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CLEMENTE FLORES
EEUU es un gran país por su comercio, su ejército y la tecnología de que dispone. Es, sin duda, el más poderoso del mundo. Al frente está Donald Trump, con poca cultura y mucha ambición personal, que tiene mucho dinero y quiere tener mucho más. Como suele ocurrir con los ricos, sobre todo cuando son incultos, el dinero es su máxima y casi única ambición y la mejor guía para medir y guiar sus acciones. En el caso de Trump, su llegada al poder no le ha hecho cambiar en nada, sino que le ha permitido portarse tal como siente y mostrarse tal como es: arrogante, autoritario y valido de sí mismo.
Trump, recién llegado al poder, comprobó que la economía de su país hacía aguas y pensó que para un triunfador como él no era difícil arreglarla, y de paso reforzar la suya propia. No hacían falta muchos conocimientos, disponía de una tecnología muy superior a la de los demás y se puso casi él solito manos a la obra. Empezó a poner precio a todos los productos de la tienda y a volver locos a todos los fabricantes del mundo comprobando que todo se complicaba porque las reglas del mercado formaban una red de extrañas ataduras donde todo se enmarañaba en un ir y venir sin cambiar de posición relativa. Sólo removiendo aranceles revolucionó el gallinero del comercio mundial donde el ambiente se alteró enormemente con el cacareo de las gallinas. Volviendo a sus obsesiones y visto el escándalo que se había formado salió por un momento del gallinero y cogió un atajo mirando para el petróleo. Era un problema a medida de sus sueños.
El petróleo es hoy el recurso clave de la economía mundial. Los países desarrollados o en vías de desarrollo son totalmente dependientes de él y los EEUU no son una excepción. Ni su tecnología, su grado de autonomía o sus formas de vida han logrado reducir su dependencia de él.
Hoy el 30% de la demanda total de energía depende del petróleo y ese 30% es superior al 50 % de la época del embargo del Yom Kipur, de la guerra de los seis días y de la revolución iraní con la llegada de Jomeini. El consumo total es hoy de 105 millones de barriles diarios, doble del de aquella época.
1973 fue un ejemplo y una enseñanza para todo el que quisiera, o quiera, aprender sobre precios y administración de petróleo. Fue un ejemplo que los americanos, no tiraron al cesto de los papeles y sacaron muchas enseñanzas de él. Revolucionaron la productividad de sus pozos explotándoles por medio de la tecnología del fracking, inyectando agua a grandes profundidades. Es una técnica muy criticada por su impacto medioambiental que ha convertido a EEUU en el mayor productor y exportador de gas y petróleo del mundo (el año pasado exportaron cuatro millones de barriles diarios de crudo y 111 millones de toneladas métricas de gas natural licuado con el que cubre, entre otros mercados 1/5 de las importaciones europeas). Pese a lo que nos dicen estos números el petróleo que obtiene cada vez le resulta más caro de obtener y curiosamente los precios no habían subido casi desde la subida revolucionaria tras los acontecimientos del año 1973 en que se multiplicaron por cuatro.
En este año que acaba de empezar Trump decidió empujar el arreglo de las cuentas de su país cuando se acordó del petróleo. Sin avisos estruendos ni alharacas, jugando a caballo ganador, decidió intervenir en el comercio del petróleo. En enero lo hizo en Venezuela que tiene las reservas de petróleo probadas más altas del mundo y una producción anual, en 2025, superior a un millón de barriles diarios. La jugada, quizás por imprevista, no fue demasiado criticada. El mundo se libró de un dictadorzuelo bocazas y el Sr. Trump tuvo a su disposición y en su colmado de feria la golosina que todos los feriantes deseaban y necesitaban. Petróleo en cantidad. Ante la callada de muchos profesionales del vocerío profesionalizado, que enmudecieron de repente, Trump se encontró con otro regalo. Fueron, quizás los últimos, estertores y lamentos del régimen castrista cubano al que años de sanciones y embargos estadounidenses no habían podido vencer. Tampoco los cubanos que son capaces de soportar con todas las penurias podrán aguantar sin las energías del petróleo. (Ni ponemos ni quitamos, pero a un castizo que dijera que todos los tontos tienen suerte se le podría contestar que la suerte es de quien la busca.) La conclusión de Trump respecto a Cuba ha sido clara. “ Puedo hacer con ella lo que quiera”.
