Mascarillas de Adif


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PASEO ABAJO/Juan Torrijos

Leo un trabajo interesante sobre las mascarillas, las empresas que las compraron y los políticos que se metieron el dinero en el bolsillo. Y llama la atención que la empresa que se dedica a poner traviesas, una tal Adif, por donde circula el caballo de hierro, se dedicó a comprar mascarillas, pero lo más sorprendente es que perdió en su día casi cuatro millones de las dichosas.

¿Dónde las meterían?

¿Quién ganó dinero con ellas?

¿Para qué usaban las mascarillas?

Se las debían poner a las máquinas, supongo, o las regalaban a los viajeros y a los trabajadores. ¿A los viajeros? Si los ciudadanos estábamos encerrados en nuestros salones, ¿quién viajaba en aquellos días? Claro, no había pensado en ellos. Los políticos: ahí tienen a Ábalos, que no se perdía un viaje por entonces, sin olvidar a su corte que lo acompañaba noche y día, por pensiones… qué dice usted de pensiones, por paradores, señor mío, que siempre hay clase, y abierto para que el caballero disfrutara de sus noches mientras las facturas las pagaban nuestros impuestos. Y el tal Sicilia, que hemos conocido en estos últimos días con sus fiestas con coca en aquellos días.

Uno entendería que Adif perdiera traviesas, trenes, máquinas, vías, catenarias, sería lo normal, y hasta soldaduras en tierras del califato, pero que pierdan mascarillas, y en tal cantidad, no es muy comprensible. ¿Para qué necesitaban cuatro millones de mascarillas? Nos lo podían explicar, sacarnos de dudas sería algo necesario ante el lío creado en su día por los políticos con esta historia, que al final, y por el camino que vamos, va a resultar que fue la mayor estafa cometida a los españoles durante el tiempo de pandemia. Y no creo que la misma, la estafa, no estuviera organizada por los mismos estafadores para repartirse unos cuantos millones de euros. Ha caído la sombra sobre el gobierno, las comunidades, las diputaciones, y hasta empresas que nada tenían que ver con la sanidad, o con servicio necesario a la hora de ofrecer mascarillas. Y esa sombra se alarga cada día que pasa, cada nueva información que aparece y que viene a demostrar la de chorizos que existen, de todos los colores, en la política española.

Ante el desaguisado cometido en Adif con las mascarillas, creo que deberían ponerse a contar las traviesas, vías, catenarias y los trenes que les quedan, si pierden 4 millones de mascarillas, ¿cuántas traviesas y demás elementos de su trabajo, incluidos vagones, pregunta uno, se han podido perder por el camino? Es de temer que, si siguen perdiendo materia al ritmo de las mascarillas, no estoy muy seguro de que les quede material para que el Alta Velocidad llegue en su día a Almería.

Uno recuerda las traviesas de madera que se perdieron en las vías que llegaban a Gérgal, y que supuso una sustanciosa ganancia para algunos famosos almerienses, entre los que se contaba algún político de aquella época. La corrupción de los políticos, desgraciadamente, no es algo que haya nacido hoy, viene de lejos, diríamos de siempre, pero dejemos constancia de que eran las traviesas de unas vías que habían desaparecido, y se pensó que iban a ser abandonadas, pero lo de las mascarillas de Adif no tiene excusa a la que agarrarse.