La Semana Santa y la pertinaz sequía

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CLEMENTE FLORES MONTOYA

Dicen que para combatir los efectos degradantes que conlleva la vejez lo mejor es mantener vivas, en todo momento, la voluntad y la ilusión de realizar algún nuevo proyecto. Me van a caer ochenta y dos años y creo que me paso Se lo cuento.

En estos momentos siento cierto agobio porque no sé si podré cumplir, con el niño que fui, la obligación que creo tener de contarle la historia de mi pueblo y de nuestros antepasados que a él le robaron. De todos los apuntes que sobre ello he ido guardando a lo largo de mi vida me gustaría publicar este año, al menos dos libros, porque presiento que el tiempo, que ha sido benévolo conmigo se está acabando.

Hace una semana, cuando estaba dando un repaso a lo escrito, me tropecé con el relato de una sequía histórica que azotó Al Andalus entre los años 750 y 755. Según Al Sabbat “en seis de ellos llovió exclusivamente sobre unos pocos lugares y el séptimo año la sequía fue total, pues no hubo lluvia alguna”. Parece ser que alarmados por la sequía muchos bereberes volvieron a África.

No faltaron los alarmistas que, buscándole pies al gato, justificaron los hechos y escribieron que “el día 5 de abril a la hora de prima segunda a tercia (Desde la salida del sol hasta las nueve de la mañana), todos los ciudadanos de Córdoba vieron tres soles precedidos de una hoz de fuego y esmeralda y, desde su aparición, por mandato de Dios, sus ángeles desbastaron con un hambre intolerable a todos los habitantes de la patria hispana”.

Entonces me vinieron a la cabeza cientos de citas y datos recogidos, sobre lluvias y sequías, desde que hace más de cincuenta años (en 1966) acabé mis estudios de Obras Públicas en la especialidad de Obras Hidráulicas y Energéticas.

Empecé por las recientes palabras del secretario de la Naciones Unidas: “La humanidad ha abierto las puertas del Infierno”; seguí con las del Papa: “Ya no se puede dudar del origen humano del Cambio Climático”; y recordé la eterna cantinela de la pertinaz sequía que según Franco era la causa de nuestras penurias durante el autarquismo.

Una de las cosas mas graves que he visto a lo largo de mi vida es que la confusión puede sembrarse y cultivarse igual que el odio, y que los políticos no dejan pasar una oportunidad de manipular el mañana y el ayer, que es la Historia, con relatos que no tienen posibilidad de comprobarse. Sigamos el relato, lector, antes de que me llames negacionista.

El sábado 23 acabaron mis recuerdos y pensamientos sobre la sequia porque dejé todo lo que tenía entre manos para iniciar un nuevo proyecto. Se trataba de hacer el Camino de Santiago, “el camino francés”, junto a toda mi familia, compuesta de mis cinco nietas (todas entre 20 y 25 años) y sus padres. Mi esposa con COVID persistente y yo con más muelles en las arterias que un colchón, participamos y compartimos el camino con el grupo, con las limitaciones necesarias y el máximo disfrute de compartir la aventura que la ocasión brindaba.

Partimos de Sarriá y el 24, Domingo de Ramos, llegamos a Porto Marín. A partir de ahí se abrieron los cielos gallegos y no dejó de jarrear hasta el día 28 que llegamos a Santiago. Ciento treinta kilómetros en cinco etapas, por caminos de barro, bajo una intensa lluvia no son fáciles de superar si no se dispone de un espíritu de grupo cohesionado de amor, respeto y cariño. Esa fue la ofrenda que hice y agradecí, aunque no sea creyente, a Santiago.

Luego, anécdotas aparte, bajo una intensa lluvia, setecientos kilómetros de carretera y el domingo tranquilamente me enteré de que los noticieros se habían olvidado de la sequía y daban imágenes de unos cuantos embalses españoles soltando agua.

¿Qué había pasado? Lo de siempre. El verano pasado en Radio Actualidad comenté que posiblemente 2023 sería el último año de la serie de sequía que vivíamos y posiblemente sea verdad. ¿Qué debemos aprender?

La escasez de agua no debe producir ningún terror psicológico. No es cierto que todo lo que dicen y cuentan sea mentira, pero no nos debemos dejar dominar por la confusión.

Los futuros posibles se pueden elegir y la sociedad debe aprender de esta sequía, que hay que prepararse para la próxima y no dejar que nos pille el toro.

Tener los sistemas de captación y regadío que tenemos sólo se ha logrado, tras muchos años, depurando ideas y aunando voluntades. No pueden contaminarse las aguas y quien contamine debe pagar la descontaminación. No puede dejarse que avance la desertificación y para ello hay que preservar el suelo que es una riqueza que cuesta mucho crearse y se puede fácilmente perder. Hay que reforestar porque los medios de siembra y riego de árboles de que disponemos nos dan muchas oportunidades que antes no se tenían y debemos racionalizar los cultivos en consonancia con las muchas necesidades crecientes de alimentos de la población.

Los tiempos cambian y cuanto más cambian más se aleja la Administración, cada vez más grande e ineficiente, de ponerse en consonancia con las nuevas necesidades.

Respecto a la administración del agua, no puede admitirse que Sevilla, prácticamente a nivel del mar, tenga restricciones en sequías, y que algo parecido le ocurra a Cataluña que esta vertiendo al mar caudales “ecológicos” de sus pantanos que le bastan y sobran para el abastecimiento humano. (Nunca acabé de entender el hambre y la falta de carne en la India mientras las vacas pastaban libremente porque eran sagradas).

El agua no es propiedad de ninguna Comunidad Autónoma y lo dice La Constitución (art-14 “Los españoles son iguales ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”) y los españoles, todos, sin distinción de ideas, no debemos consentir que los políticos digan otra cosa).

Hay que acometer muchas reformas, una tras otra, trabajando en dirección correcta, sin trampas en el solitario y con objetivos claros y compartidos. Se necesita un proyecto de regeneración nacional porque los españoles no se merecen retroceder y tienen conocimiento y empuje para avanzar si consiguen poner a los políticos a trabajar en pos del bien común.

Los problemas de Doñana o de la escasez de agua del sudeste no tienen nada que ver con esa “hucha para todo” del cambio climático que nos quieren hacer tragar. En cuestión de medio ambiente, para solucionar un problema hay que hacer más de una cosa. Hoy sólo hablamos de la sequía y por mi parte quiero agradecer públicamente al Apóstol Santiago por liberarme, al parecer para unos años, de ese martirio de tener que soportar que me vuelvan a hablar de que soy el causante de la “pertinaz sequía” por mis muchos pecados. Con tales acusaciones, uno no puede ni morirse tranquilo.