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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
La justicia, en sentencia firme, expulsaba durante siete años de España a un joven magrebí de veinte años. La historia: Algunos balcones de la ciudad y pueblos de nuestra Almería se engalanan en ciertos días, como los que vivimos esta semana, con balconeras o colgaduras en las que aparecen las imágenes de Semana Santa, que, durante unas horas van a pasear por sus calles. No es algo que nadie imponga a los que no creen, es la libertad de cada familia para colgar en su balcón la imagen o bandera que crean oportuno. Si usted desea, es libre para ello, les cuenta a sus vecinos, a través de su balcón o ventana, lo que piensa o cree de esos días de Navidad o los actuales que se están viviendo. Nadie le obliga a poner en la suya una sábana con imagen alguna, y nadie le va a echar en cara que no lo haga.
Lo que no parece de recibo, lo que creemos que es un atentando contra la libertad, es que alguien escale hasta mi ventana o balcón y arranque, rompa, destroce, porque no le gusta, la balconera con la imagen del Cristo del Mar que lucía en mi ventana. Leímos que fue un hecho aislado, y así lo podemos entender, pero antes ya hubo insultos y miedo en la iglesia de San Roque, esos aislados hechos que se han mencionado sabemos las intenciones que tienen detrás y no debemos admitirlos. El que llevó a cabo los mismos, aislados si ustedes quieren, mañana, si no le hacemos ver lo cometido, si no le damos la importancia que tiene para nosotros, le estamos dando el argumento para que, desde sus creencias religiosas, vuelva a subirse a una ventana y arrancar la colgadura cofrade o navideña que en ella se encuentre, o vuelva a entrar en una iglesia a insultar a los que en ella estén. Con la indiferencia mostrada ante el hecho de que se puede ir impunemente contra nuestras creencias, le estamos indicando que no nos importa que lo haga, lo que él puede entender que es libre para ir subiendo a nuestros balcones e ir rompiendo todas las colgaduras que él piense que van en contra de su religión.
Crucemos los brazos, digamos que es un hecho aislado, que es un emigrante, uno solo, que no representa a los miles que viven y trabajan en la provincia, y, a los que estamos explotando en los invernaderos, según algunos partidos y sindicatos. Lo que tendríamos que hacer es defender, entender su religión y enseñarla en los colegios. Si ese es el camino, adelante, pero entonces no podremos quejarnos si en esta Semana Santa, o la futura Navidad, o en la festividad de la Virgen del Mar, otro, solo y explotado económicamente como del que escribimos, se sube al balcón de su casa y destroza la balconera con la imagen del titular de su cofradía que tiene colgada en él. No es el sino de los tiempos como nos quieren hacer creer, es algo que nos estamos ganando a pulso.
Ha hablado la justicia. Expulsado durante siete años del país y ocho sin acercarse a una iglesia. Sería de desear que se cumpla.
Lo que no parece de recibo, lo que creemos que es un atentando contra la libertad, es que alguien escale hasta mi ventana o balcón y arranque, rompa, destroce, porque no le gusta, la balconera con la imagen del Cristo del Mar que lucía en mi ventana. Leímos que fue un hecho aislado, y así lo podemos entender, pero antes ya hubo insultos y miedo en la iglesia de San Roque, esos aislados hechos que se han mencionado sabemos las intenciones que tienen detrás y no debemos admitirlos. El que llevó a cabo los mismos, aislados si ustedes quieren, mañana, si no le hacemos ver lo cometido, si no le damos la importancia que tiene para nosotros, le estamos dando el argumento para que, desde sus creencias religiosas, vuelva a subirse a una ventana y arrancar la colgadura cofrade o navideña que en ella se encuentre, o vuelva a entrar en una iglesia a insultar a los que en ella estén. Con la indiferencia mostrada ante el hecho de que se puede ir impunemente contra nuestras creencias, le estamos indicando que no nos importa que lo haga, lo que él puede entender que es libre para ir subiendo a nuestros balcones e ir rompiendo todas las colgaduras que él piense que van en contra de su religión.
Crucemos los brazos, digamos que es un hecho aislado, que es un emigrante, uno solo, que no representa a los miles que viven y trabajan en la provincia, y, a los que estamos explotando en los invernaderos, según algunos partidos y sindicatos. Lo que tendríamos que hacer es defender, entender su religión y enseñarla en los colegios. Si ese es el camino, adelante, pero entonces no podremos quejarnos si en esta Semana Santa, o la futura Navidad, o en la festividad de la Virgen del Mar, otro, solo y explotado económicamente como del que escribimos, se sube al balcón de su casa y destroza la balconera con la imagen del titular de su cofradía que tiene colgada en él. No es el sino de los tiempos como nos quieren hacer creer, es algo que nos estamos ganando a pulso.
Ha hablado la justicia. Expulsado durante siete años del país y ocho sin acercarse a una iglesia. Sería de desear que se cumpla.

