Historias y leyendas en torno a la Fuente-Lavadero de Mojácar



ALMERÍA HOY / 15·08·2025

Es el título de un libro que viene para renovar algunos cimientos poco conocidos de la historia de un pueblo milenario. Será presentado el 18 de agosto, a las 20:00, en el Parador Nacional de Mojácar por su autor, el mojaquero Clemente Flores, habitual colaborador de este diario. Aunque pudiera parecerlo, no se trata de una historia de la célebre fuente lavadero a la que se ha venido atribuyendo, sin mayor explicación, un origen árabe, sino una narración con multitud de datos históricos recogidos a lo largo de toda una vida y expuestos ahora como resultado de las inquietudes de un niño que ha recorrido 83 años de vida sin perder la curiosidad y muchas de las inquietudes de su niñez por las cosas de su tierra.

Dice el autor que, desde muy niño, y quizás influido por el ambiente y las personas que le rodeaban, fundamentalmente su familia y su maestro, fruto de su inquietud, no admitió algunas de las historias que le contaron sobre su pueblo, y empezó a recopilar datos cuando, con apenas seis años, comenzó a leer y escribir. Durante toda su vida se ha interesado por cualquier cosa relacionada con la historia de Mojácar y, como producto de todo lo leído y vivido, y de algunas investigaciones inéditas, ha surgido el libro que ahora se ha editado.

La obra, con su recopilación histórica, sin haberlo quizás pretendido, resulta hoy de rabiosa actualidad, porque la narración cabalga entre la calidad de la información oficial disponible y las trabas al libre conocimiento de los aconteceres públicos, habitualmente impuesta desde las instituciones de la Administración. A ello se suma la descripción, no casual, de lo que ahora entenderíamos por un ‘pelotazo’ a cargo de los poderes locales que, en algún momento, intentaron, confundiendo y tergiversando la propiedad y los derechos de uso del agua, hacer un negocio con un bien tan escaso como necesario en estas tierras: el agua.

Sin buscarlo expresamente, el libro es un homenaje a las mujeres mojaqueras. A mediados del siglo XIX Mojácar era un territorio desolado, descarnado, muy abarrancado, sin árboles ni vegetación, al que se accedía y por el que se circulaba mediante caminos de herradura que parecían trazados al azar.

La falta de árboles y de vegetación, sumada a las pendientes del terreno, causaban las escorrentías que marcaban el paisaje. La falta de comunicaciones ayudaba al retraso de la agricultura y de la industria y a la postración del comercio. Excepto la zona regable que produce legumbres y frutos, la base de la alimentación se componía de higos chumbos y ordinarios. Las tierras no regables, a merced de las escasas lluvias, producían algo de cebada y trigo, pero la mayoría de los años no se cultivaban. Lo seco, lo árido y lo estéril predominaban sobre lo fértil. Del resto del terreno se obtenía esparto y algo de palma que se recogía en el mes de abril y, sobre todo, en septiembre y octubre.

En una situación de hambre y de penurias, donde era muy difícil encontrar empleo y los hombres tenían que ir a buscarlo muy lejos, las mujeres mojaqueras dieron un paso al frente agenciándose un trabajo libre para ganarse la vida. Ellas fueron las principales activistas que promovieron la construcción de un lavadero con capacidad de lavado de la ropa de forma simultánea para, aproximadamente, cien de ellas. El objetivo consistía en ‘poner en valor su trabajo’, como ahora se dice, y, con ese fin, se valieron de los conocimientos seculares atesorados para fabricar barrilla y lavar con ella. Lo hacían valiéndose de plantas autóctonas y, luego, practicaban la ‘colada’ con ella, dejando la ropa más blanca que nadie. Faltaba bastante tiempo para que se inventaran la lejía o los detergentes.

De esta manera, muchas de ellas se ganaron la vida lavando la ropa de las señoras, no sólo de Mojácar, sino también de Garrucha, Vera y hasta de Cuevas del Almanzora, donde la riqueza minera había tenido más impacto. En la exposición de fotografías antiguas organizada por el Excmo. Ayuntamiento de Garrucha el año pasado pudo constatarse cómo en las calles de Garrucha de principios del XX era frecuente todavía ver a las mojaqueras transitar con un fardo de ropa lavada y limpia sobre la cabeza.

La tabla de salvación que para muchas supuso este esforzado trabajo fue lo que motivó su corajuda reacción cuando se acercaron a la fuente-lavadero los obreros que montaban las tuberías para llevarse lejos las aguas del eterno manantial. Allí siguieron lavando para propios y extraños hasta que apareció la lavadora y llegó a sus casas el agua corriente.

Un alcalde del pueblo preocupado por la salud pública. De todo hay en la viña del Señor (Isaías 5:1-7)

El libro que comentamos dedica más de un capítulo a la vida y pensamiento del alcalde que imaginó y consiguió llevar a cabo la construcción de la fuente lavadero. Fue un convencido liberal, médico de profesión, preocupado por la salud del pueblo y por la trasmisión de enfermedades relacionadas con el agua. Soñó muchas veces con reformar la fuente y construir el lavadero público. Cuando lo consiguió, uno de esos vaivenes de la política española del siglo XIX produjo un cambio de gobierno y, en coherencia con sus ideas, se retiró de la política activa.

Para cerrar el proceso de construcción, consiguió que el que había sido su secretario fuese nombrado alcalde. Éste plasmó su nombre en una lápida de mármol en el frontispicio de la fuente y, pasado siglo y medio, como muchas veces ocurre, a él se atribuye la gloria de la construcción y el anterior alcalde, el muñidor del proyecto, pasó al olvido.

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El autor dedica un apartado especial a comentar la existencia de una placa de mármol en la fuente con un relato sobre la llegada de los cristianos al pueblo en 1488. Si non è vero, è ben trovato, podría decirse, pero el autor del libro es implacable, porque no admite que la narración y la creatividad, por bien elaborada que esté la historia, y por convincente que resulte, pueda anteponerse a la verdad. Los tiempos cambian y las ideas transitan, y hoy puede resultar ofensivo para más de uno hacer pasar como un periodo de paz un enfrentamiento entre comunidades de esta tierra que acabó en una sangrienta guerra civil (Guerra de las Alpujarras) y con la erradicación y expulsión de una de ellas.

Por último, diremos que el libro justifica y explica la procedencia del manantial dando pistas para algunos de los problemas de conservación que puedan presentarse en el futuro, y describe algunas obras y remodelaciones realizadas en distintas épocas históricas. En resumen, y a nuestro juicio, es un libro que marca un antes y un después en la historiografía de Mojácar. Bienvenido.