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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Odiar no deja de ser un sentimiento. Si no tienes a alguien a quién odiar, o que te odie, dicen que no eres nadie en la vida. Es posible que andemos siempre buscando un enemigo al que enfrentarnos. Ahora que lo pienso, siempre he tenido algunos nombres a los que no he podido soportar. Alguien podía aseverar que lo que siento es envidia, pero si lo analizaba, no había motivo para ella. No era más guapo que yo, no andaba en mejor posición económica, y a la hora de ligar…, bueno en esta cuestión no estoy seguro, lo mismo era más ligón que menda.
Pedro Sánchez ¿nos odia, o lo odiamos? Creo que algo de las dos cuestiones. Se siente feliz sabiéndose odiado por cientos de miles, millones de ciudadanos españoles. Y no es envidia, que conste. No se le quiere, eso es cierto, pero me atrevería a decir que no es odio lo que sentimos por él, más bien aborrecemos lo que representa, y no es por el cargo, ni por la esposa que tiene, ni siquiera por los hermanos, y menos por los amigos y compañeros de partido que se ha ido echando a lo largo de los años que lleva mandando en el Psoe, tampoco por el poder que tiene, y que lo único que logra es que la gente lo vaya conociendo cada día un poco más y le quiera un poco menos.
Si el personal odia, aborrece a Sánchez, es por sus mentiras, sus patrañas, sus pactos con la gente vinculada a los asesinos de Eta, con los delincuentes catalanes, y con todos aquellos que han hecho de la política el arte de acabar con todo lo que tenga el color y el aroma de lo español. No odiamos, tampoco queremos, pero sí aborrecemos a los que nos roban, a los que se gastan nuestros dineros en putas, a los que se los llevan a los paraísos fiscales, a los que abren las puertas de paradores como burdeles para sus amigos, a los que compraron mascarillas a precio de oro, a los que ponen los medios públicos y los dineros de los ciudadanos en manos de enanos para que insulten a la razón, y los defiendan a ellos, a los que aumentan un veinte o un treinta por ciento los presupuestos de las obras, entre otras las del Ave en Almería. A esos políticos, sean del partido que sean, los ciudadanos no los envidian, tampoco los odian, es evidente que no los quiere, quizás como mucho los aborrece, que no es lo mismo.
No es el caso de Pedro. Él si odia a todo aquel que no dobla el lomo ante su persona, odia al que no se rinde ante su superioridad. Zapatero fue su gran predecesor, y él sigue su camino. Es el único odiador de los que caminan por España, pero necesita para justificarse, que los demás lo odien también a él. Pobre Pedro, no te quieren, Pedro, te aborrecen, pero no llegan a odiarte, no tienes valía suficiente como para crear odio entre la gente. Le eres tan indiferente, que el día que dejes de ser presidente nadie se acordará de ti, y eso debe doler mucho, eso es lo que en el fondo más te fastidia. Es algo que les ocurre a tantos tontos como pululan por España.
Pedro Sánchez ¿nos odia, o lo odiamos? Creo que algo de las dos cuestiones. Se siente feliz sabiéndose odiado por cientos de miles, millones de ciudadanos españoles. Y no es envidia, que conste. No se le quiere, eso es cierto, pero me atrevería a decir que no es odio lo que sentimos por él, más bien aborrecemos lo que representa, y no es por el cargo, ni por la esposa que tiene, ni siquiera por los hermanos, y menos por los amigos y compañeros de partido que se ha ido echando a lo largo de los años que lleva mandando en el Psoe, tampoco por el poder que tiene, y que lo único que logra es que la gente lo vaya conociendo cada día un poco más y le quiera un poco menos.
Si el personal odia, aborrece a Sánchez, es por sus mentiras, sus patrañas, sus pactos con la gente vinculada a los asesinos de Eta, con los delincuentes catalanes, y con todos aquellos que han hecho de la política el arte de acabar con todo lo que tenga el color y el aroma de lo español. No odiamos, tampoco queremos, pero sí aborrecemos a los que nos roban, a los que se gastan nuestros dineros en putas, a los que se los llevan a los paraísos fiscales, a los que abren las puertas de paradores como burdeles para sus amigos, a los que compraron mascarillas a precio de oro, a los que ponen los medios públicos y los dineros de los ciudadanos en manos de enanos para que insulten a la razón, y los defiendan a ellos, a los que aumentan un veinte o un treinta por ciento los presupuestos de las obras, entre otras las del Ave en Almería. A esos políticos, sean del partido que sean, los ciudadanos no los envidian, tampoco los odian, es evidente que no los quiere, quizás como mucho los aborrece, que no es lo mismo.
No es el caso de Pedro. Él si odia a todo aquel que no dobla el lomo ante su persona, odia al que no se rinde ante su superioridad. Zapatero fue su gran predecesor, y él sigue su camino. Es el único odiador de los que caminan por España, pero necesita para justificarse, que los demás lo odien también a él. Pobre Pedro, no te quieren, Pedro, te aborrecen, pero no llegan a odiarte, no tienes valía suficiente como para crear odio entre la gente. Le eres tan indiferente, que el día que dejes de ser presidente nadie se acordará de ti, y eso debe doler mucho, eso es lo que en el fondo más te fastidia. Es algo que les ocurre a tantos tontos como pululan por España.


