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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Fue una de las esperanzas e ilusiones de miles de almerienses, cuando se comentó en los medios que un cardenal nacido en esta tierra, tenía alguna papeleta para llegar al trono de Pedro. Llenamos las páginas y los comentarios con el nombre de Cristóbal López. Era como poner el nombre de Almería en lo más alto de la iglesia. Y hacía ilusión, te sintieras más o menos católico, más o menos cercano a la iglesia. No hicimos campaña a favor del paisano Cristóbal López, no era necesaria, pero más de una plegaria, musitada en silencio, debió llegar a las alturas desde las altas tierras de nuestra Almería, con el deseo de que el nuevo hombre vestido de blanco fuese nuestro cardenal.
Hoy se ha retirado de las luces y el boato de la purpura cardenalicia, se ha recluido a la espera de que la iglesia decida sobre una denuncia que se han recibido por parte de cinco mujeres, que lo acusan de abusos. Nadie está exento de que las voces se levanten en contra de una persona, lo vemos todos los días en la política, y más si la misma representa al mundo de la iglesia católica, como es el caso de nuestro cardenal.
A lo largo de la historia, y España no ha sido ajena a ello, se han producido denuncias contra el abuso del clero en jóvenes, niños y niñas, que ha tenido que ir reconociendo la propia iglesia, con cierto retraso, a veces demasiado, pero reconocidas han sido. No sabemos lo que piensa hacer en el futuro con el cardenal López, pero el daño ya está hecho. No ha sido un crío, han sido cinco mujeres adultas las que ponen en solfa la vida del cardenal. ¿Pueden ser denuncias falsas? Pueden. Pero también pueden ser denuncias a tener en cuenta, a investigar, como está haciendo, según la noticia, la propia curia romana.
No debe ser fácil para un católico ser cardenal en Rabat. Trabajar en un ambiente religioso hostil, como el que se vive en esa ciudad, no ha debido ser cómodo para el cardenal almeriense, y es posible que está pagando por ello. ¿Están pensando ustedes en una venganza contra un hombre entregado a la causa católica como Cristóbal López? No sería nada de extraño. Pero esas cinco denuncias han logrado apagar un faro de luz en esa ciudad. Esperemos que no sea por mucho tiempo, que la investigación iniciada en Roma acabe pronto, y que se le restituya al cardenal almeriense lo que para muchos de sus paisanos no ha perdido, la fe en su inocencia, en el trabajo que viene realizando en una ciudad como Rabat. Mucho nos gustaría que así fuera. El cardenal durante algunas semanas fue una luz almeriense, lejana, pero encendida entre Rabat y Roma.
Hoy se ha retirado de las luces y el boato de la purpura cardenalicia, se ha recluido a la espera de que la iglesia decida sobre una denuncia que se han recibido por parte de cinco mujeres, que lo acusan de abusos. Nadie está exento de que las voces se levanten en contra de una persona, lo vemos todos los días en la política, y más si la misma representa al mundo de la iglesia católica, como es el caso de nuestro cardenal.
A lo largo de la historia, y España no ha sido ajena a ello, se han producido denuncias contra el abuso del clero en jóvenes, niños y niñas, que ha tenido que ir reconociendo la propia iglesia, con cierto retraso, a veces demasiado, pero reconocidas han sido. No sabemos lo que piensa hacer en el futuro con el cardenal López, pero el daño ya está hecho. No ha sido un crío, han sido cinco mujeres adultas las que ponen en solfa la vida del cardenal. ¿Pueden ser denuncias falsas? Pueden. Pero también pueden ser denuncias a tener en cuenta, a investigar, como está haciendo, según la noticia, la propia curia romana.
No debe ser fácil para un católico ser cardenal en Rabat. Trabajar en un ambiente religioso hostil, como el que se vive en esa ciudad, no ha debido ser cómodo para el cardenal almeriense, y es posible que está pagando por ello. ¿Están pensando ustedes en una venganza contra un hombre entregado a la causa católica como Cristóbal López? No sería nada de extraño. Pero esas cinco denuncias han logrado apagar un faro de luz en esa ciudad. Esperemos que no sea por mucho tiempo, que la investigación iniciada en Roma acabe pronto, y que se le restituya al cardenal almeriense lo que para muchos de sus paisanos no ha perdido, la fe en su inocencia, en el trabajo que viene realizando en una ciudad como Rabat. Mucho nos gustaría que así fuera. El cardenal durante algunas semanas fue una luz almeriense, lejana, pero encendida entre Rabat y Roma.

