¡Pulmonías!


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PASEO ABAJO/Juan Torrijos




Tengo que reconocer que me ha gustado. Los políticos no son muy divertidos en sus intervenciones, tampoco es que tengan cierto gracejo a la hora de dirigirse a los rivales. Desde que Alfonso Guerra dejó de aparecer por el congreso, se perdieron algunas de las puyas más divertidas en política. Hoy solo vemos malas caras, malos modos, e insultos, y todos los exabruptos habidos y por haber.

A los que nos dedicamos a buscar palabras con las que llenar todos los días unos minutos de la vida de los lectores, cada vez que alguien llama nuestra atención con alguna expresión digna de encomio, en mi caso me encanta. ¡Pulmonías! Siempre se ha dicho que es una enfermedad grave, no sé qué inflamación de los alveolos, y en algunas ocasiones se le ha dado el tratamiento de pesadez. Eres un “pulmonías”, acaba de una vez, que eres más pesao que eso, una pulmonía, y es que la enfermedad, durante años, era de las que te tenían fueran de la vida diaria, entre las suaves y calentitas mantitas con las que te cuidaba mamá.

Doña Eloísa Cabrera, la edil que vino de los pechos de Gabriel Amat y que manda en el urbanismo almeriense, cuando deja la sombra del almendro donde resguarda su imagen, nos sorprende, no solo por su dureza a la hora de gobernar y contestar a la oposición, también a la de darnos lecciones a los plumillas, se decía antes, hoy a los que aporreamos las teclas del ordenata. A la oposición se le había dicho de todo, pero nunca había oído, y me ha gustado la expresión dedicada. Qué pena que no se me hubiera ocurrido a mí.

“Llevo ocho horas escuchando sus pulmonías”. Toma castaña. Dijo la dueña y señora del urbanismo almeriense, dirigiéndose a los miembros de la oposición. (Lo de las castañas es mío, como habrán comprendido). No me digan que no es digna la frase de un premio: “llevo ocho horas escuchando sus pulmonías”. De chapó, doña Eloísa. De pasar a la historia de la academia. Imagino que a partir de ahora los académicos de la Rae recogerán una acepción más a la palabra pulmonía. Si ya recoge que coloquialmente se denomina “pulmonía” a un coche de alquiler allende los mares, tendrá que asumir que pulmonía es también lo que sueltan los ediles de la oposición en el ayuntamiento de Almería, cuando están criticando al equipo de gobierno de María del Mar Vázquez. No es que sean “unos, pulmonías”, que lo mismo lo son, es que encima solo dicen pulmonías. Por cierto, muchos, pulmonías debe haber en el servicio jurídico del ayuntamiento, no parece que ganen un juicio ni con el juez ausente.

Otro día nos acercamos si les parece oportuno al fondo de la crítica, que tanto enfadaba a la edil pepera, hoy solo quería quedarme con la expresión, afortunada, qué duda cabe, con la que doña Eloísa clamaba ante la puesta en solfa del trabajo que viene desarrollando en la ciudad el equipo del Pp: ¡Pulmonías!