El hombre de origen lituano y 48 años de edad continúa en libertad
ALMERÍA HOY / 21·01·2026
El municipio vive estos días una profunda inquietud tras una sucesión de ataques violentos protagonizados por un mismo individuo. Los residentes y trabajadores de la zona denuncian una sensación de desprotección absoluta ante las acciones de un hombre de 48 años y origen lituano que, a pesar de acumular denuncias y órdenes de alejamiento, continúa en libertad. El balance de sus últimas agresiones es desolador: una mujer herida por arma blanca, un hostelero con el brazo fracturado y un negocio local que se ha visto obligado a echar el cierre por el pánico de su plantilla.
Uno de los episodios más graves tuvo lugar a mediados de enero de 2026. Según relató la víctima, identificada como Ana, el agresor la atacó con un cúter en el interior de un establecimiento en Santa María del Águila, en El Ejido. La mujer sufrió un corte de diez centímetros en la parte posterior del muslo, una herida que pudo ser mucho más grave de no haber llevado un abrigo grueso que amortiguó el impacto del arma. Antes del ataque, el individuo había estado alardeando de su historial delictivo, afirmando que las prisiones españolas eran para él "como un spa" y presumiendo de que sus abogados siempre lograban ponerlo en la calle sin importar la gravedad de sus actos.
Durante esa misma noche, el sospechoso mostró un comportamiento errático y altamente intimidatorio. Tras proponerle a la mujer que huyera con él a Málaga y recibir una negativa, comenzó a proferir insultos y amenazas de muerte. Incluso llegó a exhibir el cúter ante una amiga de la víctima para exigirle de forma violenta que lo trasladara en coche hasta Roquetas de Mar. Aunque el juicio por estos hechos está señalado para el próximo 25 de febrero, la puesta en libertad del agresor ha dejado a Ana en una situación de vulnerabilidad extrema, ya que reside cerca de los lugares que el hombre frecuenta habitualmente y teme que las amenazas de muerte lleguen a cumplirse.
De forma paralela, el rastro de violencia de este individuo ha seguido a sus anchas. Iván, propietario del bar La Taverna, es otra de las víctimas directas de esta espiral de agresiones. El sospechoso acudió a su local armado con una barra de hierro y le fracturó el brazo, una lesión que ha requerido intervención médica y que ha forzado el cese de la actividad del negocio. El historial de este hombre con el establecimiento comenzó en la pasada Nochevieja y, desde entonces, se ha convertido en una presencia constante y amenazadora para clientes y empleados.
A pesar de que Iván y otros vecinos aseguran que sobre el atacante pesa una orden de alejamiento, denuncian que este la incumple de manera sistemática. El hombre ha entrado en el local en repetidas ocasiones portando armas blancas y gritando amenazas al personal. Aunque la policía lo ha detenido varias veces, el patrón se repite: tras pasar un breve tiempo en el calabozo, recupera la libertad y regresa a la zona para seguir amedrentando a quienes allí se encuentran.
El impacto social de estos hechos en Roquetas es notable. La inseguridad ha provocado que la cocinera y las camareras del establecimiento agredido se nieguen a reincorporarse a sus puestos por miedo a represalias. Los vecinos, por su parte, reclaman una respuesta judicial firme y medidas de protección efectivas, lamentando que una persona con tal nivel de agresividad y falta de arraigo pueda seguir moviéndose con impunidad por la provincia mientras sus víctimas viven recluidas por el temor a sufrir un nuevo ataque.
Uno de los episodios más graves tuvo lugar a mediados de enero de 2026. Según relató la víctima, identificada como Ana, el agresor la atacó con un cúter en el interior de un establecimiento en Santa María del Águila, en El Ejido. La mujer sufrió un corte de diez centímetros en la parte posterior del muslo, una herida que pudo ser mucho más grave de no haber llevado un abrigo grueso que amortiguó el impacto del arma. Antes del ataque, el individuo había estado alardeando de su historial delictivo, afirmando que las prisiones españolas eran para él "como un spa" y presumiendo de que sus abogados siempre lograban ponerlo en la calle sin importar la gravedad de sus actos.
Durante esa misma noche, el sospechoso mostró un comportamiento errático y altamente intimidatorio. Tras proponerle a la mujer que huyera con él a Málaga y recibir una negativa, comenzó a proferir insultos y amenazas de muerte. Incluso llegó a exhibir el cúter ante una amiga de la víctima para exigirle de forma violenta que lo trasladara en coche hasta Roquetas de Mar. Aunque el juicio por estos hechos está señalado para el próximo 25 de febrero, la puesta en libertad del agresor ha dejado a Ana en una situación de vulnerabilidad extrema, ya que reside cerca de los lugares que el hombre frecuenta habitualmente y teme que las amenazas de muerte lleguen a cumplirse.
De forma paralela, el rastro de violencia de este individuo ha seguido a sus anchas. Iván, propietario del bar La Taverna, es otra de las víctimas directas de esta espiral de agresiones. El sospechoso acudió a su local armado con una barra de hierro y le fracturó el brazo, una lesión que ha requerido intervención médica y que ha forzado el cese de la actividad del negocio. El historial de este hombre con el establecimiento comenzó en la pasada Nochevieja y, desde entonces, se ha convertido en una presencia constante y amenazadora para clientes y empleados.
A pesar de que Iván y otros vecinos aseguran que sobre el atacante pesa una orden de alejamiento, denuncian que este la incumple de manera sistemática. El hombre ha entrado en el local en repetidas ocasiones portando armas blancas y gritando amenazas al personal. Aunque la policía lo ha detenido varias veces, el patrón se repite: tras pasar un breve tiempo en el calabozo, recupera la libertad y regresa a la zona para seguir amedrentando a quienes allí se encuentran.
El impacto social de estos hechos en Roquetas es notable. La inseguridad ha provocado que la cocinera y las camareras del establecimiento agredido se nieguen a reincorporarse a sus puestos por miedo a represalias. Los vecinos, por su parte, reclaman una respuesta judicial firme y medidas de protección efectivas, lamentando que una persona con tal nivel de agresividad y falta de arraigo pueda seguir moviéndose con impunidad por la provincia mientras sus víctimas viven recluidas por el temor a sufrir un nuevo ataque.


