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Fernando III el Santo, rey de Castilla y León (siglo XIII)


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ALMERÍA HOY / 15·03·2020

Cuando en el año 711 los musulmanes invadieron y dominaron la península ibérica, solo se libraron de la conquista pequeños núcleos montañosos del norte, que fueron el origen de los reinos cristianos de la Edad Media, los cuales, después de ocho siglos, recuperaron los territorios hispanos en manos de los musulmanes; es la llamada Reconquista, finalizada en 1492. En tales reinos se sucedieron numerosos reyes y condes autónomos muy ligados entre sí, no solo por compartir el suelo peninsular sino por razones de matrimonio, parentesco o puramente políticas. De hecho, el entramado político de aquellos reinos puede suponer un pequeño obstáculo para seguir las líneas sucesorias de sus reyes y condes autónomos, la contemporaneidad entre ellos, junto con la de los emires y califas peninsulares. Con el añadido de los nombres y el número ordinal que los distinguía, repetidos entre algunos soberanos de aquellos reinos.

En el contexto histórico bajomedieval en el siglo XIII la Reconquista recibió gran impulso, de modo que al final del mismo solo quedaba en poder de los musulmanes el nuevo reino de Granada. En tan notable impulso conquistador destacó el rey Fernando III el Santo, sin duda una de las grandes figuras de la historia de España, cuyo reinado ocupó buena parte del siglo XIII. Fernando III el Santo, rey de Castilla y León. Rey de Castilla a partir de 1217, y de Castilla y León a partir de 1230. Su reinado duró en ambos estados hasta su muerte en 1252. Hijo del rey Alfonso IX de León, casado en segundas nupcias con Berenguela, hija mayor del gran rey Alfonso VIII de Castilla, mujer de gran talento y virtudes excepcionales. Este matrimonio, igual que el primero de Alfonso IX, fue anulado por el papa cuando ya tenían cinco hijos. Ambos matrimonios fueron disueltos a causa de la consanguinidad entre los contrayentes, pero los hijos habidos en las dos uniones se declararon legítimos.

Ocurrió que Enrique I de Castilla, hijo y sucesor de Alfonso VIII murió de niño a causa de una pedrada jugando en Palencia con otros niños, lo que dio lugar a que su hermana Berenguela, regente del rey niño, fuera proclamada reina de Castilla (año 1217). De inmediato la reina abdicó en su hijo Fernando que estaba en León con su padre, pero no fue fácil sacar al infante de la corte leonesa. Después de múltiples dificultades y engaños don Fernando se reunió con su madre, que hizo que su hijo fuese proclamado en Valladolid rey de Castilla (2 de julio de 1217) en contra de Alfonso IX, su padre, que aspiraba al trono de Castilla en un intento de reconstruir el imperio, así que azuzado por sus hijas Aldonza y Sancha (hijas del primer matrimonio) invadió Castilla, pero ante el entusiasmo que encontró en todas partes en favor de su hijo, resignado retornó a León.

No se sabe con certeza la fecha y lugar de nacimiento de Fernando III, según se cree nació en el año 1199 o 1201 en el monasterio cisterciense de Valparaíso (desaparecido), término municipal de Peleas de Arriba (Zamora). Su madre, doña Berenguela, negoció el casamiento de su hijo con la noble alemana Beatriz de Suabia (tenía 15 años), hija del emperador alemán, tal vez huyendo de un matrimonio consanguíneo de malos resultados para la herencia dinástica, incluso acordándose de la nulidad de su matrimonio con Alfonso IX. La boda se celebró y tuvieron diez hijos. El casamiento fue muy beneficioso para la dinastía castellana. De la joven reina dijo el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, que era “optima, pulchra, sapiens et púdica”, cuyo significado es “buena, hermosa, sabia y virtuosa”. Murió con treinta años, en 1235.

