ALMERÍA HOY / 23·02·2026
Las recientes condiciones meteorológicas, definidas por precipitaciones persistentes y una elevada humedad relativa, han consolidado un escenario crítico para los cultivos hortícolas protegidos del sureste español. Según detalla la revista Mercados.com, esta combinación ambiental ha propiciado una proliferación inusual de patologías fúngicas que amenazan la estabilidad de las explotaciones en Almería y Granada.
Entre las amenazas más recurrentes detectadas por los técnicos destacan la podredumbre blanca, causada por el hongo Sclerotinia sclerotiorum, y la podredumbre gris, vinculada a Botrytis cinerea. A estas se suma el mildiu de las cucurbitáceas, una enfermedad especialmente agresiva en climas mediterráneos y subtropicales cuando la humedad supera el 80% y las temperaturas oscilan en un rango suave entre los 15°C y 18°C. La presencia de agua libre sobre la superficie vegetal actúa como el detonante final para que estas esporas colonicen los cultivos.
Impacto en la morfología de la planta
El efecto de estas patologías es devastador para el tejido vegetal. En el caso de las podredumbres, el hongo ataca de forma directa a tallos, pecíolos y frutos jóvenes, provocando un reblandecimiento de los tejidos que pronto quedan cubiertos por un micelio característico de color blanco o gris. Este proceso culmina inevitablemente con la desecación y pérdida de la estructura afectada. Por su parte, el mildiu manifiesta su presencia inicial mediante manchas de color verde claro en el haz de las hojas, las cuales evolucionan hacia tonos amarillentos y marrones. En el envés, la aparición de un fieltro blanco-grisáceo precede a la caída total de la hoja, extendiéndose posteriormente hacia el tallo y el fruto.
Marco normativo y vigilancia activa
Ante este riesgo fitosanitario, el Reglamento Específico de Producción Integrada de Cultivos Hortícolas Protegidos establece un protocolo de actuación estricto y de obligado cumplimiento. La normativa exige una detección precoz de los síntomas y una vigilancia intensiva en aquellas parcelas con antecedentes de infección. Los agricultores deben extremar las precauciones tras noches especialmente húmedas seguidas de jornadas soleadas, interviniendo de forma inmediata cuando la humedad relativa se aproxime al 90% o las temperaturas se sitúen entre los 10°C y 25°C. Los tratamientos preventivos, siempre bajo estricto criterio técnico, resultan fundamentales en este periodo de vulnerabilidad.
Estrategias de prevención y control
Más allá de la intervención directa, la gestión cultural del invernadero es la primera línea de defensa. Se recomienda el uso exclusivo de plantas sanas y la implementación de marcos de plantación que permitan una ventilación adecuada, evitando así la acumulación de humedad. La correcta gestión del riego, la eliminación inmediata de restos vegetales enfermos y la realización de podas solo en momentos de baja higrometría son prácticas esenciales para frenar el avance del hongo. Asimismo, la instalación de dobles techos y técnicas como la solarización o biofumigación tras la campaña ayudan a sanear el suelo de posibles patógenos latentes.
Finalmente, en los casos donde sea necesario recurrir al control químico, el sector recuerda que solo se pueden emplear productos debidamente registrados en el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Es imperativo respetar las rotaciones de sustancias activas para evitar resistencias y aplicar pastas fungicidas específicas en los tallos que ya presenten síntomas, garantizando así la seguridad alimentaria y la viabilidad económica de las cosechas.
Entre las amenazas más recurrentes detectadas por los técnicos destacan la podredumbre blanca, causada por el hongo Sclerotinia sclerotiorum, y la podredumbre gris, vinculada a Botrytis cinerea. A estas se suma el mildiu de las cucurbitáceas, una enfermedad especialmente agresiva en climas mediterráneos y subtropicales cuando la humedad supera el 80% y las temperaturas oscilan en un rango suave entre los 15°C y 18°C. La presencia de agua libre sobre la superficie vegetal actúa como el detonante final para que estas esporas colonicen los cultivos.
Impacto en la morfología de la planta
El efecto de estas patologías es devastador para el tejido vegetal. En el caso de las podredumbres, el hongo ataca de forma directa a tallos, pecíolos y frutos jóvenes, provocando un reblandecimiento de los tejidos que pronto quedan cubiertos por un micelio característico de color blanco o gris. Este proceso culmina inevitablemente con la desecación y pérdida de la estructura afectada. Por su parte, el mildiu manifiesta su presencia inicial mediante manchas de color verde claro en el haz de las hojas, las cuales evolucionan hacia tonos amarillentos y marrones. En el envés, la aparición de un fieltro blanco-grisáceo precede a la caída total de la hoja, extendiéndose posteriormente hacia el tallo y el fruto.
Marco normativo y vigilancia activa
Ante este riesgo fitosanitario, el Reglamento Específico de Producción Integrada de Cultivos Hortícolas Protegidos establece un protocolo de actuación estricto y de obligado cumplimiento. La normativa exige una detección precoz de los síntomas y una vigilancia intensiva en aquellas parcelas con antecedentes de infección. Los agricultores deben extremar las precauciones tras noches especialmente húmedas seguidas de jornadas soleadas, interviniendo de forma inmediata cuando la humedad relativa se aproxime al 90% o las temperaturas se sitúen entre los 10°C y 25°C. Los tratamientos preventivos, siempre bajo estricto criterio técnico, resultan fundamentales en este periodo de vulnerabilidad.
Estrategias de prevención y control
Más allá de la intervención directa, la gestión cultural del invernadero es la primera línea de defensa. Se recomienda el uso exclusivo de plantas sanas y la implementación de marcos de plantación que permitan una ventilación adecuada, evitando así la acumulación de humedad. La correcta gestión del riego, la eliminación inmediata de restos vegetales enfermos y la realización de podas solo en momentos de baja higrometría son prácticas esenciales para frenar el avance del hongo. Asimismo, la instalación de dobles techos y técnicas como la solarización o biofumigación tras la campaña ayudan a sanear el suelo de posibles patógenos latentes.
Finalmente, en los casos donde sea necesario recurrir al control químico, el sector recuerda que solo se pueden emplear productos debidamente registrados en el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Es imperativo respetar las rotaciones de sustancias activas para evitar resistencias y aplicar pastas fungicidas específicas en los tallos que ya presenten síntomas, garantizando así la seguridad alimentaria y la viabilidad económica de las cosechas.


