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PASEO ABAJO/Juan Torrijos
Hay un dicho en nuestro país que imagino no debe conocer la alcaldesa de la ciudad de Almería, la señora Vázquez Agüero. Cuando se dice, “son cortinas”, se viene interpretando o diciendo desde tiempos lejanos que se está “al final de algo”. María del Mar, ¿estás al final de tu carrera política en el ayuntamiento de la capital? ¿Quizás cansada de la alcaldía? ¿Estás buscando otros caminos para tu futuro en la vida pública? Es duro, estoy contigo, ser alcalde de una ciudad como Almería.
Las cortinas cerradas, o corridas, siempre nos han hablado de oscuridad. Y tras la opacidad suele llegar el final de la transparencia cuando de políticos se trata. Supongo que la cuestión planteada con las cortinas no llegará a mayores, y que tendrás la explicación oportuna sobre los esteros a ubicar en las ventanas de la casa de todos los ciudadanos.
Los del Psoe te están buscando las vueltas, y todo por veintisiete mil euros de nada que te vas a gastar en cuatro cortinas. Ni que las gastaras en paradores y otras zarandajas en las que hemos comprobado se ha gastado ellos millones de los parados. Vamos a ver María, ¿cuántas ventanas tiene la casa consistorial? Si solo vas a colocar cortinas en tu despacho, nos puede parecer algo caro el presupuesto, pero si vas a decorar todas las ventanas del edificio… Lo que me ha llamado la atención es una silla de concejal. No la silla en sí, pero si el precio, trescientos noventa y cinco euros. Casi cuatrocientos por una sola silla. Gordos los debe tener, los glúteos el caballero, para tener que comprarle una silla especial y para él solo.
Está visto que la señora alcaldesa no se ha dado una vuelta por Ikea, como hacen muchos de los vecinos de su ciudad, cuando de decorar sus viviendas se trata. Claro que ella, doña María del Mar, no tiene que pagar los enseres decorativos, ya se lo pagan los ciudadanos con sus impuestos, los precios públicos y la subida de la recogida de basura. Estoy convencido de que, si tuvieran que pagar los ediles de sus bolsillos, haciendo cola los veíamos en Ikea (y hasta comiendo un codillo, que los tienen baratos), como el resto de los almerienses, sin olvidar lo de tomar el café gratis que nos ofrece la multinacional. No tendremos esa suerte.
Uno puede llegar a entender que no quedaría muy elegante ver a un edil sentado en un sillón de cincuenta euros, que es necesario darle cierto empaque al trabajo que dicen hacer, pero de ahí a una de cuatrocientos, nos parece excesivo. Como ocurre con otros precios, llegando a las famosas “son cortinas”, y que tienen un precio de veintisiete (27) mil euros. Lo mismo las traen del antiguo Egipto, son de hilo, y están consideradas como las más caras del mundo. He preguntado a un especialista en cortinas, y me ha dicho que son siete las variedades existentes, cada una de ellas con precios distintos, pero que sí, que las de lino, traídas de Oriente, se pueden considerar las mejores. De ser así, las cortinas de María del Mar se pueden convertir en un atractivo más para los turistas que venga a conocer la Plaza Vieja y la casa consistorial. Visita los sábados, de once a trece horas, con guía especialista en “son cortinas”, en el bollywood de la antigua Plaza del Juego de las Cañas.
Los del Psoe te están buscando las vueltas, y todo por veintisiete mil euros de nada que te vas a gastar en cuatro cortinas. Ni que las gastaras en paradores y otras zarandajas en las que hemos comprobado se ha gastado ellos millones de los parados. Vamos a ver María, ¿cuántas ventanas tiene la casa consistorial? Si solo vas a colocar cortinas en tu despacho, nos puede parecer algo caro el presupuesto, pero si vas a decorar todas las ventanas del edificio… Lo que me ha llamado la atención es una silla de concejal. No la silla en sí, pero si el precio, trescientos noventa y cinco euros. Casi cuatrocientos por una sola silla. Gordos los debe tener, los glúteos el caballero, para tener que comprarle una silla especial y para él solo.
Está visto que la señora alcaldesa no se ha dado una vuelta por Ikea, como hacen muchos de los vecinos de su ciudad, cuando de decorar sus viviendas se trata. Claro que ella, doña María del Mar, no tiene que pagar los enseres decorativos, ya se lo pagan los ciudadanos con sus impuestos, los precios públicos y la subida de la recogida de basura. Estoy convencido de que, si tuvieran que pagar los ediles de sus bolsillos, haciendo cola los veíamos en Ikea (y hasta comiendo un codillo, que los tienen baratos), como el resto de los almerienses, sin olvidar lo de tomar el café gratis que nos ofrece la multinacional. No tendremos esa suerte.
Uno puede llegar a entender que no quedaría muy elegante ver a un edil sentado en un sillón de cincuenta euros, que es necesario darle cierto empaque al trabajo que dicen hacer, pero de ahí a una de cuatrocientos, nos parece excesivo. Como ocurre con otros precios, llegando a las famosas “son cortinas”, y que tienen un precio de veintisiete (27) mil euros. Lo mismo las traen del antiguo Egipto, son de hilo, y están consideradas como las más caras del mundo. He preguntado a un especialista en cortinas, y me ha dicho que son siete las variedades existentes, cada una de ellas con precios distintos, pero que sí, que las de lino, traídas de Oriente, se pueden considerar las mejores. De ser así, las cortinas de María del Mar se pueden convertir en un atractivo más para los turistas que venga a conocer la Plaza Vieja y la casa consistorial. Visita los sábados, de once a trece horas, con guía especialista en “son cortinas”, en el bollywood de la antigua Plaza del Juego de las Cañas.