Dos años después, en 1237, Fernando III, de nuevo por mediación de su madre, se casó en segundas nupcias con la francesa Juana de Dammartín o de Pointhieu (tenía 17 años), con la que tuvo cinco hijos. Falleció en 1279, veintisiete años después del monarca.

El reinado de Fernando III marca un momento brillante en la historia de la Reconquista castellana. Después de un periodo breve de hostilidades con su padre, rey de León, su espíritu caballeresco y su fervor religioso lo impulsaron a la gran empresa de la Reconquista, que los papas estimulaban y prestaban especial atención, de modo que el plan del monarca castellano era combatir sin descanso a los musulmanes. Debido a la victoria de su abuelo Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) el poderío de los almohades se había derrumbado, lo que a él le permitió la conquista de una extensa y rica zona de Andalucía, conquista que es preciso sintetizar.

Como el rey Fernando era dueño de la línea estratégica de Sierra Morena, pasó el puerto de Muradal y, siguiendo el curso del río Guadalquivir se apoderó de Andújar (1225) y Baeza (1227). Cuando le puso sitio a Jaén recibió un mensaje de su madre anunciándole la muerte de su padre, Alfonso IX (1230). En principio la sucesión dinástica en León no debía tener problemas puesto que el joven rey era el primogénito del fallecido monarca, aun siendo del segundo matrimonio. Pero tenía en contra que su padre, bien por celos a su brillante hijo o llevado del complejo leonés hacia Castilla, incluso por no haber sido él el que llevase a cabo la unión de ambos reinos, podía dar al traste con lo que era lógico puesto que no existía ley escrita al respecto, sino lo que debía ser en el concepto de todos, en contra del pretendiente Sancho, hijo de Fernando II. Pero la negociación de su madre con la primera mujer de Alfonso IX, mujeres muy inteligentes, acordaron lo conveniente para las dos hijas del primer matrimonio, Sancha y Aldonza. El pueblo leonés zanjó la cuestión aclamando al joven rey en cuanto pisó tierra leonesa. Asimismo, todos los obispos leoneses se pusieron de su parte. Así se logró la unión definitiva de Castilla y León, que marcó un nuevo destino para España. A partir de entonces Fernando disponía de un reino amplio, rico y pacífico para sacar el mayor partido posible.

Y sin parar continuó la obra de la Reconquista, tomando ciudades, una detrás de otra, hasta llegar al 29 de junio de 1236, fecha decisiva en la historia de España, día en que se tomó Córdoba, la antigua capital del emirato y del califato musulmán, devolviendo a Santiago de Compostela las campanas que Almanzor se había llevado para que sirvieran de lámparas en la gran mezquita de Córdoba. Gran entusiasmo produjo en las ciudades castellanas, que dio lugar a una corriente repobladora hacia el sur de la península. Fue entonces cuando en una ceremonia solemne oficiada por cinco obispos se consagró para el culto cristiano la más bella mezquita del mundo musulmán. Ya con la salud quebrantada a causa de la fatiga de su vida, en 1239 trasladó su residencia a Córdoba desde donde presidió la cristianización de las comarcas del valle del Guadalquivir, mientras su hijo, el futuro Alfonso X el Sabio, continuó con las conquistas y pactó con Jaime I de Aragón (su futuro suegro) el tratado de Almizra (1244), que fijaba los límites de la Reconquista entre ambos reinos: el sur para Castilla y el levante para Aragón.

Luchando contra sus achaques el rey Fernando siguió con las conquistas de otras plazas. En 1245 se entrevistó con su madre en Pozuelo (hoy Ciudad Real) a la que ya no volvería a ver más, pues murió al año siguiente. En 1246 estando el monarca frente a Jaén allí ocurrió un hecho de gran trascendencia para el devenir de la Reconquista. En el campamento real se presentó Mohamed Ben Yusuf, conocido como Alahmar el Rojo, gran figura de al – Andalus, inteligente y astuto, que viendo las victorias de los castellanos le propuso a Fernando III que a cambio de dejarle el gobierno de Granada, Málaga y Almería le ofrecía vasallaje, un tributo anual, ayuda militar contra los propios islamistas y asistir a Cortes si era llamado. El rey aceptó y Alahmar y la dinastía nazarí se asentó en el reino de Granada casi dos siglos y medio, lo que supuso que el Islam perdurara en todo ese tiempo, hasta 1492 que lo tomaron los Reyes Católicos. Poco después Jaén se rindió.