Una vez con el petróleo atado, como comerciante práctico Trump entendió que no bastaba tener en la feria los dulces para hacer el negocio y que ahora debía asegurarse el precio al que vendería la competencia y fue entonces cuando escuchó a Netanyahu, al que no dejaban de crecerle los enanos con los grupos armados por Irán. Benjamín le convenció de que Irán estaba obsesionado con fabricar armas atómicas y dispuesto a gastar los ingentes dineros del petróleo que tenía para conseguirlo y le advirtió que con dinero se compra todo y que los iraníes llevaban tiempo eludiendo los controles del uranio enriquecido que almacenaban. Trump tuvo una idea que fue aprovechar a los iraníes para subir el precio del petróleo que él iba a comercializar. Se sumó al judío y sin moverse del sillón recurrió a su especialísima tecnología militar y ordenó matar al ayatolá Khamenei comandante en jefe de las fuerzas armadas iraníes. Lo consumó el día de Andalucía 28 de febrero de 2026.
Sólo faltaba dar un paso más y fue el martes 13 de marzo, día universal de los malos augurios, cuando nos despertamos con la noticia de que se había cerrado el estrecho de Ormuz por donde hasta ahora circulaba el 20% del crudo del comercio mundial.
No ha hecho falta hacer más. La escalada generalizada de precios se ha desatado y en el mundo se ha abierto la caja de las locuras.
“Piensen en lo impensable y prepárense para ello” ha dicho Kristalina Georgieta Directora gerente del Fondo Monetario Internacional.
Con Ormuz cerrado Trump está jugando como quería y contra quien quería, que era Europa a la que presiona y amenaza. Le importa un comino Ormuz. Cuanto mas tiempo esté cerrado más subirán lo precios de “su petróleo”. Rusia ha encontrado un balón de oxígeno para continuar la guerra de Ucrania con el alza inmediata de sus exportaciones de petróleo y gas. La guerra del petróleo la ha comenzado Trump y a nadie beneficia como a él, pero lo que no alcanzaba a ver Trump es que con la guerra del petróleo había abierto otra guerra para la que no está preparado. Es la guerra contra más de 90 millones de musulmanes dirigidos por un ayatollah que mediante una simple “fetua” les puede convertir en soldados de una guerra santa dispuesto a morir con el cielo asegurado. Noventa millones de soldados dispuestos a todo son muchos para Trump y para cualquiera y seguramente por eso recurre amenazante a otros países que le puedan sacar de “ese” atasco. “A dicho padre que vayáis a segar y luego vayamos todos a comer”- piensan los europeos.
Como está el patio, ¿Quién puede imaginarse como será la traca final de esta verbena?
Trump, recién llegado al poder, comprobó que la economía de su país hacía aguas y pensó que para un triunfador como él no era difícil arreglarla, y de paso reforzar la suya propia. No hacían falta muchos conocimientos, disponía de una tecnología muy superior a la de los demás y se puso casi él solito manos a la obra. Empezó a poner precio a todos los productos de la tienda y a volver locos a todos los fabricantes del mundo comprobando que todo se complicaba porque las reglas del mercado formaban una red de extrañas ataduras donde todo se enmarañaba en un ir y venir sin cambiar de posición relativa. Sólo removiendo aranceles revolucionó el gallinero del comercio mundial donde el ambiente se alteró enormemente con el cacareo de las gallinas. Volviendo a sus obsesiones y visto el escándalo que se había formado salió por un momento del gallinero y cogió un atajo mirando para el petróleo. Era un problema a medida de sus sueños.
El petróleo es hoy el recurso clave de la economía mundial. Los países desarrollados o en vías de desarrollo son totalmente dependientes de él y los EEUU no son una excepción. Ni su tecnología, su grado de autonomía o sus formas de vida han logrado reducir su dependencia de él.
Hoy el 30% de la demanda total de energía depende del petróleo y ese 30% es superior al 50 % de la época del embargo del Yom Kipur, de la guerra de los seis días y de la revolución iraní con la llegada de Jomeini. El consumo total es hoy de 105 millones de barriles diarios, doble del de aquella época.
