Mónica Ortiz, la joven que cambió las velas de su cumpleaños por una plaza de jueza


Mónica Ortiz. EFE

ALMERÍA HOY / 02·01·2026

El pasado 21 de octubre, Mónica Ortiz Miranda no celebró su 23.º cumpleaños entre amigos, sino en los solemnes pasillos del Tribunal Supremo. Allí, rodeada de la tensión propia de una oposición, recibió el mejor regalo posible: una nota de aprobado que la convertía en una de las juezas más jóvenes de España.

Lo que para muchos es una carrera de fondo de cinco años o más, para esta joven almeriense ha sido un esprint prodigioso. Tras apenas año y medio de preparación, Mónica ha logrado superar las oposiciones a la Carrera Judicial y Fiscal, un hito que ella misma describe a la agencia EFE como un «alivio inmenso» tras la etapa más exigente de su vida.

El equilibrio entre el Código Penal y la hípica

Detrás de su éxito no solo hay horas de estudio frente al temario, sino una disciplina que dejaba espacio para el aire puro. Mónica comenzaba su jornada a las 7:30, pero a las 11:30 los libros se cerraban para dar paso a su gran pasión: la equitación. Montar a caballo fue su válvula de escape, la herramienta necesaria para que su mente se mantuviera fresca ante la densidad del Derecho.

Aunque durante el último verano el cansancio físico y mental la obligó a sacrificar parte de esa «juventud idealizada», su vocación —heredada de su madre abogada y de un deseo genuino de ayudar a la gente— se mantuvo intacta. Ni siquiera el pánico de su primer examen oral, que ella misma califica de «catastrófico», la frenó; aprendió a dominar la ansiedad y a confiar en la guía de su preparador, el magistrado Luis Miguel Columna.

Vocación por la «justicia de trinchera»

Mónica no sueña con los despachos de las altas magistraturas. Su objetivo es la justicia cercana, la de los juzgados de instrucción, donde se tiene contacto directo con el caso y el ciudadano. Con el futuro ya asegurado, su meta es clara: desarrollar su carrera en su tierra, Andalucía.

Para quienes hoy empiezan a estudiar, la nueva jueza tiene un consejo pragmático: «Lanzaos a la piscina». Ella ya lo hizo y, como relata a EFE, la recompensa es una «paz inmensa» que la acompañará para toda la vida.