Pero la gran hazaña de su reinado, la que le da carácter a toda la baja Edad Media castellana, es la conquista de Sevilla. En las sucesivas correrías reales se iban rindiendo las ciudades de la cuenca del Guadalquivir con posiciones cercanas a la capital sevillana. Para lograr la conquista aprovechó la pericia de los hombres del norte a fin de que le armaran una gran escuadra que hiciera posible el asedio a cuyo mando puso al burgalés Ramón Bonifaz, primer almirante de Castilla. Este fue el inicio del poderío naval castellano. Bonifaz llegó con su flota a la entrada del Guadalquivir, derrotó a la flota árabe y ascendió por el río con sus naves, rompió el puente de Triana dejando aislado este arrabal de la ciudad, que capituló el 23 de noviembre de 1248, después del asedio de más de un año. Ninguna otra ciudad era tan opulenta y bella en la península como la de Sevilla, y nunca los castellanos fueron dueños de tierras tan fértiles. A la conquista de Sevilla, ciudad a la que el monarca trasladó su residencia definitiva, siguieron Medinasidonia, Arcos de la Frontera, Jerez, Sanlúcar de Barrameda y otras plazas hasta llegar a Cádiz, ampliando su reino hasta el mar por el sur. Con sus conquistas, el gran rey Fernando murió pensando que virtualmente había terminado con la gran empresa nacional de la Reconquista.

El siglo XIII supuso una gran transformación para la nobleza debido al reparto de grandes extensiones del terreno conquistado a los musulmanes en Andalucía, especialmente en el reinado de Fernando III, tal reparto de tierras le supuso a los nobles un aumento de su predominio, que seguiría creciendo en los dos siglos sucesivos, hasta el reinado de los Reyes Católicos. La mayor parte de esas grandes extensiones de terreno las dedicaron los nobles a la ganadería.

Fernando III el Santo fue el gran paladín de la incorporación de España al mundo occidental de la política y la cultura. Según se cree, de él partió la iniciativa de traducir del latín al romance (castellano) la gran obra legal de los visigodos, el denominado código Liber Iudicum, que tomó el título de Fuero Juzgo, el cual consta de unas 500 leyes distribuidas en doce libros. Esta gran obra legislativa, traducida hacia 1241, contiene las disposiciones legales que regulaban la vida de las ciudades consideradas seguras y bien organizadas, como Córdoba, Sevilla, Murcia y Jerez de la Frontera. Inició la construcción de las bellas. catedrales góticas de Toledo, Burgos y León.

Cuenta la crónica que ya bastante enfermo, el rey Fernando estaba postrado en el lecho cuando al penetrar en la estancia el obispo Raimundo Losada con la hostia consagrada, de inmediato el monarca se arrojó de rodillas para recibir el sacramento de la comunión, en tanto los clérigos de su capilla cantaban el Te Deum. Después ordenó apartar de su lado las enseñas y símbolos de la realeza. Este gran rey entregó su alma a Dios el jueves 30 de mayo de 1352. Rodeando su lecho de muerte estaba su segunda esposa, Juana de Ponthieu, y ocho de sus hijos, entre ellos el primogénito y sucesor, Alfonso X el Sabio, nacido de su primer matrimonio con Beatriz de Suabia. Murió como el rey santo y valiente que era, poseedor de grandes virtudes cristianas, que dieron lugar, tras un largo y riguroso proceso, a su canonización el 7 de febrero de 1671 por el papa Clemente X. Está enterrado en la Capilla Real de la catedral de Sevilla y su festividad se celebra el 30 de mayo.