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JUAN LUIS PÉREZ TORNELL
ALMERÍA HOY / 12·07·2024
Los españoles tienen algunas características muy extendidas: son, por lo común, morenos, bajitos, envidiosos e iracundos, y les adorna además una nota todavía más extendida: un feroz individualismo, residuo celtibérico y numantino, vinculado con una alegre irresponsabilidad que los hace difícilmente gobernables, salvo por la formula, inventada por Viriato, del caudillaje carismático, antes con Franco y ahora con Sánchez.
Parafraseando a Unamuno “Que gobiernen ellos”, que ya estamos los demás para quejarnos, pedir la baja y luchar por nuestros derechos, mientras entonamos el “lo,lo,lo lo” de la ridícula letra del himno nacional...
En la Transición, cuando el parlamentarismo se respetaba a sí mismo, antes de degenerar, recuerdo furibundas críticas al sistema electoral diseñado por señor D´Hont en el siglo XIX, que asignaba el poder de forma proporcional a los mayores cocientes una vez recontados los votos. Se decía que era escasamente democrático, porque excluía a las minorías, a los orates, a los demagogos y a la gentuza en general.
Pero el mayor pecado no era culpa del sistema ni del respetable señor D´Hont, aunque era belga, sino de la circunscripción. En la Constitución se utilizó la provincia para elegir a los padres de la patria. Craso error. Se potenciaron los nacionalismos y las lenguas vernáculas y con ello en las provincias que todos sabemos se crearon partidos disonantes del resto, cuyos resultados los convirtieron en “lobbies” que sin alcanzar el verdadero poder, fueron todos estos años moneda de cambio para influir en la mayoría, dispuesta a vender la primogenitura de unos españoles sobre otros, por las lentejas de los cuatro votos precisos para alcanzar el ansiado poder y las prebendas que lo acompañan.
Desde el primer momento fue así, el monstruo fue alimentado y a cambio cumplió su función. A veces para ver las cosas claras (la joroba, la nariz prominente), hay que caricaturizarlas. De forma obscena lo ha hecho el señor Sánchez, pero ni ha sido el primero, ni probablemente sea el último.
La Ley D´Hont, al no exigir, en nuestro caso, que la circunscripción provincial exigiese un porcentaje mínimo del censo nacional, fue creando estas condiciones de debilitación de un poder, que sólo funciona con la sana alternancia de los dos únicos sistemas que crearon Europa: el socialdemócrata y el liberal. Todo lo demás es barbarie.
Dicen que el PP fomentó la existencia de Podemos para debilitar al PSOE. Y a su vez la creación de VOX no ha hecho sino debilitar al PP. Esta es la jaula de grillos fruto de muchos años de irresponsabilidad y “lo,lo,lo”... Un billón y medio de euros de déficit público nos contempla: “Que paguen ellos”… nuestros hijos y nietos.
Creo que la bestia nacionalista debería ser recluida en sus aldeas y en sus campanarios mediante una reforma de la Ley Electoral, que permitiese al gobernante gobernar, sin prostituirse.
Tal y como están las cosas, es absolutamente imposible, porque al político maniobrero, o sea, todos, no le interesa. Pero los tiempos van cambiando: los problemas graves, desde las últimas elecciones generales, siguen sin permitir acuerdos entre las mayorías nacionales. Hemos pasado este año hablando de naderías. Y la culpa no es del señor D´Hont, aunque sea belga el pobre, sino de un concepto balcánico de lo que sea España, “concepto discutible y discutido”, como decía el solemne bobo de Zapatero, al que a ese y a sus hijas góticas, la política, ésta política, sí le solucionó la vida.
Parafraseando a Unamuno “Que gobiernen ellos”, que ya estamos los demás para quejarnos, pedir la baja y luchar por nuestros derechos, mientras entonamos el “lo,lo,lo lo” de la ridícula letra del himno nacional...
En la Transición, cuando el parlamentarismo se respetaba a sí mismo, antes de degenerar, recuerdo furibundas críticas al sistema electoral diseñado por señor D´Hont en el siglo XIX, que asignaba el poder de forma proporcional a los mayores cocientes una vez recontados los votos. Se decía que era escasamente democrático, porque excluía a las minorías, a los orates, a los demagogos y a la gentuza en general.
Pero el mayor pecado no era culpa del sistema ni del respetable señor D´Hont, aunque era belga, sino de la circunscripción. En la Constitución se utilizó la provincia para elegir a los padres de la patria. Craso error. Se potenciaron los nacionalismos y las lenguas vernáculas y con ello en las provincias que todos sabemos se crearon partidos disonantes del resto, cuyos resultados los convirtieron en “lobbies” que sin alcanzar el verdadero poder, fueron todos estos años moneda de cambio para influir en la mayoría, dispuesta a vender la primogenitura de unos españoles sobre otros, por las lentejas de los cuatro votos precisos para alcanzar el ansiado poder y las prebendas que lo acompañan.
Desde el primer momento fue así, el monstruo fue alimentado y a cambio cumplió su función. A veces para ver las cosas claras (la joroba, la nariz prominente), hay que caricaturizarlas. De forma obscena lo ha hecho el señor Sánchez, pero ni ha sido el primero, ni probablemente sea el último.
La Ley D´Hont, al no exigir, en nuestro caso, que la circunscripción provincial exigiese un porcentaje mínimo del censo nacional, fue creando estas condiciones de debilitación de un poder, que sólo funciona con la sana alternancia de los dos únicos sistemas que crearon Europa: el socialdemócrata y el liberal. Todo lo demás es barbarie.
Dicen que el PP fomentó la existencia de Podemos para debilitar al PSOE. Y a su vez la creación de VOX no ha hecho sino debilitar al PP. Esta es la jaula de grillos fruto de muchos años de irresponsabilidad y “lo,lo,lo”... Un billón y medio de euros de déficit público nos contempla: “Que paguen ellos”… nuestros hijos y nietos.
Creo que la bestia nacionalista debería ser recluida en sus aldeas y en sus campanarios mediante una reforma de la Ley Electoral, que permitiese al gobernante gobernar, sin prostituirse.
Tal y como están las cosas, es absolutamente imposible, porque al político maniobrero, o sea, todos, no le interesa. Pero los tiempos van cambiando: los problemas graves, desde las últimas elecciones generales, siguen sin permitir acuerdos entre las mayorías nacionales. Hemos pasado este año hablando de naderías. Y la culpa no es del señor D´Hont, aunque sea belga el pobre, sino de un concepto balcánico de lo que sea España, “concepto discutible y discutido”, como decía el solemne bobo de Zapatero, al que a ese y a sus hijas góticas, la política, ésta política, sí le solucionó la vida.

