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| Equipo de la UAL responsable de la investigación (Foto fundaciondescubre.es) |
ALMERÍA HOY / 01·10·2025
Los campos donde se cultivan nuestras frutas y verduras están llenos de plástico invisible. Son restos diminutos que quedan de la agricultura y que contaminan la tierra, afectando a la calidad de los alimentos y a la salud del suelo.
Pero un equipo de científicos de la Universidad de Almería (UAL) ha encontrado una solución tan simple como ingeniosa: un "cóctel" de abonos naturales y bacterias que se come esos plásticos y devuelve la vida a la tierra.
Esta nueva técnica funciona mucho mejor que las que se usaban hasta ahora, logrando una regeneración del suelo un 50% superior.
EL PROBLEMA DEL PLÁSTICO EN EL CAMPO
Piensa en el plástico que se usa en los invernaderos o en las tuberías. Con el tiempo, se rompe en trozos cada vez más pequeños, llamados microplásticos, que se quedan bajo tierra.
Estos restos son un problema grave porque estropean la tierra haciendo que el suelo retenga menos agua y aire; envenenan al liberar químicos tóxicos y contaminan la comida porque pueden entrar en las raíces de los cultivos y pasar a nuestra cadena alimentaria, un riesgo que la investigadora de la UAL Macarena Jurado considera "prioritario" resolver.
EL SECRETO ESTÁ EN LAS BACTERIAS
La estrategia de los expertos almerienses, publicada en revistas científicas como Journal of Environmental Management, consiste en dar a unas bacterias especiales un "refugio" y "comida" para que trabajen mejor.
Este refugio es el compost (abono orgánico) combinado con otros aliados naturales: Vermicompost: Abono creado con ayuda de lombrices; y Biochar: Carbón vegetal que se obtiene al calentar residuos orgánicos.
Al mezclar las bacterias que degradan el plástico con estos abonos, ocurre una "hazaña tangible": las bacterias sobreviven hasta 1.000 veces más que con otros métodos. Es decir, la brigada de limpieza microscópica es mucho más duradera y eficiente.
UN TRABAJO DE EQUIPO MUY EFICAZ
El equipo de la UAL comparó distintas fórmulas y descubrió que las bacterias, específicamente las llamadas Bacillus subtilis y Pseudomonas alloputida, trabajan mejor cuando están acompañadas de la mezcla de biochar, vermicompost y urea.
La clave no es solo la mezcla, sino también la cantidad. Los investigadores determinaron que existe una densidad "óptima" de microbios: la suficiente para descomponer el plástico en CO₂, agua y biomasa (eliminando el contaminante por completo), pero sin que compitan entre ellos por el alimento.
En resumen, el ‘supercompost’ actúa como un transporte que mantiene a las bacterias vivas, fuertes y listas para su misión.
La investigadora Macarena Jurado señala que esta estrategia de unir materia orgánica y degradadores de plástico es una "alternativa efectiva y sostenible" para recuperar suelos contaminados. Ahora, los científicos planean llevar estos hallazgos a los campos de cultivo a gran escala para crear suelos más sanos y limpios, asegurando que la agricultura del futuro sea más verde y resistente.
Pero un equipo de científicos de la Universidad de Almería (UAL) ha encontrado una solución tan simple como ingeniosa: un "cóctel" de abonos naturales y bacterias que se come esos plásticos y devuelve la vida a la tierra.
Esta nueva técnica funciona mucho mejor que las que se usaban hasta ahora, logrando una regeneración del suelo un 50% superior.
EL PROBLEMA DEL PLÁSTICO EN EL CAMPO
Piensa en el plástico que se usa en los invernaderos o en las tuberías. Con el tiempo, se rompe en trozos cada vez más pequeños, llamados microplásticos, que se quedan bajo tierra.
Estos restos son un problema grave porque estropean la tierra haciendo que el suelo retenga menos agua y aire; envenenan al liberar químicos tóxicos y contaminan la comida porque pueden entrar en las raíces de los cultivos y pasar a nuestra cadena alimentaria, un riesgo que la investigadora de la UAL Macarena Jurado considera "prioritario" resolver.
EL SECRETO ESTÁ EN LAS BACTERIAS
La estrategia de los expertos almerienses, publicada en revistas científicas como Journal of Environmental Management, consiste en dar a unas bacterias especiales un "refugio" y "comida" para que trabajen mejor.
Este refugio es el compost (abono orgánico) combinado con otros aliados naturales: Vermicompost: Abono creado con ayuda de lombrices; y Biochar: Carbón vegetal que se obtiene al calentar residuos orgánicos.
Al mezclar las bacterias que degradan el plástico con estos abonos, ocurre una "hazaña tangible": las bacterias sobreviven hasta 1.000 veces más que con otros métodos. Es decir, la brigada de limpieza microscópica es mucho más duradera y eficiente.
UN TRABAJO DE EQUIPO MUY EFICAZ
El equipo de la UAL comparó distintas fórmulas y descubrió que las bacterias, específicamente las llamadas Bacillus subtilis y Pseudomonas alloputida, trabajan mejor cuando están acompañadas de la mezcla de biochar, vermicompost y urea.
La clave no es solo la mezcla, sino también la cantidad. Los investigadores determinaron que existe una densidad "óptima" de microbios: la suficiente para descomponer el plástico en CO₂, agua y biomasa (eliminando el contaminante por completo), pero sin que compitan entre ellos por el alimento.
En resumen, el ‘supercompost’ actúa como un transporte que mantiene a las bacterias vivas, fuertes y listas para su misión.
La investigadora Macarena Jurado señala que esta estrategia de unir materia orgánica y degradadores de plástico es una "alternativa efectiva y sostenible" para recuperar suelos contaminados. Ahora, los científicos planean llevar estos hallazgos a los campos de cultivo a gran escala para crear suelos más sanos y limpios, asegurando que la agricultura del futuro sea más verde y resistente.

