Los naranjitos


Juan Torrijos Una izquierda fresca y nueva
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PASEO ABAJO/Juan Torrijos

Todos pensamos, cuando apareció el citado nombre en el apartado de las mascarillas de la diputación de Almería, que se hablaba de aquel mítico muñeco que movió montañas durante un mundial de fútbol. Estos deben estar recordando, pensó uno, los momentos vividos durante aquellos días, Pero no era así, hablaban de mascarillas pagadas por dinero público, de mordidas recibidas por el político de turno, de dinero para sus bolsillos. El pasado jueves, la que podemos llamar banda del naranjito, ha iniciado su pase por el banquillo de la justicia. El primero en acudir era, según se ha conocido, el hombre del que yo, particularmente menos me lo esperaba. Pero no estuvo. Una enfermedad de su abogado ha pospuesto la declaración. Llegará su día.

Pensar que Fernando Giménez andaba metido en bandas, de naranjitos o mascarillas, me costaba creerlo, lo reconozco. Siempre he creído en los que profesan a lo largo de su vida un íntimo acercamiento a ciertos postulados, aunque reconozco que a mí no me han llegado, pero los admiraba y respetaba en aquellos que los sentían y los defendían. Le he gastado durante años más de una broma desde este rincón, por aquello, le decía, de que era uno de los que tenían ciertas influencias en las alturas. El único político que tenía, tras las aventuras de María Muñiz, esa posibilidad de influencia.

No le debió contestar el que anda entre las nubes, y si lo hizo a Fernando no le gustó lo que oyó, y el bueno de Giménez se dio con la dura realidad de lo que es la tierra y lo que en ella se juegan los políticos cuando se creen superiores al resto de los mortales, empezando por los que pagan sus soldadas mensuales a través de sus impuestos. Hay pequeños dioses en la tierra que hacen daño, y da la impresión de que Fernando se aferró a ellos. O mejor a él.

Fernando no declaró. Su abogado estaba enfermo. Que se mejore. De todos es conocido que en su alegato los denunciados pueden negar, mentir y todo aquello que le pueda servir para una inocencia de su trabajo ante la opinión pública. Por lo que habrá que esperar a la vista de las pruebas que se vayan conociendo y lo que decida el juez en su momento, que por ahora se nos alarga en el tiempo.

¿Qué hacemos mientras tanto los que pensamos en algún momento que Fernando era un hombre especial, que no sabíamos muy bien lo que hacía metido en la oscura política del partido? Solo queda la presunción de inocencia, y cada día, con los datos que han ido apareciendo, cuesta más trabajo hacerlo. Podemos quedarnos pensando en aquel naranjito futbolero, y que los goles respeten tu portería. Pero todo indica que la goleada no la vas a poder parar.

Y que me dicen ustedes de Oscar Liria. Se ha negado a declarar ante el juez. Está en su derecho, no vamos a negarle el mismo, estamos ante una sociedad garantista, pero suena y huele muy mal, Oscar, pero que muy mal. Está visto que en lo que a la corrupción se refiere, todos, los del Pp y los del Psoe, el mismo comportamiento tienen. Luego se quejan cuando decimos lo mucho que se parecen. Distintos collares. Solo eso.