1973 fue un ejemplo y una enseñanza para todo el que quisiera, o quiera, aprender sobre precios y administración de petróleo. Fue un ejemplo que los americanos, no tiraron al cesto de los papeles y sacaron muchas enseñanzas de él. Revolucionaron la productividad de sus pozos explotándoles por medio de la tecnología del fracking, inyectando agua a grandes profundidades. Es una técnica muy criticada por su impacto medioambiental que ha convertido a EEUU en el mayor productor y exportador de gas y petróleo del mundo (el año pasado exportaron cuatro millones de barriles diarios de crudo y 111 millones de toneladas métricas de gas natural licuado con el que cubre, entre otros mercados 1/5 de las importaciones europeas). Pese a lo que nos dicen estos números el petróleo que obtiene cada vez le resulta más caro de obtener y curiosamente los precios no habían subido casi desde la subida revolucionaria tras los acontecimientos del año 1973 en que se multiplicaron por cuatro.
En este año que acaba de empezar Trump decidió empujar el arreglo de las cuentas de su país cuando se acordó del petróleo. Sin avisos estruendos ni alharacas, jugando a caballo ganador, decidió intervenir en el comercio del petróleo. En enero lo hizo en Venezuela que tiene las reservas de petróleo probadas más altas del mundo y una producción anual, en 2025, superior a un millón de barriles diarios. La jugada, quizás por imprevista, no fue demasiado criticada. El mundo se libró de un dictadorzuelo bocazas y el Sr. Trump tuvo a su disposición y en su colmado de feria la golosina que todos los feriantes deseaban y necesitaban. Petróleo en cantidad. Ante la callada de muchos profesionales del vocerío profesionalizado, que enmudecieron de repente, Trump se encontró con otro regalo. Fueron, quizás los últimos, estertores y lamentos del régimen castrista cubano al que años de sanciones y embargos estadounidenses no habían podido vencer. Tampoco los cubanos que son capaces de soportar con todas las penurias podrán aguantar sin las energías del petróleo. (Ni ponemos ni quitamos, pero a un castizo que dijera que todos los tontos tienen suerte se le podría contestar que la suerte es de quien la busca.) La conclusión de Trump respecto a Cuba ha sido clara. “ Puedo hacer con ella lo que quiera”.
Una vez con el petróleo atado, como comerciante práctico Trump entendió que no bastaba tener en la feria los dulces para hacer el negocio y que ahora debía asegurarse el precio al que vendería la competencia y fue entonces cuando escuchó a Netanyahu, al que no dejaban de crecerle los enanos con los grupos armados por Irán. Benjamín le convenció de que Irán estaba obsesionado con fabricar armas atómicas y dispuesto a gastar los ingentes dineros del petróleo que tenía para conseguirlo y le advirtió que con dinero se compra todo y que los iraníes llevaban tiempo eludiendo los controles del uranio enriquecido que almacenaban. Trump tuvo una idea que fue aprovechar a los iraníes para subir el precio del petróleo que él iba a comercializar. Se sumó al judío y sin moverse del sillón recurrió a su especialísima tecnología militar y ordenó matar al ayatolá Khamenei comandante en jefe de las fuerzas armadas iraníes. Lo consumó el día de Andalucía 28 de febrero de 2026.
Sólo faltaba dar un paso más y fue el martes 13 de marzo, día universal de los malos augurios, cuando nos despertamos con la noticia de que se había cerrado el estrecho de Ormuz por donde hasta ahora circulaba el 20% del crudo del comercio mundial.
No ha hecho falta hacer más. La escalada generalizada de precios se ha desatado y en el mundo se ha abierto la caja de las locuras.
“Piensen en lo impensable y prepárense para ello” ha dicho Kristalina Georgieta Directora gerente del Fondo Monetario Internacional.
Con Ormuz cerrado Trump está jugando como quería y contra quien quería, que era Europa a la que presiona y amenaza. Le importa un comino Ormuz. Cuanto mas tiempo esté cerrado más subirán lo precios de “su petróleo”. Rusia ha encontrado un balón de oxígeno para continuar la guerra de Ucrania con el alza inmediata de sus exportaciones de petróleo y gas. La guerra del petróleo la ha comenzado Trump y a nadie beneficia como a él, pero lo que no alcanzaba a ver Trump es que con la guerra del petróleo había abierto otra guerra para la que no está preparado. Es la guerra contra más de 90 millones de musulmanes dirigidos por un ayatollah que mediante una simple “fetua” les puede convertir en soldados de una guerra santa dispuesto a morir con el cielo asegurado. Noventa millones de soldados dispuestos a todo son muchos para Trump y para cualquiera y seguramente por eso recurre amenazante a otros países que le puedan sacar de “ese” atasco. “A dicho padre que vayáis a segar y luego vayamos todos a comer”- piensan los europeos.
Como está el patio, ¿Quién puede imaginarse como será la traca final de esta verbena?


