente y su familia, con sus amigos para que no se aburrieran, y con el dinero que les saca de los bolsillos a los ciudadanos, se dedicó a bucear en las aguas de Lanzarote con más escolta que los vecinos de Ceuta ante la invasión que sufrieron.
Me centro, que me voy por las ramas, y es que es tan vergonzoso lo de este gobierno, sus vacaciones, sus consejitos, sus mentiras sobre Ceuta, su falta de asumir responsabilidades, que cuesta trabajo, fuera ya de la feria y fiestas de nuestros pueblos, no volver sobre la existencia que estos políticos, y el uso que hacen de su poder. Pero me centro.
Lo de los consejos abiertos es algo que ha surgido en pueblos del interior de Castilla. No sé si la nueva o la vieja. Los vecinos de algunos de estos pequeños pueblos manifiestan sentirse ninguneados por los políticos que los gobiernan. No hay que fijarse en los castellanos, en la novísima, como quisieron llamar a Andalucía, el problema de los vecinos de los pueblos pequeños viene a ser el mismo. Cuatro familias políticas dominan el pueblo, y ahí están años y años, lustros y hasta décadas, con el mismo partido en el poder. Y ese poder se traduce en opacidad, en favores a una parte, en silencios y en no contestar a nada de lo que hacen, y menos cuando se trata de justificar ante los vecinos el dinero de las fiestas o de las cuchipandas entre los colegas del ayuntamiento, sus amigos y allegados que les interesa, algún alcalde invitado de municipios vecinos, algunos no tan cercanos.
Ante esa situación, los vecinos de ese pueblo burgalés, me acabo de acordar, han lanzado una idea, la de los consejos abiertos en los ayuntamientos. Que los plenos vienen siendo según ellos: “nos lo amasamos como nos da la gana por parte de los cuatro que vienen mandando en el pueblo”, y a los que se les está empezando a temer por parte del resto. Lo de que voten todos los vecinos, que hablen en esos consejos es un buen comienzo, pero deben entender los promotores de la idea que eso no lo van a lograr nunca, que tienen enfrente a las dos grandes formaciones políticas, y que la tercera, o la cuarta, si algún día llegan al poder, harán lo mismo que las dos primeras. Aquí se hace lo que digan mis cataplines, por decirlo con cierta suavidad.
Lo de, “yo me lo guiso, yo me lo como”, es la primera de las reglas de los políticos españoles. Es posible que en otros países no sea así, pero en el de la picaresca, en esta España de diecisiete reinos de taifas, cada una en contra de la otra, es lo que hemos aprendido, o lo que nos han enseñado. Y es para sentirlo. Los pequeños pueblos, los vaciados, no solo están abandonados en demasiados aspectos, es que los políticos que los gobiernan le tienen tomada la medida al vecindario: Miedo, amenazas, y hasta ver como las ayudas se van siempre para el mismo lado político de los que llevan la voz cantante en la corporación. Y cantan, aunque desafinen, solo para ellos.
Me centro, que me voy por las ramas, y es que es tan vergonzoso lo de este gobierno, sus vacaciones, sus consejitos, sus mentiras sobre Ceuta, su falta de asumir responsabilidades, que cuesta trabajo, fuera ya de la feria y fiestas de nuestros pueblos, no volver sobre la existencia que estos políticos, y el uso que hacen de su poder. Pero me centro.
Lo de los consejos abiertos es algo que ha surgido en pueblos del interior de Castilla. No sé si la nueva o la vieja. Los vecinos de algunos de estos pequeños pueblos manifiestan sentirse ninguneados por los políticos que los gobiernan. No hay que fijarse en los castellanos, en la novísima, como quisieron llamar a Andalucía, el problema de los vecinos de los pueblos pequeños viene a ser el mismo. Cuatro familias políticas dominan el pueblo, y ahí están años y años, lustros y hasta décadas, con el mismo partido en el poder. Y ese poder se traduce en opacidad, en favores a una parte, en silencios y en no contestar a nada de lo que hacen, y menos cuando se trata de justificar ante los vecinos el dinero de las fiestas o de las cuchipandas entre los colegas del ayuntamiento, sus amigos y allegados que les interesa, algún alcalde invitado de municipios vecinos, algunos no tan cercanos.
Ante esa situación, los vecinos de ese pueblo burgalés, me acabo de acordar, han lanzado una idea, la de los consejos abiertos en los ayuntamientos. Que los plenos vienen siendo según ellos: “nos lo amasamos como nos da la gana por parte de los cuatro que vienen mandando en el pueblo”, y a los que se les está empezando a temer por parte del resto. Lo de que voten todos los vecinos, que hablen en esos consejos es un buen comienzo, pero deben entender los promotores de la idea que eso no lo van a lograr nunca, que tienen enfrente a las dos grandes formaciones políticas, y que la tercera, o la cuarta, si algún día llegan al poder, harán lo mismo que las dos primeras. Aquí se hace lo que digan mis cataplines, por decirlo con cierta suavidad.
Lo de, “yo me lo guiso, yo me lo como”, es la primera de las reglas de los políticos españoles. Es posible que en otros países no sea así, pero en el de la picaresca, en esta España de diecisiete reinos de taifas, cada una en contra de la otra, es lo que hemos aprendido, o lo que nos han enseñado. Y es para sentirlo. Los pequeños pueblos, los vaciados, no solo están abandonados en demasiados aspectos, es que los políticos que los gobiernan le tienen tomada la medida al vecindario: Miedo, amenazas, y hasta ver como las ayudas se van siempre para el mismo lado político de los que llevan la voz cantante en la corporación. Y cantan, aunque desafinen, solo para ellos.

