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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
La madrugada de ayer, viernes, nos traía la noticia de lo que había sido la tarde-noche más dura, más grave de los últimos años en nuestra provincia. Pueblos como Los Gallardos, Arboleas o Antas habían pasado la noche sin dormir. Viendo como las llamas se acercaban a sus casas y cortijos, como se cerraban los caminos por donde escapar de un fuego que corría, impulsado por el viento, devastando todo lo que encontraba a su paso. Como se llevaba haciendas, pero lo más grave, como las mismas llegaban hasta hombres y mujeres que no pudieron escapar del horror del fuego.
El despertar del viernes nos traía la noticia de doce personas fallecidas, once vecinos de estos pueblos que perecieron en una de las muertes más horrible que se conoce, acosadas y quemadas vivas. Junto a los muertos, ocho personas heridas, cuatro con quemaduras muy graves, las restantes leves, y diecinueve ciudadanos más de los que no se tienen noticias. Pero las autoridades no descartaban a esa hora de la madrugada (cuando el sol del viernes, ajeno a lo que estaba ocurriendo en una parte de la provincia almeriense se asomaba con un nuevo y caluroso día), que se pudieran encontrar más fallecidos en caminos del interior o cortijos perdidos en la sierra, tras conocer el número de personas de las que no se tienen noticias.
No es momento, se dice, de hablar o escribir en caliente sobre la tragedia. Vale, pero ¿qué explicación sobre la tragedia se les cuenta a los familiares de los fallecidos y desaparecidos? ¿Cómo calmar el dolor de esas familias? Solo nos quedan las palabras, pero ¿hay palabras que puedan llenar la perdida de vecinos, amigos, familiares? La caída de una torreta eléctrica, nos cuentan, ha sido la causante de la tragedia, junto al viento reinante en la zona.
¿Cómo cayó, por qué, y dónde, para que el incendio se haya convertido en el más fiero de los que se han vivido en nuestra provincia? Son preguntas a las que tendrán que contestar las autoridades. Cuentan en los medios que están informando bien y puntualmente. Pero esa información ya no les sirve a las personas fallecidas, a las desaparecidas y a las que en estos momentos están entre la vida y la muerte en distintos centros hospitalarios de la comunidad. La respuesta ante la desgracia puede haber sido todo lo buena que nos quieran contar, pero, ¿se pudo evitar la misma? La caída del poste eléctrico y el viento aparecen como los culpables en las voces de los políticos. ¿Solo la caída y el viento? Dicen los técnicos que los incendios de verano se apagan en invierno. A lo largo del pasado se hizo algo en la zona, se trabajó en las sierras, en esos parajes para que la caída de un poste, o incluso el pirómano de turno, no hiciera el daño que han sufrido las familias nuestros pueblos. Uno piensa en lo que se le ha permitido hacer a ciertas ideologías en nuestras sierras, y hasta qué punto no creer que están siendo las culpables de la tragedia que está viviendo Almería.
Esperamos que nos saquen de nuestras dudas los responsables políticos andaluces de cuidar nuestros montes y sierras, esos que ayer tomaban posesión, pero no olvidemos que los últimos ocho años han sido los que debían protegerlos.
El despertar del viernes nos traía la noticia de doce personas fallecidas, once vecinos de estos pueblos que perecieron en una de las muertes más horrible que se conoce, acosadas y quemadas vivas. Junto a los muertos, ocho personas heridas, cuatro con quemaduras muy graves, las restantes leves, y diecinueve ciudadanos más de los que no se tienen noticias. Pero las autoridades no descartaban a esa hora de la madrugada (cuando el sol del viernes, ajeno a lo que estaba ocurriendo en una parte de la provincia almeriense se asomaba con un nuevo y caluroso día), que se pudieran encontrar más fallecidos en caminos del interior o cortijos perdidos en la sierra, tras conocer el número de personas de las que no se tienen noticias.
No es momento, se dice, de hablar o escribir en caliente sobre la tragedia. Vale, pero ¿qué explicación sobre la tragedia se les cuenta a los familiares de los fallecidos y desaparecidos? ¿Cómo calmar el dolor de esas familias? Solo nos quedan las palabras, pero ¿hay palabras que puedan llenar la perdida de vecinos, amigos, familiares? La caída de una torreta eléctrica, nos cuentan, ha sido la causante de la tragedia, junto al viento reinante en la zona.
¿Cómo cayó, por qué, y dónde, para que el incendio se haya convertido en el más fiero de los que se han vivido en nuestra provincia? Son preguntas a las que tendrán que contestar las autoridades. Cuentan en los medios que están informando bien y puntualmente. Pero esa información ya no les sirve a las personas fallecidas, a las desaparecidas y a las que en estos momentos están entre la vida y la muerte en distintos centros hospitalarios de la comunidad. La respuesta ante la desgracia puede haber sido todo lo buena que nos quieran contar, pero, ¿se pudo evitar la misma? La caída del poste eléctrico y el viento aparecen como los culpables en las voces de los políticos. ¿Solo la caída y el viento? Dicen los técnicos que los incendios de verano se apagan en invierno. A lo largo del pasado se hizo algo en la zona, se trabajó en las sierras, en esos parajes para que la caída de un poste, o incluso el pirómano de turno, no hiciera el daño que han sufrido las familias nuestros pueblos. Uno piensa en lo que se le ha permitido hacer a ciertas ideologías en nuestras sierras, y hasta qué punto no creer que están siendo las culpables de la tragedia que está viviendo Almería.
Esperamos que nos saquen de nuestras dudas los responsables políticos andaluces de cuidar nuestros montes y sierras, esos que ayer tomaban posesión, pero no olvidemos que los últimos ocho años han sido los que debían protegerlos.

