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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Ha sido un buen y dulce detalle, los chicos del barco se han acercado a Carboneras y le han dejado al alcalde, Salvador Hernández, una tarta que representaba el hotel del Algarrobico. Así como la petición a la justicia para que le impongan una multa por lo que entienden ha sido la demora con la que ha tratado el tema en estas dos décadas que lleva, de toma y daca, entre ayuntamiento y justicia. El dulce de la tarta y el amargo de la multa.
Por lo que cuentan las crónicas de la visita, al final los chicos del barco y el alcalde acabaron comiéndose la tarta, ¿sola, o la mojaron con cava? Es de suponer que la mojarían, no veo a los protagonistas comiendo tarta sin beber algo, y siempre se ha dicho que, ante la dulzura de una tarta, las locas burbujas del cava acompañan que es un primor. No se la comerían ellos solos, supongo. Es de imaginar que invitarían al disfrute de parte de la misma al resto de los ediles (también a Felipe), así como a los funcionarios municipales, que han venido viviendo a lo largo de estos años que se llevan las vicisitudes y el deshojar de la margarita ante las sentencias y el futuro derribo del hotel.
Si seguimos las incidencias de lo contado, y tras el comunicado de la Junta de Moreno Bonilla por el que daba por buena la publicación en el Bop de la información municipal sobre el suelo, todo ha sido una conversación agradable entre las partes, y en la búsqueda de una solución por parte de los responsables, que pasan a manos de los gobiernos central y autonómico. A la espera nos quedamos, pero no parece que entre la empresa y el gobierno se llegue pronto a un acuerdo, la diferencia a la hora del justiprecio no aboga a una navegación pacífica. Lo cierto es que, hasta ahora, si a alguien tendrían que pedirle responsabilidad los chicos del barco, es a una mujer, ministra ella, con lo que se entiende que tiene poder y que lo que promete va a ser realidad, que se atrevió a decir, valiente como todos los que se creen que son el ombligo del mundo, que en cinco meses comenzaba el derribo del hotel. Lo recuerdan, ¿verdad?
El alcalde de Carboneras manifestaba una certeza ante la tarta y los chicos del barco. Si alguien lo ha pasado mal en estos veinte años, si hay que buscar a los que han salido perjudicados por esta cuestión, hay que mirar al pueblo de Carboneras, a su gente y su ayuntamiento.
El Algarrobico se vivió durante años desde Almería como un motor de cambio en el municipio que iba a crear puestos de trabajo y que abría las puertas del pueblo a ese turismo que pasea su palmito y su dinero por Mojácar, Vera. Y lo único que se ha conseguido es desprestigio por parte de los ecologistas y de los propios partidos políticos que dieron las licencias en su momento, y que ahora tendremos que pagar entre todos los ciudadanos.
Por qué la justicia no le incoa las multas, no se las ponen a los que dieron las licencias, a los que informaron positivamente. Por qué no pagan el derribo aquellos que avalaron su levantamiento. Espero que les haya sentado bien la tarta, y que las burbujas no se le hayan subido a la cabeza.
Por lo que cuentan las crónicas de la visita, al final los chicos del barco y el alcalde acabaron comiéndose la tarta, ¿sola, o la mojaron con cava? Es de suponer que la mojarían, no veo a los protagonistas comiendo tarta sin beber algo, y siempre se ha dicho que, ante la dulzura de una tarta, las locas burbujas del cava acompañan que es un primor. No se la comerían ellos solos, supongo. Es de imaginar que invitarían al disfrute de parte de la misma al resto de los ediles (también a Felipe), así como a los funcionarios municipales, que han venido viviendo a lo largo de estos años que se llevan las vicisitudes y el deshojar de la margarita ante las sentencias y el futuro derribo del hotel.
Si seguimos las incidencias de lo contado, y tras el comunicado de la Junta de Moreno Bonilla por el que daba por buena la publicación en el Bop de la información municipal sobre el suelo, todo ha sido una conversación agradable entre las partes, y en la búsqueda de una solución por parte de los responsables, que pasan a manos de los gobiernos central y autonómico. A la espera nos quedamos, pero no parece que entre la empresa y el gobierno se llegue pronto a un acuerdo, la diferencia a la hora del justiprecio no aboga a una navegación pacífica. Lo cierto es que, hasta ahora, si a alguien tendrían que pedirle responsabilidad los chicos del barco, es a una mujer, ministra ella, con lo que se entiende que tiene poder y que lo que promete va a ser realidad, que se atrevió a decir, valiente como todos los que se creen que son el ombligo del mundo, que en cinco meses comenzaba el derribo del hotel. Lo recuerdan, ¿verdad?
El alcalde de Carboneras manifestaba una certeza ante la tarta y los chicos del barco. Si alguien lo ha pasado mal en estos veinte años, si hay que buscar a los que han salido perjudicados por esta cuestión, hay que mirar al pueblo de Carboneras, a su gente y su ayuntamiento.
El Algarrobico se vivió durante años desde Almería como un motor de cambio en el municipio que iba a crear puestos de trabajo y que abría las puertas del pueblo a ese turismo que pasea su palmito y su dinero por Mojácar, Vera. Y lo único que se ha conseguido es desprestigio por parte de los ecologistas y de los propios partidos políticos que dieron las licencias en su momento, y que ahora tendremos que pagar entre todos los ciudadanos.
Por qué la justicia no le incoa las multas, no se las ponen a los que dieron las licencias, a los que informaron positivamente. Por qué no pagan el derribo aquellos que avalaron su levantamiento. Espero que les haya sentado bien la tarta, y que las burbujas no se le hayan subido a la cabeza.


