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SOS Mojácar. El Hotel Moresco: Sensibilidad y racionalidad


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CLEMENTE FLORES

Aunque me considero una persona de sensibilidades “encontradas” hoy, para hablar del Moresco comenzaré hablando de sensibilidad. La sensibilidad es una especie de filtro guiado de la conciencia que dirige nuestra mirada, fijando nuestra atención y removiendo nuestros sentimientos mas íntimos, ante espectáculos, situaciones o hechos de nuestro entorno real o imaginado. La sensibilidad es un don o cualidad de cada persona y a su vez, si nos referimos a un colectivo, es una cualidad que forma parte del acervo cultural de cada sociedad. En lenguaje coloquial podemos decir que existen personas con mucha cultura y escasa sensibilidad y otras de sensibilidad exquisita y cultura ajustada. Sensibilidad-1. Hoy, día de Año Nuevo, he recibido un largo mensaje, desde un alejado país europeo, que comienza así: “Dn. Clemente Flores Montoya. Estoy leyendo lo que escribe en Almería Hoy de los dos hoteles de Mojácar nuestro pueblo amado. Todo lo que dice usted …”

A continuación, me cuenta como acabará, según él, la historia y para razonarlo emplea palabras como caciquismo y cojones, tan redundantes como taxativas. Hace quizás sesenta años que le vi por última vez y debo suponer que él ha vuelto alguna vez por Mojácar. Su sensibilidad es conmovedora.

Sensibilidad-2. En el año 2008, finalizando mi licenciatura de Ciencias Medioambientales en la Universidad Autónoma de Madrid cursé una asignatura dedicada a Espacios Protegidos impartida por el prestigiado catedrático D, Carlos Montes que, entre otras reconocidas labores, es director del Laboratorio de Ecosistemas que se ocupa de la interfase naturaleza-sociedad. Este profesor, que ha utilizado una roulotte para desplazarse con objeto de estudiar detalladamente espacios y territorios, y que conoce infinitos paisajes, comenzó sus clases con una primera diapositiva, escogida por él, que era una fotografía tomada desde Mojácar y enfocada hacía Garrucha recogiendo desde el Cerro del Moro Manco hasta Mojácar La Vieja, evitando cuidadosamente la visión del Hotel Moresco. Que él hubiese elegido esa foto para “abrir boca” en el tema de Espacios Protegidos no era, para mí, casual.

Sensibilidad-3. El Rio Bidasoa sirve de frontera entre Francia y España y desemboca en el mar por la Bahía del Txingudi, entre el municipio francés de Hendaya y el español de Fuenterrabía. El tramo final de la bahía es uno de los espacios que han sido totalmente moldeados por la mano del hombre, que conserva un atractivo y encanto reconocidos por los que tienen la suerte de visitarlo o de vivirlo.

En el último tramo de poco mas de un kilómetro, del rio o ría, hay dos puertos deportivos, un puerto de pescadores, un aeropuerto, (el de San Sebastián), y dos fabulosos paseos. Igualmente hay un humedal adherido a la convención RAMSAR perteneciente a la Red Natura 2000.

A ambos lados de la frontera, pese a la corta anchura del rio que las separa, hay similar interés por integrar urbanismo y paisaje, pero la sensibilidad no es la misma a ambos lados.

Cuando uno dirige su mirada hacia Francia puede contemplar como ninguna de las casas de Hendaya, visibles desde este lado, rompe la línea de horizonte del monte, cuyo perfil superior siempre está conformado por la vegetación verde característica del País Vasco. Si al visitante, por el módico precio de un euro, se le ocurre cruzar el rio en un pequeño barco, visitar Hendaya y volver la vista hacia Fuenterrabía se puede llevar una gran sorpresa. Fuenterrabía es un pueblo con unos estándares de urbanización muy altos y con un atractivo casco antiguo muy bien conservado, pero el paisaje, visto desde el lado francés, muestra la diferencia de sensibilidades y valores en cuanto al tratamiento del medio físico, que nos distancia de nuestros vecinos europeos.

¿Con cuantas sensibilidades podemos acercarnos al Moresco?

Ahora la suerte del Moresco está al parecer en manos de los juzgados que se preocuparán por seguir unos formulismos rutinarios para que alguien pague lo suficiente para poder saldar una deuda que vete a saber cual es su origen y valoración. A los juzgados les importa un bledo si el adquiriente va a explotarlo como un hotel, una granja de pollos, un lupanar o incluso que “sine die” siga envejeciendo como barco anclado porque la subasta quede desierta.

En cualquiera de los casos y por distintos motivos el Ayuntamiento tendrá que intervenir y, en consecuencia, debe estar preparado para ello. ¿Procederá torticera y veladamente buscando simplemente intereses particulares convenidos? ¿Velará buscando únicamente los intereses comunitarios? De todo hemos visto. Tampoco creo que se deba involucrar al Ayuntamiento como único propulsor de ideas y detentador de “responsabilidades”.

Buscando opiniones e ideas, creo que hay, actualmente en el entorno, un grupo de personas, que por el trabajo que realizan, no deberían quedarse al margen del problema. Son aquellos que actualmente se dedican a la gestión de la compraventa inmobiliaria. Tener ideas sobre la futura y posible explotación del inmueble es un reto para contrastar su calidad profesional y una expectativa extraordinaria de negocio personal. En la captación de inversiones y la forma de plantear los negocios se ha producido una auténtica revolución. Hemos conocido como se ha pasado desde “el buen paño en arca se vende” con el que no hace mucho tiempo se planteaban los negocios, hasta utilizar el mundo entero como expositor del muestrario. Muchos inversores, de todo el mundo, están constantemente buscando oportunidades de inversión y esperando que alguien se las proponga. No hace muchos años se anunció a bombo y platillo la visita de Soros, que es uno de estos famosos inversores.

Imagino que algunos agentes locales sacarían conclusiones sobre su renuncia y abandono. No es tarea fácil cambiar hábitos y costumbres de negocio, pero hay que entender lo que reclama y exige el inversionista, que no tiene por qué ser un estafador ni un ventajista y que la mayor parte de las veces se limita a plantear un negocio que le garantice una rentabilidad justa. El inversionista busca seguridad, no admite someterse a cacicadas, y huye de los posibles cambios en las reglas de juego y cada día huye más de tener que recurrir a sobornos y mordidas. Ahí radica la importancia de conocer cuales son las reglas impuestas por el consistorio para el desarrollo de un futuro negocio y también quizás radique ahí la explicación del obscurantismo con que se mueven las autoridades municipales en el tema.

Quizás algún día cuente el final de la historia que me ha anticipado el emigrante que me ha escrito. Mientras tanto y para dar una oportunidad de crítica a los lectores, en el próximo número me inventaré una solución para el caso.

“Se necesitan ideas y opiniones. Se necesitan todas. El futuro de Mojácar depende en parte de ellas. El futuro de un pueblo es una cosa muy seria para dejarlo en manos de cualquiera”.