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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
A la espera de que algún día se abra el puerto de verdad a los ciudadanos, y nos dejen de migajas, como pequeños gorriones a los que entretener, lo único que me llama la atención es la bandera de España que Rosario Soto ha ubicado mirando al mar.
No entiendo a aquellos que no quieren reconocer la historia (aunque se proclamen historiadores) de que la bandera que hoy llamamos de España, lleva unos cuantos siglos ondeando por mares y tierras tras el nombre de este país o nación. Puedo entender que los llamados nacionalistas, secesionistas o independentistas se amarren al invento de las suyas, están en su derecho, es la libertad a la hora de elegir. Que los republicanos sientan ilusión ante la bandera con el color morado de los Comuneros de Castilla, es respetable. Pero desde hace siglos, creo que aún no había nacido Franco, la actual bandera viene representando a los millones de españoles que nacieron, vivan o no en este país. Si usted vive entre nosotros y no se siente representado por esa bandera, no creo que le sentara mal hacer algún acto de reflexión. Y si se convence, siga con su mantra, y espero que nadie, nunca, le obligue y le condene a cambiar de opinión, como espero que usted tampoco lo haga con el resto de los ciudadanos que sí sienten esa bandera como suya y defienden unos históricos colores que llevan siglos sobre nuestra tierra.
Vamos al titular. “Rosario, y la bandera”. Se podría hacer con los noventa metros de bandera, vestidos para el resto de su existencia, pero no, ha preferido, por algo manda en el puerto de la ciudad, plantarla, alta, orgullosa y al viento ante los ojos de todos los almerienses. Estoy convencido de que, a la presidenta de la autoridad portuaria, Rosario Soto, pequeña y delgada, pero con un par, le están llamando “facha, franquista, extrema derecha, derecha extrema, fascista”, tras la decisión de izar la bandera de España, en el puerto de la ciudad. Esa bandera de doña Rosario se ha convertido en la más grande de la provincia y la segunda que ondea en Andalucía. No uno, con dos pares. Y eso, estoy convencido, algunos vecinos de los nuestros no se lo van a perdonar a la presidenta.
Imagino que cuando la señora Soto tomó la decisión de izar la bandera en el puerto donde domina y manda, sabía a lo que se exponía. Que la iban de poner de vuelta y media estaba claro, que lo menos que le iban a decir era lo de facha, y si no se atrevían en los medios escritos, las redes se van llenando, ante las oscuras firmas de los llamados trolls, con los mayores insultos contra “Rosario, la facha” desde el día en el que la bandera ondea bajo el cielo de Almería, empujada por los vientos de esta tierra.
Entiendo que los políticos mienten como bellacos, que se buscan excusas para tapar sus errores, que lo mismo es lo que está buscando don Rosario ante un puerto-ciudad que no colmará las ilusiones de los ciudadanos, piensen y crean lo que quieran, pero la exhibición de esa bandera no deja de ser una valentía ante una de las dos España que desde los tiempos de Zapatero se están enfrentando en este país. Entre los que quieren una España sin historia, y los que desean sentirse orgullosos de lo que fueron sus antepasados.
En la historia de la bandera que estamos viviendo me sitúo al lado de la presidenta de la autoridad portuaria. No estuve ese lunes en el que esos noventas metros de bandera ondearon por primera vez sobre el puerto almeriense, pero mi espíritu por allí andaba. Y ahora, señora Soto, a por el trabajo que queda por hacer. Un puerto para los almerienses, sin valla que los separe. El mismo coraje usado para esos noventa metros, y el mar puesto a los pies de la ciudad.
No entiendo a aquellos que no quieren reconocer la historia (aunque se proclamen historiadores) de que la bandera que hoy llamamos de España, lleva unos cuantos siglos ondeando por mares y tierras tras el nombre de este país o nación. Puedo entender que los llamados nacionalistas, secesionistas o independentistas se amarren al invento de las suyas, están en su derecho, es la libertad a la hora de elegir. Que los republicanos sientan ilusión ante la bandera con el color morado de los Comuneros de Castilla, es respetable. Pero desde hace siglos, creo que aún no había nacido Franco, la actual bandera viene representando a los millones de españoles que nacieron, vivan o no en este país. Si usted vive entre nosotros y no se siente representado por esa bandera, no creo que le sentara mal hacer algún acto de reflexión. Y si se convence, siga con su mantra, y espero que nadie, nunca, le obligue y le condene a cambiar de opinión, como espero que usted tampoco lo haga con el resto de los ciudadanos que sí sienten esa bandera como suya y defienden unos históricos colores que llevan siglos sobre nuestra tierra.
Vamos al titular. “Rosario, y la bandera”. Se podría hacer con los noventa metros de bandera, vestidos para el resto de su existencia, pero no, ha preferido, por algo manda en el puerto de la ciudad, plantarla, alta, orgullosa y al viento ante los ojos de todos los almerienses. Estoy convencido de que, a la presidenta de la autoridad portuaria, Rosario Soto, pequeña y delgada, pero con un par, le están llamando “facha, franquista, extrema derecha, derecha extrema, fascista”, tras la decisión de izar la bandera de España, en el puerto de la ciudad. Esa bandera de doña Rosario se ha convertido en la más grande de la provincia y la segunda que ondea en Andalucía. No uno, con dos pares. Y eso, estoy convencido, algunos vecinos de los nuestros no se lo van a perdonar a la presidenta.
Imagino que cuando la señora Soto tomó la decisión de izar la bandera en el puerto donde domina y manda, sabía a lo que se exponía. Que la iban de poner de vuelta y media estaba claro, que lo menos que le iban a decir era lo de facha, y si no se atrevían en los medios escritos, las redes se van llenando, ante las oscuras firmas de los llamados trolls, con los mayores insultos contra “Rosario, la facha” desde el día en el que la bandera ondea bajo el cielo de Almería, empujada por los vientos de esta tierra.
Entiendo que los políticos mienten como bellacos, que se buscan excusas para tapar sus errores, que lo mismo es lo que está buscando don Rosario ante un puerto-ciudad que no colmará las ilusiones de los ciudadanos, piensen y crean lo que quieran, pero la exhibición de esa bandera no deja de ser una valentía ante una de las dos España que desde los tiempos de Zapatero se están enfrentando en este país. Entre los que quieren una España sin historia, y los que desean sentirse orgullosos de lo que fueron sus antepasados.
En la historia de la bandera que estamos viviendo me sitúo al lado de la presidenta de la autoridad portuaria. No estuve ese lunes en el que esos noventas metros de bandera ondearon por primera vez sobre el puerto almeriense, pero mi espíritu por allí andaba. Y ahora, señora Soto, a por el trabajo que queda por hacer. Un puerto para los almerienses, sin valla que los separe. El mismo coraje usado para esos noventa metros, y el mar puesto a los pies de la ciudad.

